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domingo, 18 de junio de 2017

World Naked Bike Ride, Guadalajara, 2017

Conocida por algunos de nosotros como “la rodada de los encuerados”, la World Naked Bike Ride es un acontecimiento ciclista que se suscita una vez al año en varias ciudades del planeta. Lo que significa que a lo largo de varias fechas se convierte en nota periodística, pues la fecha no es la misma para todas las ciudades. La de Guadalajara se realizó el 17 de junio y, cuenta algunos, no coincidió con la de la Ciudad de México del 10 de junio porque estaba programa una marcha de la diversidad en la misma fecha y con punto de partida también en la glorieta de La Minerva.


La idea de esta rodada es, como su nombre y su apodo lo indican, andar desnudos por la ciudad encima de miles de bicicletas. Algunos asumen el reto también encima de patines, patinestas o caminando y algunos de nosotros asumimos el reto sin necesariamente despojarnos de la ropa. ¿Para qué mostrarse desnudos por las calles de las ciudades? El mensaje es básico: “ahora sí me ves”, en comparación con el hecho de que cada bicicleta es poco visible entre los muchos objetos estacionarios y móviles de la ciudad. Y los ciclistas ser invisibles a los ojos de quienes circulan en vehículos de motor. La idea es llamar la atención hacia la necesidad de que los ciclistas se vean y se les tome en cuenta como parte de quienes se mueven por las ciudades.

En Guadalajara, esta rodada lleva ya varias ediciones, lo que no significa directamente que, fuera del día en que se realiza, se haga mucho caso a los ciclistas. Aunque en los últimos años, no sabemos si por efecto de la rodada o por las preocupaciones del resto del año de los ciclistas y sus grupos de activistas y sus posibilidades de gestión y convicción ante los niveles de gobierno, el hecho es que ha aumentado la cantidad de infraestructura y de atención asociados con quienes nos movemos en bicicleta por la ciudad. El recorrido sabatino ha sido distinto cada vez y por lo general se recorren avenidas por las que hay mucho tráfico durante la semana. El sábado no es un día en el que haya tanto tráfico de vehículos de motor, pero los ciclistas nos hemos hecho visibles para automovilistas y transeúntes en avenidas y en zonas aledañas a zonas peatonales.


Entre las avenidas que cabe mencionar que han formado parte del recorrido tapatío se encuentran, sin seguir orden geográfico en la enumeración, las avenidas Alcalde, Chapultepec. Américas, López Mateos, Ávila Camacho, Juárez, México, Circunvalación División del Norte, entre otras, además de algunas calles de menor flujo vehicular. En el recorrido de esta rodada en 2017 se recorrieron sitios que en meses recientes se han convertido en objeto de debates urbanos, como la avenida López Mateos (que alguna se pensó establecer como “vía rápida” sin semáforos), la zona de Mexicaltzingo (en donde la Universidad de Guadalajara y el ayuntamiento de Guadalajara han planteao destruir un jardín para excavar y construir un estacionamiento subterráneo que serviría para que los asistentes al “universitario” Teatro Diana puedan dejar sus automóviles), Chapultepec (avenida que cede la mitad de su anchura cada fin de semana para ser parte de la vía Recre-Activa metropolitana).

En esta ocasión la rodada partió de la Plaza Clemente Orozco, arrancó por la avenida López Mateos para sorpresa, frustración, diversión y miradas de los automovilistas y de los clientes y empleados de los establecimientos a lo largo de ella, y tuvo una primera parada en la Glorieta Chapalita, lugar de nutrida asistencia de familias y paseantes de la zona sur de Guadalajara los sábados y domingos. Muchos de quienes participábamos, por no decir que la mayoría, desconocíamos la ruta que seguiría y así, seguimos a los que nos antecedían muy divertidos y pedaleantes a pesar del calor que nos llegaba por el concreto y el asfalto dede abajo y de los fuertes rayos solares de una tarde de fin de primavera que no acababa de refrescar a pesar de la hora (entre las 18:00 y las 20:20 hrs).

El paso por algunas calles estrechas del centro de la ciudad generó algunos ligeros choques entre bicicletas, sin mayores consecuencias y, cerca de las nueve esquinas las ambulancias que cerraban la rodada no pudieron pasar, mientras que los ciclistas hubimos de apearnos y seguir entre banquetas, zonas de construcción, automóviles que ya no pudieron salir a tiempo y algunos peatones sorprendidos. Unos kilómetros má adelante, cuando parecía que nos encaminábamos hacia la Minerva tras unas cuantas cuadras de Chapultepec y de retomar la avenida Juárez, hubo una desviación que luego nos dejó varados entre Justo Sierra y Avenida México, en donde se realizaba un mítin político. Varios de los ciclistas expresamos nuestro desacuerdo con mezclarnos con esa otra manifestación, pues se trataba de una específicamente teñida de una propuesta partidista específica. Tras unos minutos de incertidumbre se decidió dar marcha atrás pues no era posible seguir en masa.


En Justo Sierra, una moderna Beatriz Hernánez, retomando la determinación que llevó a la cuarta fundación de Guadalajara, nos guió para girar por Avenida Américas y retomar por Avenida Juárez. “Como debieron hacer desde antes estos…” se expresó de los que encabezaban la rodada, desnuda y asertiva nuestra nueva y doblemente “Beatriz”. Llegamos a buen puerto con algo de retraso respecto a lo programado (a las 20:20 en vez de a las 20:00 hrs), cansados, divertidos, deshidratados, platicadores, entusiastas y convencidos de que algo habíamos hechos en las dos horas anteriores para mejorar el mundo.

Ya terminada la rodada, algunas automovilistas se detenían todavía en los alrededores de la Plaza Clemente Orozco para tomar fotos de los atributos de quienes andaban en bicicleta. No estoy muy seguro de que hubieran puesto mucha atención a las bicicletas ni al mensaje de la rodada, aunque alguna de ellas señaló que es importante que los ciclistas también se hagan visibles, respeten el sentido de las calles y no se suban a las banquetas pedaleando. Para evitar atropellar a los peatones y para no ser golpeados por algún carro por aparecer en una dirección en la que no se espera que circulen vehículos, aunque sean impulsados por pedales.


Habría que pensar si la tarde es el mejor momento para el recorrido, en especial en una ciudad tan calurosa en estas fechas de fin de primavera, en vez de la mañana, como se había realizado en ediciones anteriores. Por otra parte, la rodada se realizó úniamente en avenidas de la parte mejor atendida de la ciudad y no en algunos de los lugares en los que es evidente que la gente anda en bciicleta pero existen escasa infraestructura y señalamientos para hacer visibles y seguros los tránsitos de los ciclistas. En una ciudad en la que es tan peligroso y riesgoso transitar a pie, convendría también ligar el uso de la bicicleta como transporte no motorizado con otras propuestas para mejorar las condiciones para caminar, usar triciclos, sillas de ruedas y proteger a personas que son vulnerables ante el tráfico. Como son niños, ancianos y personas con capacidades diferentes.



sábado, 20 de mayo de 2017

Esa linda y humosa tradición


Como muchas otras ideas, la de salir de la casa para ir al aire libre metiéndose en un armatoste de metal más reducido que la casa, es una ide que a los tapatíos nos llegó del norte. Ya desde los años treinta en Estados Unidos, siguiendo la iniciativa del nacional socialismo de construir Autobähne, la gente se volcó entusiasmada a sus cubículos de metal, tela, vidrio y hule. Con la intención de salir de sus casas y de sus ciudades para ir a respirar aire limpio del campo o de la playa.



            Pero primero, dicta la humosa tradición, hay que ir en largas, estresantes, acaloradas y malhumoradas filas. Se trata de ver las placas del automóvil de enfrente durante varios kilómetros que se recorrerán en un tiempo más prolongado que si se recorrieran a pie o en bicicleta. Y los miembros de la familia van ahí, amontonados en su propio mundo en el que los cónyuges acaban discutiendo acerca de los problemas domésticos (es decir, de los de adentro de sus casas), los hermanos sobre sus diferencias y rivalidades por los afectos o regaños de los padres, las generaciones mayores sobre cómo ha cambiado el mundo para empeorar cada día más. Hay quien enciende la radio, aditamiento que se añadió a los automóviles para hacer más llevaderos los viajes y también para irritar los gustos musicales de los que viajan en el vehículo e incluso de otros vehículos aledaños.
            Hay algunos vehículos que cuentan con vidrios entintados y con aire acondicionado. Estos mecanismos sirven para que el viaje hacia el aire libre no implique el contacto con el aire y los ruidos y muchas de las luces de afuera y para que la salida del hogar se convierta en experiencia de inhalar aire frío en una ciudad que se calienta cada vez más por los millones de motores encendidos que expelen gases y aumentan la temperatura en su entorno. Los que viajan en los vehículos equipados de tal manera contribuyen a calentar aun más las calles, avenidas, boulevares y carreteras por las que transitan, para que quienes no tienen vehículos con vidrios entintados ni aire acondicionado vayan aun más acalaorados y arrepentidos. No de haber salido a esos embotellamientos y largas filas de vehículos, sino de no haber seguido los consejos de sus amigos de tener un trabajo que les pagara más para tener carros mde salirs el mismo. Tanto los locales como los visitantes alcanzan un momento en que ansiosos por acabar de llegar o por acabar ás recientes, más espaciosos y más caros.





La tradición dicta que las familias se ajusten a la máxima que tanto repetía mi padre: “nos levantamos temprano, desayunamos y después de comer nos vamos”. Y así se logra el efecto esperado y que se ha convertido en parte central de la tradición: una alta proporción de los carro-viajantes se concentra en las calles a la misma hora pues han salido después de hacer preparativos similares la mañana misma de su viaje. Algunos salen incluso en el automóvil a terminar de prepararse para el viaje. Y hacen paradas en mercados de distintas dimensiones y especialidades para sumarse a los que entran y salen de los estacionamientos y complicar el paso de los demás automóviles cuyos ocupantes lo que ya quieren es acabar de salir de sus zona habitual para adentrarse en la zona de su aventura y destino del día.
Dicta la tradición que muchos de quienes la practican salgan de su ciudad y sus embotellamientos para ir a meterse en otra ciudad con sus propios embotellamientos. En muchos casos, lo que cambia es el color de las placas del automóvil que se tiene enfrente o atrás. Pero la manufactura de los vehículos, los gases que emiten, su ritmo de circulación y el humor de sus ocupantes es más o menos el mismo. Tanto los locales como los visitantes alcanzan un momento en que, ansiosos por acabar de llegar o por acabar de salir, son poco amables con los habitantes de la localidad que visitan o con los que los visitan de alguna otra ciudad.





La tradición incluye huir, escapar de los insoportables embotellamientos de lunes a viernes. Produciendo otros de sábado y domingo. Que se piensan más soportables gracias a que el destino no es el trabajo ni la escuela. Y porque ya ahí, podrán sentarse largas horas sin tener un caparazón de metal y vidrio alrededor. Aunque sí, habitualmente, a los mismos parientes amargosos, hostigosos, querendones, sonrientes, simpaticones, tragones o sangrones con los que suelen encontrarse en sus habituales ciudades. E incluso con algunos que viajaron con ellos en el mismo vehículo.
Según la humosa tradición, lo que hay que hacer es huir de la rutina y subirse en el mismo vehículo que se utiliza el resto de la semana para construir la rutina del viaje laboral o escolar. Ahora se usa el mismo medio, con la sana intención de que cambie el fin, pues el destino es uno de alegría y felicidad, de comida más relajada que lo habitual o más obligada que los rituales de alimentación en los días de estudio o de trabajo.
Después de un rato de luchar por avanzar unos cuantos puestos y vanagloriarse de haber escogido el carril que avanza más veloz, hay algunos que comienzan a contemplar a los vehículos de los vecinos y a burlarse de ellos por tener más abolladuras que el propio, o a envidar a los que los pasan o van enfrente por traer mejores logotipos, colores o modelos de vehículo. La tradición permite comparar largamente el vehículo en el que se viaja con los de los vecinos. Algunos más ajados que otros, algunos más añejos. Los hay más o menos humosos o más o menos achacosos. Con mujeres hermosas o con guapos galanes que se complementan con personas difíciles de contemplar o de tratar.

Esta tradición, que nos llegó del norte, se practica con frecuencia y ya no sólo se limita a los fines de semana, sino que hay normas locales y nacionales que permiten que esa actividad inactiva de avanzar unos cuantos centímetros y luego frenar, echando humo todo el tiempo, se ejerza en vacaciones, lunes festivos, viernes de quincena y viernes de cada semana. Dicta la tradición que todo mundo esté ansioso por salir de sus casas en las madrugadas y mañanas y que en las tardes y en las noches todo mundo esté ansioso por recorrer el camino inverso para regresar, cansados de descansar, a descansar anticipando el cansancio del día de mañana. En el que habrá de volver a la rutina de andar en coche para ir a la escuela y a trabajar.

jueves, 18 de febrero de 2016

¿Quién puede gestionar un espacio para ciclistas?

En días recientes se ha desatado en Guadalajara un debate en torno a una propuesta de convertir un edificio privado en un parque público. En ese edificio, ubicado en las avenidas México y Chapultepec, han estado principalmente tiendas departamentales: un sus orígenes una de capital tapatío y posteriormente empresas de capitales transnacionales. La discusión se ha centrado entre quienes proponen, primero, expropiar el edificio, luego derrumbarlo y acabar por poner ahí un parque público, frente a quienes señalan el alto costo que conllevaría ese proyecto. Mientras que los primeros  proponen un parque en ese espacio, otros señalan que hay terrenos, edificios o bodegas en la cercanía de la Avenida Chapultepec y del barrio de Santa Tere cuya adquisición tendría un costo menor.
Bajo el argumento de que existen escasas áreas verdes en la zona se promovió la recolección de firmas en las redes sociales virtuales para apoyar el primero de los proyectos. En su comentario editorial, Diego Petersen (El Informador: “Gobernar para las redes”, 18 de febrero de 2016) señala que si el gobernador actual se guiara por las propuestas de las redes sociales, como parece al responder a la provocación de las redes sociales virtuales, estaría siguiendo ocurrencias de las redes, algo peor que simplemente gobernar por ocurrencias como su antecesor.
Por su parte, Iván González, en el mismo diario y fecha (“En dónde hace falta el arte”, suplemento círculo informativo) señala que la propuesta de parque tiene una alternativa que consiste en generar un teatro. La oferta cultural en Guadalajara es todavía más escasa en otras zonas de la ciudad, afirma.
En todo caso, ambas propuestas contemplan la posibilidad de derrumbar el edificio para dejar el terreno libre, ya sea para áreas verdes o para construir un nuevo edificio. De las propuestas anteriores, aunque no necesariamente en ese mismo espacio, se desprende la posibilidad de que tanto las autoridades como los habitantes de este pueblito tapatío y así como los empresarios, promuevan la creación de espacios que apoyen modos de movilidad no motorizada o, al menos en combinación con transporte público en vez de la enorme dependencia del automóvil que se muestra en la zona metropolitana de Guadalajara. Aunque desconozco las condiciones estructurales y la expectativa de vida activa del edificio de marras, los usos previos que tuvo esa construcción y su actual estructura permiten pensar en la posibilidad de que se utilizara como un espacio de confluencia de personas que dejan su automóvil en la parte del sótano, con aquellas que llegan en autobús o a pie, para acceder a bicicletas, ya sean públicas vinculadas con el actual sistema de préstamo (“Mibici”) o particulares. Hay algunas personas que han señalado que el costo de adquirir y derrumbar este edificio, colindante con la avenida Chapultepec, de alto costo, sería mucho mayor que la adquisición de otros espacios en la zona de Santa Tere que podrían transformarse en terrenos con vocación de parques y espacios públicos y culturales.
Como se ha visto en otros contextos urbanos, en especial en Europa y Estados Unidos, las estaciones de bicicleta cercanas a las estaciones de tren o de autobuses, conectadas con estacionamientos de automóviles o cerca de zonas de tránsito intenso de peatones, pueden servir de espacios de transición entre distintas zonas de la ciudad con distintas vocaciones para el servicio de modalidades distintas de movilidad. Así, cerca del centro de algunas ciudades existen estaciones para bicicleta que ofrecen, además de espacios para estacionar y almacenar bicicletas (por horas, días o incluso semanas o meses), servicios de mantenimiento y reparación, regaderas, renta o venta de bicicletas y accesorios.
La pregunta que se plantea a partir de la propuesta de un parque en la zona es la de ¿quién debe promover este tipo de espacios de confluencia a los que puedan acudir los ciclistas o los peatones? ¿De qué manera podrían promoverse espacios que sean a la vez estaciones de transporte colectivo y estaciones de transición a otros modos de moverse en la ciudad, ya sea por zonas peatonales, ciclovías o hacia estacionamientos de quienes viajan desde y hacia los suburbios en transporte colectivo pero a quienes acaba estorbando los autos particulares en el centro de la ciudad?
Siguiendo la idea de la propuesta de aprovechar ese espacio, podría pensarse en que ése U OTRO edificio contuviera estaciones de transición y servicios para diversos usuarios de las calles de la ciudad. Transitar a bicicletas, estacionar automóviles, cambiar a transporte colectivo o seguir el viaje a pie sería factible en una zona como aquella en la que se ubica el edificio cuya desocupaciómn dio lugar a la propuesta: una zona habitacional por una parte, pero de esparcimiento y de oficinas por la otra; cerca del centro de la ciudad y a la vez vecina de avenidas de grandes flujos de automóviles (Vallarta, Américas, La Paz, Unión, México, Niños Héroes) y de paso de transporte colectivo, además de zona de las estaciones de bicicletas públicas.
La inquietud que queda es si sería posible que los gobiernos locales o del estado promovieran ese tipo de espacios de transición dado que ya gastan tantos recursos en apoyar el tráfico de automóviles particulares y comienzan a darse cuenta (o, al menos, a utilizar como medio de promoción política) de la importancia de las aceras y de las alternativas que ofrece el caminar y pedalear en la ciudad como complementos de una incipiente red de transporte colectivo. Las consecuencias deseadas de este tipo de espacios son principalmente la promoción de formas de traslado no contaminantes, la mejoría en la calidad de los espacios para los peatones, la reducción de la contaminación auditiva y del aire, además de la reducción de la dependencia respecto a los automóviles particulares. Una consecuencia perversa, empero, sería la posibilidad de que el espacio atrajera más automóviles cuyos ocupantes quisieran luego aprovechar el acceso a otros medios o a espacios ciclistas o peatonales. Lo que no sería deseable ni para los vecinos, ni para las autoridades locales y estatales, ni para los visitantes ni los empresarios, consistiría en el abandono de ese espacio hasta que éste se convirtiera en un edificio con basura y foco de infección, pues en vez de mejorar la plusvalía de los barrios con los que colinda, acabaría por deteriorar, dada su extensión de cerca de 10,000 metros cuadrados, una buena cantidad de metros lineales sobre las calles de Reforma y México, además de las zonas habitacionales y comerciales de cuadras a la redonda.

Si no son los gobiernos, ¿cabría la posibilidad de que los empresarios de la comida, la ropa, las antigüedades, las bicicletas, los artículos deportivos, los arquitecto, los restauranteros, fueran conscientes de las posibilidades de atender y hasta atraer clientes y ganancias a quienes se transportan en bicicleta y a pie? ¿O deberán auto-gestionar este tipo de espacios y de servicios los propios ciclistas y peatones, desde las organizaciones que en años recientes han comenzado a clamar por una mejor calidad de vida, formas no motorizadas de movilidad, mayor seguridad en las calles y en las unidades de transporte colectivo? ¿A quién quedará la tarea de promover este tipo de soluciones o de plantear este tipo de necesidades?   

jueves, 27 de agosto de 2015

Por qué la linea TRES del tren ligero tapatío no reducirá los embotellamientos en la zona metropolitana de Guadalajara. Una predicción y sus argumentos.







Por qué la linea TRES del tren ligero tapatío no reducirá los embotellamientos en la zona metropolitana de Guadalajara. Una predicción y sus argumentos.

Los habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara han sufrido, desde mediados del 2014, las obras de la línea tres del tren ligero. Estas obras servirán para aumentar la cobertura de transporte colectivo en una ciudad que se tardó al menos dos décadas (según lo admiten los mismos promotores de la obra) en generar una medida que probablemente tome en cuenta las demandas de la época actual. Habría que ver si también cubrirá las demandas de la época en que al fin se culminen las obras. La promesa es que estas obras estarán terminadas en 2018. Aunque ya sabemos que, como dicen los que lo han vivido, “en palabras de constructor no has de creer”, pues siempre hay que multiplicar por tres la cantidad de tiempo que te prometen que necesitarán para acabar de construir y la cantidad de dinero que te dicen que te costará. Así, los costos estimados de la nueva línea han crecido desde que se anunció, hasta que se comenzó, a lo largo del proceso y seguramente serán al menos tres veces más caras del precio original. Así, se anunció que comenzaría la construcción en 2011 y que ésta se terminaría en 2012. En realidad comenzó en agosto de 2014 y se promete que funcionará en 2018. Lo único bueno de estos anuncios es que quizá los tapatíos estrenen vagones de tren modelo 2022, si efectivamente estos se compran cuando esté terminado el trazo, y no antes. Pero el riesgo es que estrenemos vagones viejos, por la prisa de comprar y almacenar y dejar que se oxiden mientras acaban de hacerse los tuneles y los pasos elevados, además de las estaciones y demás reparaciones que serán necesarias para que al fin arranque el tren que irá por la nueva línea. Aun cuando el actual presidente de la república venga a Guadalajara a inaugurar, es probable que su comitiva no pueda realizar el viaje por toda la ruta.
La ruta se planteaba originalmente de 16.5 kilómetros y en estos meses de 2015 prometen ya que serán 22 kilómetros. Los costos, cuando se prometía que la obra estaría lista en diciembre de 2016, eran de poco más de 17mil 500 millones de pesos (http://www.informador.com.mx/jalisco/2013/495665/6/la-linea-3-del-tren-ligero-estara-terminada-en-diciembre-de-2016.htm). Habrá que ver cómo van las cifras para cuando se entregue la obra. Por lo pronto, algunos funcionarios del gobierno del estado de Jalisco han señalado que la cotización del peso frente al dólar podría afectar el precio final de compra de lo vagones. Yo añadiría que esa misma cotiozación podría afectar la compra de maquianria, equipo y materiales, pues en buena parte estos provienen del extranjero.

La predicción de porqué esta nueva línea no servirá para reducir los embotellamientos en la metrópoli tapatía se basa en una serie de consideraciones de orden psicológico, de infraestructura, cultural y social. Pocas veces en la vida he querido con más enjundia que fallen mis predicciones. Sin embargo, cuando comparamos la actual coyuntura de esta línea del tren ligero con situaciones y obras  anteriores, no me queda más que recurrir al principio de que “la historia pasada es el mejor predictor”. Por una parte, quienes recuerdan la inauguración del Macrobús, que recorre la Calzada Independencia, evocarán la imagen de Felipe Calderón Hinojosa, quien fungía entonces como presidente, y la anécdota de que en el recorrido inaugural el macrobús chocó en su nueva ruta. El llamado “matabús” se dio a conocer muy pronto por ser protagonista de múltiples choques y atropellamientos. Y aclaro que no echo la culpa de ellos al matabús ni a sus operarios, sino que parecería que los habitantes de esta ciudad no podían evitar seguir sus “querencias” y seguir utilizando carriles que se volvieron exclusivos para circular, a paso tapatío, en camionetas, bicicletas, triciclos, a pie o en automóviles. El ejemplo de los embotellamientos por la Calzada Independencia nos ayuda a entender que no por haber generado un nuevo transporte “eficiente”, la gente de las calles aledañas iba a dejar de utilizar la zona para caminar o para trasladarse en sus vehículos. Un problema con el macrobús es que no sólo no conecta con otros medios de transporte que pudieran darle continuidad, sino que no utiliza un sistema de prepago que sea compatible, por ejemplo, con las rutas de autobuses, ni con las líneas 1 y 2 del tren ligero. Si has de cambiar de vehículo, del macrobús a cualquier otro, el costo es adicional.
La línea tres del tren ligero no reducirá los embotellamientos simplemente porque transitará por una zona en la que estos eran escasos. Las avenidas Ávila Camacho y Alcalde, que llevan desde el centro de Zapopan hasta el centro de Guadalajara (y de regreso) y la avenida Revolución, que va del centro de Guadalajara al de Tlaquepaque (y viceversa), sufren de congestionamientos en las horas pico, por ser las rutas por las que pasan muchas de las empresas de autobuses, por las marchas de protesta o de apoyo y por no haber alternativas de comunicación ni con transporte colectivo ni con transporte particular.
Así, con las actuales obras del tren ligero, todas las rutas de autobuses que pasaban por las mencionadas avenidas se han alterado o pronto se modificarán, con lo que la población ha tenido que aprender a utilizar medios alternativos de traslado. Muchos han optado por caminar en vez de abordar un autobús, otros han dejado su ruta habitual, algunos ha optado por la bicicleta o por usar taxi en vez de su automóvil. Y eso ha generado más embotellamientos que los existentes antes de comenzar las obras de la línea 3 del tren ligero. En especial, sl surgimiento del servicio de taxis apoyado en aplicaciones como las de UBER ha generado más conflictos, más marchas y más exigencia de trabajo digno y a la vez de precios para la movilidad que sean más accesibles para los usuarios.
La línea 3 del tren ligero no reducirá los embotellamientos en la metrópoli, después de haberlos empeorado en el centro de la ciudad, ni siquiera cuando los embotellamientos “iatrogénicos” hayan cesado, pues las obras de la línea han generado que muchos de los establecimientos a los que los posibles usuarios del tren podrían emprender el camino, hayan dejado de existir. Ya en 2015 son miles los comercios afectados y para cuando se terminen las obras, éstas habrán generado tal estampida de empresarios y de clientes que el panorama de zona comercial que fue el centro de Guadalajara, será ya muy distinto y más escaso.
Los esfuerzos que hizo la administración municipal presidida por Alfonso Petersen por “redensificar” el centro de la ciudad, complicados por el proyecto de realizar, “de pasada y de una vez” la villa panamericana en 2011, derivaron no sólo en el derrumbe de casas (por las empresas dedicadas a ello o gracias al abandono, como se ejemplifica en la reciente caída de una fachada en la calle Baeza Alzaga)., sino también en la reducción de la densidad poblacional. La gente hubo de vender sus casas, que fueron demolidas y que se convirtieron en terrenos baldíos en los que nadie tiene asuntos qué atender. El proyecto de Ciudad Digital (que a algunos nos parece que es en realidad una gran metida de pata por querer meter las manotas para sacar ganancias rápidas) está estancado a pesar de que se anuncian fondos para financiar un pryecto que más parece barril sin fondo. Por lo que los usuarios de la línea 3 del tren ligero, en caso de que se terminara hoy mismo, no tendrían razón para ir a la zona. Habría que ver si para el 2018 ya se pusieron de acuerdo funcionarios, caciques y habitantes para que en esa zona desértica y carente de servicios y con muy escasa vida social de los peatones y clientes potenciales, se genere un avivamiento de la vida social, cultural, diurna y nocturna.
Una de las razones por las que los embotellamientos de la metrópoli no se reducirán es porque lo que ha pasado, tras décadas de carecer de transporte colectivo, es que los habitantes de la ciudad han optado por irse a vivir a los suburbios gracias a la construcción de grandes avenidas que fueron rápidas como seis meses hasta saturarse: las avenidas López Mateos, Mariano Otero, Vallarta, Patria. Y lo que han hecho los constructores es ofrecer más espacio para la venta de automóviles sobre esas avenidas, más estacionamientos en las zonas aledañas, muchos de ellos gratuitos (fuera de algún eventual franelero o centro comercial que cobran una bicoca por el estacionamiento relativamente seguro de nuestras carcachas o de los flamantes autos de quienes hacen obra pública y se embolsan dineros para sus bolsillos privados). Además, los constructores y fraccionadores han ofrecido viviendas con cochera como un atractivo más de trasladarse a los suburbios. Al fin que los terrenos son más baratos y el chiste será que los nuevos residentes tendrán, gracias a los préstamos hipotecarios aprobados y hasta pre-aprobados, para cambiarse de casa, de auto, y de hora de levantarse para alcanzar a llegar a sus ahora más lejanos trabajos y escuelas.


Las obras de la línea tres del tren ligero han logrado deprimir lo suficiente el centro de la ciudad y buena parte del trayecto entre Zapopan y Guadalajara, como para que muchos de sus habitantes opten por salir de la zona. Ello generará que bajen los precios de las rentas y ventas de departamentos, casas, terrenos y locales comerciales. Un proceso similar se dará en la parte de la ruta que va hacia Tlaquepaque. Pero eso no hará que se reduzcan los embotellamientos, pues la gente seguirá trasladándose en automóvil particular para llegar a su destinos habituales o a los nuevos destinos que las obras y sus desvro ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽tear para llegar a su destinos habituales o a los nuevos destinos que las obras les han tra Guadalajar, como para que íos les han traído en suerte. Pero, además se seguirán generando embotellamientos porque las avenidas en las que se concentran actualmente se descongestionarán relativamente para (siendo optimostas y poniendo cara de crédulos) el 2018, lo que representará un nuevo auge para los vendedores de automóviles que diariamente generan estratagemas mercadotécnicos para convencernos de que nos conviene utilizar autos particulares en vez de transporte colectivo. Y los choferes de los autobuses y de los taxis, hacen su contribución con su trato amable y cordial para que la gente decida mejor ir solo que mal acompañados o mal guiados, mejor solos que zarandeados o en rutas cuyas unidades tardan mucho en llegar a las estaciones en donde se las espera y mucho para que sus pasajeros lleguen a sus destinos.

En pocas palabras, los embotellamientos en la metrópoi tapatía seguirán en apogeo mientras sigan las obras del tren ligero, a falta de certiodumbre en el transporte colectivo en las zonas de las obras. Y seguirán después porque se reabrirán las avenidas que en la actualidad no permiten la circulación de vehículos y eso dejará aparentes espacios para una circulación más fluida de los vehículos de motor. Para luego volver a saturarse porque muchos usuarios potenciales del tren ligero tendrn que otros les señalen sus destinos, odel copiloto. Y son pcos losonfropias obras del ttren, sepercibirue sus pasajeros lleguenán temor de bajarse en zonas que, una vez deprimidas por las propias obras del tren, se percibirán como hostiles, temibles y oscuras; así que pocos querrán usar el tren y bajar o subir en estaciones de cuyos entornos desconfían. Para recurrir al uso de automóviles particulares.
Lo malo de que se usen automóviles particulares es que cada quien quiere manejar, o al menos conducir desde el asiento del copiloto. Y son pocos los choferes que aceptarán que otros les señalen sus destinos, o desviarse para dejar a algún compañero de escuela o de trabajo. No tenemos noticia de que hayan funcinado los esquemas de comprtir automóvil entre vecinos o compañeros de trabajo y estudi, en parte porque son pocos los que están dispuestos a compartir los costos, las rutas, los compromisos. ¿Conoces a alguien que pague su parte proporcional en el desgaste del vehículo completa, y que no pague de menos ni de más? ¿Conoces a alguien que llegue a un punto acordado de encuentro a la hora acordada? En parte, muchos habitantes de esta metrópoli son impuntuales porque se transportan en unidades poco confiables, como los autobuses, así que su colegas que tienen automóvil difícilmente se comprometerán a esperarlos para ir al trabajo, aunque quizá sí lo harían a la salida y de regreso a sus domicilios particulares.
Es sintomático que casi todos estaríamos dispuestos a que los demás utilizaran el transporte público para que no dejen las avenidas libres para circular con nuestros vehículos (http://www.theonion.com/article/report-98-percent-of-us-commuters-favor-public-tra-1434) , como señaló una publicación satírica estadounidense, pero son pocos los que estarían dispuestos a cambiar sus hábitos de traslado. Digamos para usar transporte colectivo, o caminar o pedalear en una bicicleta, en vez de usar el muy costoso vehículo particular o familiar.
En buena parte, los embotellamientos se seguirán suscitando gracias a que nos dan miedo nuestros propios barrios o los barrios en los que se sitúan algunas otras de nuestras actividades. No caminamos por las banquetas porque están chuecas, oscuras o invadidas por vendedores relativamente fijos aunque les llamemos ambulantes. Los puestos de tacos, de tamales, de bisutería y de películas pirata surten a los usuarios de los transportes colectivos y a buena parte de los oficinistas de las zonas en las que se ubican. Son estorbosos y a la vez hay quienes se quejan y los patrocinan. Estorban para estacionar el auto pero unos segundos después los automovilistas se convierten en clientes, al igual que lo hacen de los estacionamientos sobre las aceras.
Habrá más embotellamientos porque en los negocios hay estacionamiento para los clientes, así que muchos que podrían ir caminando desde sus casa o trabajos, que se ubican en el mismo barrio, deciden llegar “de pasada” pues cuentan con que habrá espacio para sus vehículos. Y eso genera una larga filla de automóviles mientras el cliente-vecino se estaciona o sale del estacionamiento del negocio local. Y habrá embotellamientos porque en esta metrópoli hay constantes inundaciones debido a la gran cantidad de pavimento que estorba la absorción del agua de lluvia, a las coladeras de un colector enorme y que se tapan gracias a la basura que arrojan los usuarios de vehiculos de motor, de transporte colectivo, los peatones y todos los demás. Mientras bajan los niveles de agua, los automovilistas reducen la velocidad para no arruinar sus motores y detener aun más el ya insufrible tráfico.
Habrá que recordar, además, que las líneas 1 y 2 del tren ligero estuvieron sub-utilizadas una buena cantidad de años, en parte porque las obras que llevaron a su conclusión dividieron muchos barrios (como la colonia del Fresno y buena parte del centro de Guadalajara cuando las calles Moro-Escobedo y las construcciones intermedias se convirtieron primero en escombro, luego en un tunel y luego en la avenida Federalismo, que se continuó en Colón (el antiguo Camino Real de Colima). Y la gente tuvo que abandonar muchas de sus costumbres barriales, como la de caminar para cruzar la avenida Colón, para usar sus vehículos de motor para pasar al otro lado de la vía del tren.
Ya que nos hemos desacostumbrado a caminar, ni siquiera a la tienda, a la iglesia, a la escuela, nos hemos tornado desconfiados de quien camina o anda en bicicleta. Nos da por cree que caminar es peligroso para quien practica esa actividad y que quien practica esa actividad ha de ser un potencial asaltante, violador o al menos algún desclasado de la metrópoli. Así que los automovilistas seguirán desplazándose en sus vehículos, los que luego renovarán, permitiendo que otros manejen los vehículos viejos; los usuarios del transporte colectivo seguirán siendo los muchos que no tienen otra alternativa que levantarse tempranísimo o llegar tarde y seguirán siendo pocos los que puedan darse “el lujo” de caminar o pedalear a sus anchas y con adecuados márgenes de tiempo para llegar a una ciudad presionada por la pérdida de tiempo y el estrés de llegar relativamente puntuales.
Elevado o deprimido, lo cierto es que el tren ligero se ha vuelto una carga pesada para el flujo vehicular; pero tampoco logrará la solución de la movilidad urbana cuando las condiciones bajo las que se planeó se hayan modificado…en buena parte gracias a la alteración que han generado las obras de esta nueva línea.
Faltaría que estas obras dieran lugar y oportunidad a obras complementarias como plazas, áreas comerciales, parques, en los que no pudieran entrar los automóviles, para que las estaciones de la nueva línea resulten atractivas y no meros lugares de abordaje y descenso de pasajeros con pocas posibilidades de convertirse en habitantes.