jueves, 8 de noviembre de 2012

¿Y ahora dónde diablos dejo esta cosa? Los congestionamientos navideños y el problema de estacionamiento en la metrópoli tapatía



¿Y ahora dónde diablos dejo esta cosa?
Peor de lo que fueron en el 2011, serán en 2012 las largas filas de automóviles de todas las edades y tamaños en avenidas como Alcalde, Juárez, Mariano Otero, López Mateos, Periférico, Laureles, Lázaro Cárdenas, Federalismo. Si ya en años y épocas anteriores a las compras navideñas del 2012 has tenido la sensación de que no tienes en dónde dejar tu vehículo y quisieras salir lo más pronto posible de un embotellamiento, para luego darte cuenta de que sales de una aglomeración para entrar en otra, este año la cosa pinta aun peor.
En Jalisco, el número de vehículos se ha multiplicado casi por ocho siete en las últimas tres décadas. Mientras que en 1980 el número de vehículos alcanzaba casi los 350,000 para el 2011 la cifra era muy cercana a los tres millones (2’864,594). Cabe resaltar que en ese mismo periodo el número de camiones de pasajeros aumentó apenas de 4,500 a 13,767, mientras que los vehículos particulares aumentaron de ser poco más de 200,000 a 1’680,336. En 1980 la población del estado era de 4.4 millones, mientras que en 2010 llegó a los 7.3 millones. Hace tres décadas existía un vehículo de motor por cada 12 personas; en 2011 había aproximadamente un automóvil por cada 2.5 habitantes (en otras cifras: por cada cinco personas hay dos vehículos de motor). En aquel año había un camión de pasajeros por cada mil habitantes (un camión por cada 977 habitantes, para ser más exactos), lo que equivalía a un camión por cada 44.4 vehículos particulares, para el año 2011 había un camión de pasajeros por cada 534 habitantes y 208 vehículos particulares por cada camión.
En otras palabras y cifras, esta apuesta que hemos hecho los jaliscienses por la autonomía y libertad ha significado que sacrifiquemos no sólo la eficiencia que ofrecería tener un mejor transporte público sino también la calidad del aire y del uso de nuestro tiempo, pues cada camión que ha entrado a la circulación en esas tres décadas han entrado a las calles cinco vehículos particulares. Buena parte de los jaliscienses, en especial en la Zona Metropolitana de Guadalajara y en lugares y momentos álgidos, desperdicia su vida en los embotellamientos de esta ciudad. Los embotellamientos de la metrópoli jalisciense se derivan de un exceso de automóviles y de un exceso relativo en el uso de estos mismos, pues muchos de los automovilistas los utilizan para viajes de pocos minutos en distancias cortas en vez de caminar o utilizar el transporte público. La contradictoria queja de que el transporte público es ineficiente y caro y de que el automóvil particular puede ser la solución para evitar los embotellamientos en realidad acaba por complicar la circulación de las unidades del transporte público, haciéndolas ineficientes y también por generar más embotellamientos de autos particulares que más que darnos libertad nos constriñen a sus confines mientras no podamos escapar de los embotellamientos.
Y ya que sales con tu carrito, en medio de esta enorme cantidad de vehículos de motor, ¿qué tan rápido es posible que te muevas? ¿Cuántas veces debes esperar a que cambie el mismo semáforo para que al fin puedas pasar determinado crucero? Y ya que estás cerca de tu destino, ¿qué tan fácil es estacionar el vehículo en el que te transportas? ¿Con cuántas personas viajas?
Según Donald Shoup (The High Cost of Free Parking, 2011), la decisión de que cada vehículo sea ocupado únicamente por el chofer está relacionada con el hecho de que existan varios lugares de estacionamiento distribuidos en la misma ciudad para un solo vehículo y que además se pueda estacionar ese vehículo sin que le cueste al automovilista. Según demuestra Shoup, el costo de ese estacionamiento “gratuito” lo pagamos todos los habitantes de la ciudad al tener calles más congestionadas, al tener vehículos que van ocupados apenas en un 20% de su capacidad y en costos indirectos como el precio del terreno que se ocupa en calles y estacionamientos y en contaminación, tensiones y accidentes.
A partir de las premisas expuestas hasta aquí, propongo algunas medidas para que en esta época decembrina te sea menos pesado el transitar por la ciudad. Además del evidente consejo de no utilizar el automóvil si la distancia entre tus puntos de origen y destino se puede cubrir a pie o en transporte público, añado algunos matices.

Si eres automovilista.-
  1. No creas que eres el dueño de la calle en la que estacionas tu vehículo diariamente frente a tu casa. ¿Qué pasaría si los demás habitantes de la ciudad tampoco te dejan transitar por su calle ni estacionar en el pedazo de calle que queda frente a su casa, asumiendo que no tapes sus cocheras?
  2. Considera que en estas épocas de compras son muchos otros los que saldrán a llevar el dinero de sus aguinaldos a las tiendas departamentales para salir con algún regalo para sus parientes, amigos y compañeros de trabajo. Así que trata de no desesperar por la gran cantidad de automóviles y evita las confrontaciones e incluso evita los horarios de mayor concentración de vehículos en las calles y plazas comerciales;
  3. Ve a comprar acompañado de tus parientes o amigos, en el mismo vehículo. En vez de que vayas sola o solo y ocupes un lugar en el estacionamiento para un vehículo ocupado por una sola persona, evita que tus amigos llenen el estacionamiento antes de que tú llegues y organízate con ellos para hacer juntos el viaje a las tiendas. Además, si hay que pagar el estacionamiento además de la gasolina, será un gasto compartido en vez de que el desembolso sólo recaiga sobre ti;
  4. Además de aprovechar los horarios en que hay pocos vehículos, realiza tus viajes a centros comerciales relativamente cercanos, en vez de atravesar la ciudad sólo para ir a una plaza cuyo estacionamiento estará repleto y además por calles cada vez más atestadas.

Si eres usuario del transporte público.-
  1. Recuerda que también los autobuses participan en los embotellamientos y que también habrá demoras y el interior de los camiones de pasajeros estará más atestado que de costumbre;
  2. Planea tus viajes y considera que muchos de los trayectos tomarán más tiempo del habitual pues habrá más vehículos particulares que estorben el paso del camión en el que viajas;
  3. En vez de cargar regalos, averigua si existe un servicio de entrega a domicilio y si no lo hay, procura que los regalos no sean ni demasiado llamativos ni bromosos. Si vas a regalar una computadora o una televisión o algún otro aparato SEGURAMENTE el vendedor puede garantizar la entrega a domicilio en vez de que arriesgues que tus compras se conviertan en regalos para los hogares de ladrones o asaltantes;

Si eres usuario de Internet.-
  1. En vez de pensar en un “promedio” de gasto a tus familiares, deposita en sus cuentas bancarias el monto exacto de lo que quieres regalarles, para que ellos lo administren o para que a su vez tengan dinero para regalar a sus parientes y amigos;
  2. Recuerda que después de las comilonas y tomilonas de diciembre y la navidad viene la cruda cuesta de enero y hay que pagar más impuestos de lo habitual después de haber recibido el aguinaldo. No gastes todo el aguinaldo por Internet antes de saldar tus deudas y anticipar los gastos de enero.

En la zona metropolitana de Guadalajara el diagnóstico es bastante claro: demasiados autos, demasiados choferes solos, pocos vehículos compartidos, muchos viajes superfluos, vehículos demasiado grandes, autobuses demasiado apresurados, aceras demasiado irregulares u obscuras. Todo esto, aunado al afán de hacer compras navideñas, genera que haya más probabilidades de embotellamientos de lo habitual en nuestras calles e incluso dentro de los estacionamientos de las plazas, que estarán atestados.
El tratamiento a corto plazo: está visto que ni a corto ni a largo plazo la solución pueda estar en ampliar las avenidas o prohibir el estacionamiento en ellas. Lo que conviene hacer es asegurarse de que se cobren tarifas más altas para el estacionamiento en las calles y en los estacionamientos, al menos durante la época de compras, para evitar que los espacios se estacionamiento se llenen con los vehículos de la gente que sólo va a pasear a los centros comerciales y tiene poco interés en comprar. Quienes realmente vayan a comprar podrán ir durante horarios más cortos y encontrar lugares desocupados gracias a que (siguiendo el razonamiento de Donald Shoup) el aumento en las tarifas reducirá la demanda del estacionamiento. Los centros comerciales y las calles aledañas a ellos (en especial las avenidas Vallarta, López Mateos, Rafael Sanzio) deberán establecer tarifas de acuerdo a la demanda de estacionamiento (en general, elevarlas, para que acudan menos automóviles, ocupados con más pasajeros), a la vez que establecer programas, de parte de las autoridades estatales y municipales, que promuevan que lleguen varios ocupantes por vehículo y evitar la llegada de choferes solos a los estacionamientos.
Convendrá combinar estas medidas con la promoción de la llegada a plazas comerciales y cívicas en bicicleta, transporte público, en taxis y a pie. En esta época, el cerrar calles para el tránsito peatonal y de ciclistas asegura que los automovilistas se estacionen una sola vez por cada recorrido, en vez de ir de un punto a otro de la ciudad en sus vehículos para realizar compras. Habrá que combinar el uso racional del vehículo, de las calles y de los estacionamientos y plazas, con la posibilidad de hacer regalos vía Internet.
El pronóstico en esta zona metropolitana: fatal. A menos que hagamos cambios radicales en nuestras formas de pensar, de gastar nuestro tiempo y dinero y de transportarnos. Sólo si cambiamos la lógica de distribución del espacio urbano podremos evitar no sólo los congestionamientos navideños, sino los congestionamientos en las horas de entrada y salida de las escuelas y trabajos.
Estos embotellamientos plantean nuevamente la necesidad de rediseñar nuestros espacios públicos y nuestras calles para hacerlos más apacibles los unos y más eficientes las otras. ¿Hacia dónde cambiar la lógica del uso y diseño de los espacios públicos? La respuesta esquemática es:
  • Más espacios para peatones y ciclistas;
  • Estacionamientos más caros para desincentivar viajes de choferes solos o estancias largas que saturen los espacios de estacionamiento;
  • Transporte público más eficiente, con rutas que constituyan un sistema, más que un entrecruzamiento sin correspondencias en rutas ni en horarios;
  • Traspasar a los automovilistas los costos del transporte privado en vez de aumentar las tarifas del transporte público, aumentando los costos de los traslados y los estacionamientos de vehículos particulares. Los recursos recabados deberán utilizarse en las zonas de la ciudad en donde se recaben, aumentando las áreas verdes, la limpieza y calidad de las aceras y de las plazas de las zonas de tránsito y estacionamiento;
  • Desincentivar la compra de vehículos de motor haciendo más accesibles los lugares de trabajo. Las instituciones y empresas pueden contratar servicios de transporte en vez de arriesgar los retrasos en las llegadas de sus empleados y aumentar el peligro de accidentes viales de sus empleados y clientes;
  • Generar rutas seguras de acceso a las escuelas y estaciones de transporte público para los peatones, con especial vigilancia en las horas de entrada y salida de los planteles.
LRMQ

martes, 2 de octubre de 2012

Renuncian los principales funcionarios del CUCSH-U. de Guadalajara



Renuncian los principales funcionarios del CUCSH-U. de Guadalajara
Luis Rodolfo Morán Quiroz
Departamento de sociología
CUCSH-U. de G.
2 de octubre de 2012

Sin dar mayores explicaciones, dos funcionarios de alta jerarquía en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades han renunciado. Se trata del Maestro Pablo Arredondo Ramírez y del Doctor José María Nava Preciado. La renuncia es ya irrevocable. A menos de dos meses de uno de los principales acontecimientos para la Universidad de Guadalajara, la Feria Internacional del LIBRO (FIL) y a poco más de un semestre de que se termine su gestión, en mayo de 2013, ambos funcionarios han claudicado en sus funciones y, tras varios meses de haber tomado esa decisión, no hay visos de que vuelvan a ejercerlas.
Tanto el Maestro Arredondo, nombrado rector del CUCSH en 2010, como el Doctor Nava, secretario académico del mismo centro, han desistido de cumplir con las funciones que les encomienda la normatividad universitaria. Las evidencias de esa claudicación son conocidas desde hace meses de parte de muchos de los miembros del Centro Universitario, aunque las razones siguen siendo inexplicadas y, de hecho, sin antecedentes en la historia de ese centro disciplinar.
La principal renuncia de los dos funcionarios mencionados se centra en la renuncia al liderazgo en uno de los más importantes centros con que cuenta la Universidad de Guadalajara. Desde hace varios meses han renunciado al diálogo con los trabajadores, tanto académicos como administrativos, a pesar de las constantes solicitudes de estos trabajadores para que hagan explícitos los proyectos de desaparición de algunas de las dependencias de ese centro. Ni siquiera las solicitudes de mediación, con funcionarios de la administración central, entre ellos el Doctor Marco Antonio Cortés Guardado, rector general sustituto (en sustitución de Carlos Briseño) y el Licenciado José Alfredo Peña Ramos, secretario general de la Universidad de Guadalajara, sirvieron para convencerlos de hacer explícito y por escrito, el supuesto plan de “reestructuración” del centro universitario, ni para exponerlo ante los miembros del primer departamento en desaparecer (de Estudios de la Cultura Regional). A quienes solicitaron información o propusimos algunas líneas para hacer explícito el plan se les tildó de “grillos”.
La renuncia a ese liderazgo conlleva el abandono del diálogo con una buena parte de los trabajadores académicos y administrativos, aquellos a los que han descalificado de entrada, sin haberse entrevistado directamente con ellos. La claudicación parece basarse en que esos funcionarios temen que se les critique o se les hagan señalamientos.
Uno de los asuntos pendientes que han prolongado durante más de quince meses es el de la revista Estudios Sociales, fundada desde los años ochenta por el Doctor Manuel Rodríguez Lapuente (que da el nombre a la principal biblioteca del CUCSH y sobre cuyo edificio se erigen las oficinas de esos funcionarios). La revista se fundó como órgano de la primer dependencia de investigación en las disciplinas sociales, el Instituto de Estudios Sociales (IES), y se vio interrumpida con el deceso del Dr. Lapuente, hace casi una década. La revista volvió a editarse a partir de 2007, y se constituyó un Consejo de Redacción y un Comité Editorial con académicos de talla local, nacional e intencional. Desde junio de 2011, al salir el Maestro Salvador Acosta Romero de la jefatura del departamento de estudios de la cultura regional, los dos funcionarios y la Doctora Dulce María Zúñiga, jefa de la división de estudios de la cultura, postergaron el nombramiento de un nuevo jefe del departamento y, de paso, la edición de la revista, a pesar de contar esta revista con material para se publicado hasta el año de 2013.
La directora de la división y el secretario académico se comprometieron a resolver el asunto de la revista para el 29 de febrero. Se recordará que este año de 2012 es un año bisiesto y esa fecha sólo se repetirá hasta el 2016. En repetidas ocasiones, tanto el consejo de redacción como el director de la revista han urgido a la directora de la división de estudios de la cultura, al secretario académico y al propio rector a que aclaren la situación de la revista y aceleren las gestiones para la publicación de ésta, pero los tres han renunciado a sus atribuciones. No se nombró jefe nunca más y se gestionó la desaparición del departamento de estudios de la cultura regional. En el dictamen, aprobado en 2012 por el Consejo General Universitario, se hacía explícito que la revista debería continuar.
Los dos funcionarios han declinado a sus atribuciones y han dejado que material de la revista que se entregó desde agosto de 2011 se empolve en los estantes de la secretaría académica. Han renunciado al privilegio y deber de apoyar la revista y no han ido más allá de señalar que “se publicará” en forma electrónica. El segundo número del 2011 no ha aparecido todavía en octubre de 2012, a pesar del compromiso tácito de presentar cinco números en la próxima Feria Internacional del Libro, correspondientes a los años 2011, 2012 y 2013. Hay que aclarar que se han comprometido tácitamente pues han renunciado a responder por escrito y no han afirmado cosa alguna respecto a esas presentaciones, ya programadas para fines de noviembre de 2012.
Mientras tanto, algunos de los autores, especialistas en diversos temas de las distintas disciplinas de las ciencias sociales y de distintas instituciones nacionales e internacionales, han optado por retirar sus materiales y parte de ellos han accedido a conservar la unidad de las secciones temáticas planteadas para la revista, trasladándose, en bloque, a otras revistas de instituciones académicas privadas y públicas. Los miembros del consejo de redacción y el director de la revista hemos insistido desde junio de 2011 en la urgencia del caso por las implicaciones que ello tiene para la acreditación ante instancias internacionales y nacionales (en especial ante el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONACYT). Hay algunos analistas que han señalado que Pablo Arredondo renunció a apoyar a la revista Estudios Sociales por el simple hecho de ser anterior a la revista que él contribuyó a fundar (Comunicación y Sociedad), que acaba de celebrar sus XXV aniversario. La motivación de la envidia que le atribuyen esos analistas al rector que ha renunciado a dialogar, a impulsar la publicación de trabajos originales y de talla internacional, parece cobrar visos de veracidad ante la negativa a responder a las solicitudes que diversos autores y diversos funcionarios han hecho al rector de informar las razones por las que se ha negado a que aparezca Estudios Sociales.
Los dos funcionarios mencionados han renunciado además a dialogar y a establecer un liderazgo académico en el CUCSH por su negativa a prestar auditorios (supuestamente en un largo proceso de remodelación), así como espacios para la discusión y el debate dentro del CUCSH.
Adicionalmente, con la inauguración de la nueva sede del CUCSH, han renunciado a la posibilidad de convocar y encabezar un proyecto de movilidad que permita a los muchos estudiantes, académicos y administrativos, acceder a ese nuevo espacio en la zona de “Los Belenes” (municipio de Zapopan). No se ha dado información, en el viejo CUCSH, de cómo llegar al nuevo CUCSH, ni las alternativas para el acceso a ese nuevo campus. Los planes de traslado de las dependencias se modificaron sin previo aviso, pues, ante la renuncia de estos funcionarios a difundir información y a dialogar y establecer acuerdos, comenzaron a trasladarse dependencias que no estaban contempladas o se trasladaron sólo parcialmente, o se postergó el traslado de las ya programadas.
La renuncia a generar diálogos, consultas, acuerdos y promover la investigación, la docencia y el intercambio de ideas, de parte de estos dos funcionarios, es evidente a todas luces. Desafortunadamente, aunque han dimitido a varias de sus funciones, no por ello han dejado de percibir los ingresos asociados a sus cargos. Tampoco han optado por hacerlos proporcionales a la cantidad de las obligaciones que cumplen (es decir, si reducen sus tareas, convendría que se redujeran los sueldos).
“¿Qué no han destruido en este centro universitario?”, me planteaba retóricamente un profesor del viejo campus, quien señala que hay una conciencia de que algunos funcionarios dirigen este centro a la ruina; conciencia que sigue vigente en quienes seguimos trabajando en las disciplinas de las ciencias sociales y no hemos claudicado en nuestras funciones como docentes, críticos, proponentes. Hay quien afirma que la renuncia de estos dos funcionarios a sus funciones se ha hecho a pesar de la oposición de los deseos de los individuos y grupos de poder  dentro de la universidad.
El caso es que, aunque estos funcionarios hayan renunciado a hacer del CUCSH un centro de excelencia académica, muchos de los profesores, estudiantes y trabajadores administrativos seguimos impulsando iniciativas y estimulando los liderazgos para establecer proyectos académicos, de movilidad, de gobierno, de diálogo, en las dos sedes del CUCSH. Tanto dentro de colectivos de reciente creación como desde los grupos académicos y sindicales, así como desde los distintos programas y dependencias dedicadas al trabajo especializado. Y seguiremos trabajando en ello aunque algunos de los funcionarios se mantengan en una actitud que podría sintetizarse en “no hagan olas”, en vez de incentivar la participación, la creatividad y la difusión del conocimiento científicamente generado en torno a nuestras sociedades.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Nuevo espacio: oportunidad para nuevas perspectivas, nuevas culturas.



Nuevo espacio: oportunidad para nuevas perspectivas, nuevas culturas. El Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.

Los científicos sociales de la región centro-occidente de México estamos de plácemes. La Universidad de Guadalajara ya no sólo tiene un campus, dedicado a las ciencias sociales, sino dos. El primero de ellos es el que se ubica en la zona que los tapatíos y zapopanos denominamos “Glorieta La Normal”. El segundo, aledaño al CUCEA (Centro Universitario de Ciencias Económico-Administrativas). Aunque hace ya varios años que se puso la primera piedra de ese segundo campus, en días recientes al fin comenzó el proceso del traslado al nuevo espacio.
Sabemos que las acciones de las siguientes semanas y meses no serán muy radicales, además del traslado de algunas de las coordinaciones, oficinas y trabajadores. Sospechamos que el proceso durará todavía algunos años y es probable que el campus actual siga funcionando como un espacio especializado en la formación de nuevos abogados. El CUCSH es la instancia de la Universidad de Guadalajara que se encuentra menos concentrada: hay varios edificios que dependen del rector de este centro que no se encuentran en el mismo campus. Entre ellos, el de Juan Manuel 130 (que alberga estudios de género y la coordinación editorial y en donde se encontraban los ya desaparecidos “Estudios del Hombre”, “Estudios de la Cultura Regional”, “Estudios cinematográficos”); el de Liceo 210 (en donde se alberga un posgrado en ciencias sociales y “Estudios Sociourbanos”); las casas dedicadas a “Estudios de la Educación”, sobre la Avenida Hidalgo; La “casa Julio Cortázar”, en la calle Lerdo de Tejada; la casa en la que se hospeda “Estudios de lenguas indígenas” y la casa dedicada a “Estudios de la Comunicación Social”, además de las distintas sedes de diferentes terminales de la maestría en Derecho.
El nuevo espacio en Los Belenes (Zapopan), quizá bastaría apenas para dar cobijo a todos esos departamentos, centros, coordinaciones y oficinas que están adscritas al CUCSH pero que no se ubican en el Campus actual. Aunque es poco probable que se genere un proceso de concentración, al menos en los próximos años, lo cierto es que buena parte de las actividades de los estudiosos de las ciencias sociales se trasladarán al nuevo campus. Y con esas actividades, evidentemente tendremos que trasladarnos quienes las realizamos: trabajadores administrativos, académicos y estudiantes.
Para quienes nos preocupamos por los asuntos de la movilidad urbana y la calidad de vida en los espacios universitarios surgen al menos estas preguntas:
1.      ¿Existen rutas y medios adecuados para que los estudiantes, profesores y trabajadores accedan al nuevo campus del CUCSH?;
2.      ¿Habrá espacio suficiente para desarrollar ahí nuestro trabajo académico?
3.      ¿Habrá espacio de estacionamiento para las bicicletas, motocicletas, triciclos, sillas de ruedas, carros, camionetas y autobuses de quienes deberemos trasladarnos a ese espacio?
4.      ¿Qué planes hay para reducir la llamada “huella de carbono” de quienes estudiarán y trabajarán ahí?
5.      ¿Contaremos con cubículos, aulas, auditorios, comedores, jardines, pasillos, pistas para trotar, espacios para desarrollar actividades deportivas y de esparcimiento que eviten dobles o triples traslados cotidianos a ese lugar de trabajo?

Probablemente los lectores, en especial quienes estudiarán o trabajarán en ese campus, tengan más preguntas, más inquietudes, e incluso propuestas para resolver estas interrogantes. Sabemos, basados en nuestra experiencia de los dos años anteriores, que muchas de ellas no serán atendidas por las actuales autoridades del propio CUCSH y que a varias se les tratará de disipar diciendo que “no hay dinero para eso”. Las autoridades de la administración central (es decir, el rector general y su equipo) probablemente recurran nuevamente al argumento de que no quieren intervenir en las decisiones del rector de determinado centro. A esto habrá que añadir que tanto los funcionarios del CUCSH como los de la administración central están enfocando sus esfuerzos en las acciones que podrán ejercer en las últimas semanas en el cargo. Además, la FIL, enorme acontecimiento cultural en nuestra ciudad y en donde la Universidad tiene invertidos muchos de sus esfuerzos y dineros, está a la vuelta de la esquina, del 24 de noviembre al 2 de diciembre. Para el inicio de la feria quedan once semanas. Y para el fin del periodo del rector general (sustituto, por cierto) quedan poco más de treinta semanas.
¿Se puede esperar alguna reacción de esas autoridades en esas pocas semanas a las propuestas que se deriven de las posibles respuestas a las preguntas planteadas arriba? Mi apuesta es que no se puede esperar ya mucho de las autoridades del CUCSH ni de la administración central. Simplemente, como Felipe Calderón y su equipo, ellos “ya se van”, aunque algunos de ellos quieran continuar en el cargo. Son los menos los que, además de querer continuar, podrán continuar en sus actuales cargos. El caso es que las intrigas cortesanas para cubrir la rectoría general, las rectorías de centro y los cargos menores se añadirán a las actividades no sustantivas de los universitarios en las próximas semanas. Estaremos enferiados, luego estaremos de vacaciones, luego preocupados por quiénes serán nuestro nuevos jefes y algunos preocupados por convertirse en jefes.
Lo que sí podemos hacer, argumento aquí, es comenzar a elaborar, desde abajo nuestras propuestas, discutirlas y afinarlas. Muchos universitarios (profesores, administrativos, estudiantes) sabemos ya algunas de las características que deseamos y las que no deseamos en los nuevos rectores de los centros. Entre las primeras destaca la necesidad de que quienes ocupen los cargos a partir de mayo de 2013 sean capaces de rendir cuentas, de hacer explícitos sus planes, de consultar con aquellos a los que deben atender; entre las segundas, tenemos claro que no queremos imposiciones por compadrazgo, ni planes secretos y arbitrarios, ni falta de consideración de los “usuarios” en general de los centros universitarios.
Podemos comenzar por afinar propuestas como:
1.      Estacionamientos y espacios adecuados en el centro universitario para quienes se trasladan en bicicleta a la universidad y al trabajo;
2.      Políticas claras, explícitas y adecuadamente discutidas y difundidas en cuanto a la actividad editorial en el CUCSH y en la Universidad de Guadalajara;
3.      Políticas claras en torno a la flexibilidad curricular y a las opciones de movilidad académica y el intercambio asociado;
4.      Adelgazamiento de la estructura de las divisiones del CUCSH (en donde hay directores de división y secretarios de las divisiones que nos cuestan mucho y cuyas acciones se notan poco);
5.      Fortalecimiento de las actividades de docencia, difusión, vinculación.

Cabe mencionar, considerando el punto 5 de la enumeración inmediatamente anterior, que el argumento de que “no hay dinero” para determinadas actividades se puede responder con el recurso al servicio social de los estudiantes de la Universidad de Guadalajara para, por ejemplo, el diseño de ciclopuertos, estacionamientos, estaciones para el transporte colectivos universitario, para las investigaciones de campo y para el diseño de propuestas de intervención en el nuevo espacio y su entorno zapopano, así como para la recolección y análisis de la información que se derive de las propuestas de los diversos participantes en la vida del nuevo campus.
Mi posición personal, en la que han coincidido varios colectivos de profesores y de estudiantes, es que podemos comenzar a realizar la propuestas que, a más tardar en mayo de 2013, plantearemos ante el Consejo General Universitario para que éste seleccione a personas capaces de impulsar, mejorar, promover esas propuestas desde quienes constituimos la parte medular de la vida universitaria: los estudiantes, los maestros y los trabajadores académicos, en contraste con aquellos funcionarios que creen que pueden decidir sin informar a la comunidad universitaria. Propongo, por el momento, un correo electrónico al que pueden hacer llegar sus preguntas, propuestas, señalamientos, críticas, comentarios. En un primer momento recibirán una respuesta automática en cuanto a algunos de los asuntos por resolver en el CUCSH. En los siguientes mensajes continuaremos afinando las propuestas y organizando las acciones a emprender. El domicilio al que puedes enviar tus mensajes es: revista.estudiossociales@gmail.com


Luis Rodolfo Morán Quiroz
Departamento de sociología, CUCSH, Universidad de Guadalajara

viernes, 13 de julio de 2012

Estado actual de la revista ESTUDIOS SOCIALES (13 de julio de 2012)


Mtro. Pablo Arredondo Ramírez
“Rector” del CUCSH
Universidad de Guadalajara
P R E S E N T E

Guadalajara, Jalisco, 13 de julio de 2012
ASUNTO: revista Estudios Sociales 2011 y 2012

Con fecha 14 de diciembre de 2011 le envié a usted una propuesta de fechas para la aparición de los números 8 al 12 de la revista Estudios Sociales. Su aceptación tácita de esa propuesta de fechas no se ha correspondido con las acciones pertinentes y las fechas señaladas no se han cumplido a cabalidad. Además del número 8 (que apareció meses después de la fecha señalada), no han aparecido los siguientes números, correspondientes a los años 2011 y 2012. Reitero aquí las fechas propuestas en aquella ocasión:
·        Viernes 13 de enero de 2012 (entrega del número 8; primer semestre del 2011; ya está diagramado y listo para su impresión y para ser subido a internet);
·        Viernes 9 de marzo (entrega del número 9; segundo semestre del 2011; se entregó hace varias semanas a la secretaría académica del CUCSH);
·        Viernes 14 de junio (entrega del número 10; primer semestre del 2012; enviaremos el material a edición, diagramación e impresión en cuanto recibamos los ejemplares impresos de los números 8 y 9);
·        Viernes 17 de agosto (entrega del número 11; segundo semestre del 2012; enviaremos el material a edición, diagramación e impresión en cuanto recibamos los ejemplares impresos del número 10);
·        Viernes 19 de octubre (entrega del número 12; primer semestre del 2013; enviaremos el material a edición, diagramación e impresión en cuanto recibamos los ejemplares impresos del número 11).
El material correspondiente al número 9 de la revista se entregó en la secretaría académica del centro en el que usted funge como “rector” desde agosto de 2011. Como podrá usted notar en caso de leer con atención, la NUEVA fecha en que debió estar publicado ese número ya es historia pasada, al igual que la fecha en que debió publicarse el número 10. Cabe señalar una vez más, que los números 8 y 9 debieron aparecer en 2011 y que los números 10 y 11 ya deberían estar listos para estas fechas del 2012. Nuestra intención ha sido, le reitero, presentar la revista al inicio de los semestres correspondientes, para lo cual hemos realizado esfuerzos durante años en coordinación con los autores y dictaminadores que colaboran con la revista. Desafortunadamente, le señalo que TIENE USTED UN MARCADO RETRASO en sus gestiones, lo que me confirma el Dr. José María Nava al señalar que “de arriba” no le autorizan los fondos para la diagramación de la revista, y ello a pesar de que él mismo se comprometió en febrero de 2012, ante mí y varios miembros del consejo de redacción, a que ésta aparecería sin interrupciones a partir de esa reunión.
Reiteradamente le he hecho notar a usted como “rector” y al Dr. José María Nava como secretario académico del centro universitario, la importancia de que podamos dar una respuesta a los autores y a los coordinadores de las secciones temáticas. Le he pedido que proponga alguna respuesta que incluya fechas de aparición de esta revista creada a principios de los años ochenta por el Dr. Manuel Rodríguez Lapuente, director a la sazón del Instituto de Estudios Sociales (IES) de la Universidad de Guadalajara. La revista, me permito informarle, fue de las primeras en aparecer sobre estas disciplinas en la mencionada casa de estudios, aunque es probable que usted no lo supiera antes o haya optado por fingir ignorarlo, al igual que hizo por ignorar y descalificar el trabajo realizado por los académicos del IES, cuyo nombre cambió en los años noventa a Departamento de Estudios de la Cultura Regional. Los autores no han recibido respuesta de parte las autoridades de nuestro centro universitario y le he señalado por escrito en varias ocasiones que, de no publicarse a tiempo esos materiales, estaríamos arriesgando la posibilidad de entrar en el padrón de CONACYT. Esa información, y el hecho de que yo le informara que algunos autores habían decidido retirar sus trabajos, no sirvieron para que usted aceptara entrevistarse conmigo ni para fijar alternativas ni siquiera de parte del secretario académico, quien declara que depende de la autoridad del rector del centro para esa decisión. Ante esto, sugerimos a los autores encaminar parte del material a otras revistas fuera de la Universidad de Guadalajara. Han aparecido dos números de revistas universitarias alimentados por material que originalmente se envió a Estudios Sociales de la Universidad de Guadalajara, al igual que un libro, debido a que usted se ha negado, con su hermetismo, a apoyar a la mencionada revista, a pesar de mis solicitudes o de las realizadas por los miembros del consejo de redacción desde 2011.
En consecuencia, muchos de los textos que debieron aparecer en los números correspondientes al 2011 y 2012 se han publicado fuera de la Universidad de Guadalajara. Ello refleja, a mi entender, la falta de respeto que usted ha mostrado para el trabajo académico de los autores dentro y fuera de la universidad de Guadalajara, además de su desconocimiento de lo que son las funciones sustantivas de la universidad.

Uno de los mensajes de un coordinador de sección temática señala (y cito):
Estimados Colegas, por respeto a los autores que han participado con sus trabajos, necesitamos dar una explicación. Y decirles si estos trabajos van a ser publicados o no. Me he visto en la necesidad de dar constancias de que he recibido sus trabajos para publicación. No sólo en México sino con otros colegas de Argentina, Brasil, Venezuela, a quienes hay que hablarles con la verdad. Espero su apoyo. Es urgente, ya que me reclaman constantemente.

Le he hecho llegar ése y similares mensajes a usted y al secretario académico, informándoles que más de un centenar de autores se encontraban en esa situación en el año de 2011. El número de autores cuyo material está pendiente se ha reducido porque han retirado sus textos para enviarlos a otras revistas fuera de la U. de G; mientras tanto, ni usted ni el secretario académico han señalado salida ni alternativa alguna, además de retrasar la aparición de la revista.
Cabe señalar que la revista se ha visto afectada por su decisión (que ha sido calificada de “obcecación” y “obsesión” de parte de otros funcionarios de la universidad) de desaparecer el ya mencionado departamento de estudios de la cultura regional (DECUR).
Su decisión, que no se basa en diagnóstico de acceso público alguno, sino en lo que aparenta ser un mero capricho personal, se ha reflejado en el dictamen número CE/CN/101/2011, de fecha 8 de diciembre de 2011, turnado a las Comisiones Permanentes Conjuntas de Educación, de Hacienda y de Normatividad, tras un año de insistir en la urgencia de que aparezca la revista Estudios Sociales. En él, se argumenta sin tomar en cuenta lo que los expertos en estadística llaman “la clase de referencia”. Como usted no tiene idea de lo que connota la expresión, le explico brevemente en qué consiste. Para hablar de un caso, es necesario contextualizarlo en el conjunto de los casos similares. De tal modo, al decir que los académicos de determinado departamento no tienen horas de docencia, habría sido sensato contextualizar cuál es el conjunto en el que se inserta el “caso” de ese departamento: ¿cuál es la cantidad y la proporción de académicos que cubren  horas de docencia en todo el centro universitario? ¿Cuáles son esas cifras para cada departamento? ¿Cómo se dan las proporciones para toda la Universidad de Guadalajara y para otras universidades en el país? Es una evidente falacia fundamentar una decisión de esa magnitud, que desaparece de un plumazo a la primer dependencia dedicada a la investigación en la U. de G como fue el IES y recientemente denominado DECUR. Desconocer mañosamente la clase de referencia (profesores con docencia para cada departamento), se corresponde con su negativa a presentar el diagnóstico y el supuesto plan de reestructuración del centro universitario, a pesar de las solicitudes que le hemos presentado a usted directamente y en “transparencia” de la U. de G.
De hecho, la supuesta información respecto a las horas de docencia que cubrían los profesores del DECUR es bastante sospechosa cuando se toma en cuenta que usted  no dispone de una fuente confiable de información, como se deja ver en el hecho de que recientemente se nos haya llamado a varios profesores del departamento de sociología (al que estoy adscrito desde el 16 de abril de 2012) para señalarnos que “no cumplimos” con nuestra carga horaria según la información con la que cuenta la administración de personal y escolar del centro que usted “dirige”. De hecho, ese “incumplimiento” se debe a un notable subregistro (en mi caso, del 75%) de la cantidad de asignaturas y horas que atendemos los profesores de ese departamento. Si en el resto de los departamentos del Centro Universitario de Ciencias Sociales e la Universidad de Guadalajara existe esa misma tasa de subregistro, no es de extrañar que no se haya dado a conocer en el dictamen de desaparición del DECUR, pues no sólo no conoce las cifras reales, sino que las utiliza para amedrentar a los profesores señalándonos que no cubrimos con nuestras cargas horarias de docencia cuando en realidad sí lo hacemos.
Incluido en ese dictamen de desaparición del DECUR hay una cláusula que podrá no ser tan famosa como la tesis que lleva el mismo número escrita por el renano Carlos Marx a propósito de la filosofía de Ludwig Feuerbach, pero para usted en concreto implica una obligación más perentoria. La cláusula “11” de ese dictamen señala “Que la revista Estudios Sociales que atiende el Departamento, también puede seguir su cauce y desarrollo sin que sea necesaria la adscripción al DECUR”. De tal modo, esa frase de un dictamen sometido por usted y su equipo al Consejo General Universitario, reitera la obligación que tiene usted de apoyar la aparición de la revista.
Le repito, por enésima vez, que el material del número 9 de la revista ha estado en sus oficinas desde hace casi un año, y usted ni ha apoyado su publicación, como debería, ni ha ofrecido fechas alternativas. Ello ha significado que una de las más antiguas publicaciones (que ya no es periódica) de la Universidad de Guadalajara perdiera la posibilidad de entrar al registro de CONACYT y a otros índices de revistas, además de que ha contribuido a que la misma universidad pierda prestigio en los ámbitos local, regional y nacional y además en el ámbito académico internacional por el hermetismo de las supuestas “autoridades” de cuando menos uno de los centros universitarios.
El dictamen mencionado arriba tiene paralelos en otros casos dentro del CUCSH. ¿Qué ha pasado, por ejemplo, con la supuesta creación de una “cineteca” como pretexto para la súbita desaparición del Centro de Investigaciones y Estudios Cinematográficos que se ubicaba en el mismo edificio que el DECUR (Juan Manuel 130, Guadalajara-Centro)? ¿Debemos tomarlo como uno más de los ejemplos de su argumentación falaz para “legitimar” sus decisiones arbitrarias ante el Consejo General Universitario y quienes trabajan o estudian en la Universidad de Guadalajara? ¿Qué ha pasado con mis solicitudes de información respecto a qué otros departamentos y dependencias del CUCSH seguirían vigentes tras la aplicación del supuesto plan de reestructuración para que los académicos del DECUR pudiéramos decidir/proponer a qué departamentos podríamos cambiar nuestra adscripción?
Cuando se menciona el supuesto respeto a los derechos de los trabajadores en el dictamen de desaparición del DECUR parece que se olvida que en ningún momento se nos dio a conocer a quienes trabajábamos en ese departamento, el “diagnóstico” que llevaría a ese tratamiento fatal. En el contexto de la “reestructuración” del centro universitario, para la que no existe plan escrito, usted mismo ha informado que se han perdido (al menos) 52 plazas de académicos y 37 de personal administrativo. Algunas de ellas se han “perdido” porque algunos de los trabajadores han optado por jubilarse, tanto de los que trabajaban en el DECUR como en otras dependencias, algunos de ellos porque en la oficina de personal del CUCSH les han informado que no tienen cabida en otras funciones. Y el hecho de que no se hayan recuperado es muestra adicional de que usted no ha tenido la capacidad de gestionar que se cubra, con nuevo personal capacitado y adecuado, con las funciones que dejaran quienes cubrían esas plazas.
A lo largo de este año en que usted se ha negado a apoyar a la revista Estudios Sociales por su intención de desaparecer el departamento en que estaba adscrita, se ha negado a informar acerca de diagnósticos y planes para todo el CUCSH, y se ha negado también a entrevistarse conmigo como director de la revista, con los miembros del consejo de redacción y con varios de los académicos y administrativos del DECUR y otros departamentos. Incluso se sabe que ha prometido el establecimiento de dependencias alternativas, para luego incumplir con su palabra, lo que le ha valido que se le califique con algunos mexicanismos que hacen referencia, los menos, al trabajo culinario, y los más, a algunos personajes míticos cuyos nombres suelen aplicarse a quienes no cumplen con su palabra. A lo largo de este año, algunos funcionarios me han expresado su temor, en caso de cumplir ellos con su trabajo como marca la normatividad, a perder el empleo a raíz de alguna iracunda decisión de parte de usted en el sentido de retirarlos del cargo.
De seguir incumpliendo con sus funciones como marca la normatividad, convendría que usted renunciara al cargo de rector de este centro universitario y lo dejara a alguien con deseos de servir, con capacidad y conocimiento y que no se dedique a reprimir, menospreciar e ignorar a los trabajadores administrativos y académicos a los que, por normatividad, está obligado a apoyar. A su falsa creencia de considerarse “jefe” de aquellos a quienes debe servir, se añade su irresponsabilidad de no documentarse acerca de cuáles son sus funciones según la normatividad y el hecho de burlarse cotidianamente, con su hermetismo y su falta de respuesta oficial, del trabajo ajeno.
De no publicarse antes de las vacaciones de verano de 2012 de la U. de G. los números correspondientes al 2011 y 2012 de la revista Estudios Sociales (revista que no sólo forma parte de la función de DIFUSIÓN que marca la normatividad, sino que usted ha descalificado explícitamente diciendo a uno de los miembros del consejo de redacción que ya hay muchas revistas en el CUCSH y que no importa que a ésta no se le apoye), considero conveniente que las instancias correspondientes en la Universidad convoquen a una consulta amplia y concienzuda acerca de quién y cómo deberá cubrir adecuada y legítimamente el puesto de rector del centro universitario de ciencias sociales y humanidades de la Universidad de Guadalajara. Es decir, alguien que cumpla con entusiasmo y dedicación con las funciones que marca la normatividad. Lo que ha quedad en claro es que las tres personas que han cubierto previamente este cargo lo han hecho mejor que quien lo ocupa en la actualidad.
Convendría que llegara alguien que sí pueda y sepa cumplir con las tareas de rector de este centro universitario, y además con las ganas de aprender que se requieren para esta función. Sobre todo, con la voluntad para cumplir con su parte del trabajo en una institución que requiere la constante cooperación y comunicación entre quienes laboran en ella.
A lo largo de este año, ha dejado usted en claro que no tiene usted ni la autoridad moral, ni el conocimiento de lo que es la actividad académica, ni las capacidades y habilidades de comunicación y administrativas necesarias para fungir como rector de un centro universitario de una casa de estudios de la importancia y trayectoria de la Universidad de Guadalajara en Jalisco y en México, además de las que tiene ésta en el mundo académico internacional. En concreto, aun cuando usted no lo reconozca, su falta de respuesta, de apoyo, de apertura y de capacidad durante (al menos) el último año, durante el cual no ha podido cumplir con las funciones a las que se vio comprometido por la salida intempestiva de este cargo del actual rector general, el Dr. Marco Antonio Cortés Guardado, se han convertido en un lastre para nuestro centro universitario y nuestra universidad en su conjunto. Entiendo que también este alegato de mi parte lo dejará usted sin leer y seguramente sin responder. Aun cuando es su obligación responder a ésta y a mis comunicaciones anteriores, durante este año ha dejado en claro que ello va más allá de sus deseos y capacidades. Lo que sí podemos proponer enfáticamente a la comunidad universitaria es que usted deje ese puesto a alguien que sí sepa, quiera y pueda cumplir con las atribuciones que marca la normatividad.

Atentamente,


Luis Rodolfo Morán Quiroz

C.c.p. Dr. Marco Antonio Cortés Guardado. Rector General de la Universidad de Guadalajara
C.c.p. Dr. Héctor Raúl Solís Gadea. Coordinador General Académico de la U. de G.
C.c.p. Dr. José María Nava Preciado. Secretario Académico del CUCSH-U. de G.
C.c.p. Edmundo Camacho. Coordinador de Publicaciones del CUCSH-U. de G.
C.c.p. Profesores de la Universidad de Guadalajara adscritos al Sistema Nacional de Investigadores
C.c.p. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
C.c.p. Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior
C.c.p. Consejo Mexicano de Ciencias Sociales

martes, 10 de julio de 2012

Han de ser puras mentiras...


¡A mí no me crean!

Cuentan quienes dicen saber acerca de lo que cuentan, que en diciembre de 2010 el sindicato de trabajadores académicos de la Universidad de Guadalajara prestó 70 millones de pesos a la cámara de diputados de Jalisco para “pagos de sueldos y aguinaldo de más de mil 200 empleados”. En un mensaje fechado el 9 de julio de 2012, se afirma, empero, que “del monto prestado, aún se adeudan 21 millones de pesos. Hace 10 meses que el Legislativo suspendió el pago. El Legislativo refiere que no existe convenio firmado entre el Sindicato de la Universidad de Guadalajara y el Congreso local, ello eximiría a los diputados de liquidar el adeudo”. Yo sospecho que se trata de infundios que les hacen a los líderes sindicales y a los legisladores, pues los primeros serían incapaces de prestar dinero ajeno (de los profesores universitarios) y los segundos jamás han dejado de cumplir con sus compromisos, así sean verbales, cuantimenos dejarían de pagar lo que alguien les hubiese prestado para sacarlos de un apuro y continuar así respondiendo tan eficientemente como hasta ahora con los jaliscienses que los llevaron a sus curules.
Hay quienes dicen que buena parte de los funcionarios de la mencionada casa de estudios manifiestan cierta fobia a la palabra “auditoría”, y por ello desde hace años la llamada a la “rendición de cuentas” que se les hace desde dentro y fuera de esa institución se ha convertido en un acalorado tema de debate. ¿Deben los jaliscienses saber en qué se gastó el dinero que ellos, como contribuyentes fiscales han hecho llegar a esa institución? Dicen algunas de mis fuentes que “eso sería lo más lógico”. Pero a mí no me crean, capaz que esas fuentes de información están equivocadas y las autoridades de todos los niveles dejan bastante claro siempre en qué se gastan los recursos recibidos, en qué acciones y en qué adquisiciones.
No me crean a mí, pero dicen algunas personas que se etiquetan como expertas, que hay algunos encargados de funciones dentro de la Universidad que en realidad no cumplen con sus funciones, aun cuando éstas estén especificadas en la normatividad de la institución. Se dice de algunos que llegan tarde y se van temprano muy maquillados y sonrientes, a cumplir con sus concertadas citas fuera de las oficinas y dentro de las cantinas, para establecer acuerdos a la luz de los etanoles. Yo no soy una fuente confiable, pues a mí sólo me llegan los chismes, pero hay quien incluso afirma que una buena parte de los recursos de algunos centros universitarios se gastaron en las campañas de al menos dos partidos en los que militan funcionarios-políticos que aseguran controlar a esos partidos en el estado.
Hay quienes aseguran que en realidad lo que pasa es que esos funcionarios se salen temprano de sus oficinas o no van a ellas porque desde ahí no son capaces de gestionar recursos o apoyar las acciones académicas. Se dice incluso, pero no me crean a mí, por favor, que hubo alguna vez un alto funcionario al que tuvieron que explicarle que en la universidad hay que apoyar que haya clases y apoyar que los estudiantes tengan espacios y recursos para formarse en los niveles medio-superior y superior. Aun cuando yo tengo la seguridad de que hay algunos funcionarios que no saben ni siquiera que la docencia, la investigación, la difusión y la extensión forman el conjunto de las funciones sustantivas de la universidad, no por eso tienen que creerme a mí, y a lo mejor no es cierto que hay quienes, cumpliendo funciones adjetivas, se consideran jefes de quienes realizan las sustantivas y hasta quieren limitarlos en sus acciones y compromisos establecidos en la normatividad.
No me crean cuando les digo que hay rumores de que existen rectores en los centros universitarios que se niegan a recibir a los trabajadores académicos y administrativos o a los estudiantes para tratar acerca de las maneras en que pueden apoyarse las actividades o mejorarse los procesos y trámites atingentes a una institución de educación superior. Esos rumores han de ser puros infundios de envidiosos de la eficiencia con la que se maneja la universidad jalisciense que lleva el nombre de su ciudad capital.
Puras afirmaciones temerarias han de ser las de quienes señalan que alguno de ellos ha declarado que no apoyan determinadas acciones a las que están comprometidos según la normatividad pues “no importa que no se cumplan determinadas funciones en el centro universitario, al cabo de eso ya hay mucho que se ha hecho y se sigue haciendo”. Falso ha de ser, no me lo crean, que a algunos de los maestros nos han mandado llamar en nuestros departamentos para decir que no cumplimos con nuestra carga docente y nos muestran la lista de una sola asignatura en vez de las cuatro que impartimos. Eso sería como reducir en un 75% la carga real de algunos profesores con sepan los dioses qué intenciones. Intenciones que los funcionarios de esta universidad jalisciense serían capaces de siquiera concebir. Por eso, el dictamen de desaparición del departamento de estudios de la cultura regional no tiene absolutamente nada que ver con la tramposa definición que tan bien entienden los estudiantes de ciencias sociales y de la salud en el sentido de que existen, en orden ascendente de falsedad, “las mentiras, las mentirotas, las estadísticas y las guardias”. En ese dictamen se recurre a la pura verdad y se decide suprimirlo porque las estadísticas dictadas por alguno de esos funcionarios son la mera y límpida verdad de diosito y la virgen María, pues esos funcionarios serían incapaces de mentir con tal de borrar de un plumazo (que les tomó un año en concretar) a la primer dependencia de la universidad dedicada a la investigación en ciencias sociales.
No me crean a mí, pero dice ese mismo dictamen “Que la revista “Estudios Sociales” que atiende el Departamento, también puede seguir su cauce y desarrollo sin que sea necesaria la adscripción al DECUR” (punto número 11) y han de ser puros rumores que esa revista ha tenido dificultades para aparecer desde el 4 de mayo del 2011. Han de ser rumores y quizá no es cierto que los autores han estado solicitando información a quienes trabajamos en esa revista respecto a fechas de aparición de sus artículos. También ha de mentir quien diga que la revista no ha aparecido y que la secretaría académica de la rectoría de ciencias sociales y el propio rector de ese centro han sido eficientes y atentos y han recibido a quien les pregunte, por escrito o en persona, acerca del destino y manejo de la revista. No me crean a mí, pero al menos los artículos correspondientes a dos secciones temáticas de números sucesivos de esa revista han aparecido, a falta de apoyo de los funcionarios del centro de ciencias sociales y humanidades de la Universidad de Guadalajara, en una revista fuera del estado y de la mencionada universidad. Han de ser mentiras que también ha aparecido un libro con  material que pudo haberse incluido en esa revista.
Han de ser puros infundios, aunque digan algunas de mis fuentes que existen funcionarios que, aparte de creerse jefes y no servidores públicos, enfurecen con el sólo escuchar que los universitarios, tanto académicos, como trabajadores administrativos, o estudiantes, son capaces de disentir con sus planes secretos.
Puras mentiras son ésas que achacan a algunos funcionarios y ex – funcionarios de la universidad intereses políticos o económicos que van más allá de la promoción de la cultura, la formación de profesionistas y técnicos, la salvación de la humanidad y la reducción del calentamiento global. Puros infundios. A mí no me crean. Vayan y pregunten a quienes sí saben de esto. A ver si a ustedes sí les responden quienes se dicen con “autoridad”.

Luis Rodolfo Morán Quiroz

miércoles, 6 de junio de 2012

¡Tú lo prometiste!


Mi esposa, que es abogada, me dice que las promesas hechas de manera verbal, al menos en nuestro país, generan compromisos y obligaciones tan fuertes como si se hubiera firmado un contrato. El problema, me parece, es que rara vez tenemos testigos y si los tenemos, estos no siempre tienen la memoria o la disposición para recrear el momento en que ellos estuvieron como terceras personas de la promesa entre la primera y la segunda.
Hace unos días, en son de broma, mi hermano me comentó que me regresaría el carro que yo le había prestado el fin de semana en que él estuvo en mi rancho globero y escasamente bicicletero, y me preguntó: “¿y si me pagas este carro con la bicicleta plegable que tienes en tu casa?”. “Es un buen pago”, le contesté, “porque este carro cuesta más que la bicicleta”. Aunque sabemos que los dos vehículos son “míos”, aunque quizá tendría que buscar en mis archivos para demostrarlo, más allá de las declaraciones de testigos que pudieran ser memoriosos y dispuestos, mi cuñada aprovechó para señalar: “pues mejor véndeme la bicicleta”. “Ándale pues”, respondí. Y detallamos precios y condiciones. Los tres sabíamos que se trataba de una broma y jugábamos a hacer negociaciones mercantiles sin tener la intención del intercambio de un bien material por un monto de dinero.
En un momento de la conversación, mi cuñada, que también es abogada (y además tan inteligente como su concuña, como para escoger esa misma profesión y también haber seleccionado como sus actuales maridos a dos hermanos tan bien parecidos entre sí), señaló: “¡híjole!, ya estamos obligados a comprar la bicicleta después de esta promesa de compra”. La conversación no pasó a más, quizá porque caí en la cuenta de que yo estaba también obligado a venderla después de esa promesa de venta, así que mejor me quedé callado y ya ninguno de los tres prometió cosa alguna y simplemente recibí mi carro de regreso. Asunto concluido.
La anécdota me deja, empero, con la reflexión de qué tan comprometidos se sienten quienes prometen algo, ya sea con la intención de cumplir, ya sea con la intención de obtener algo a cambio de una simple promesa. Vamos por parte, al estilo de Jack (aquel del Londres decimonónico). Si Max Weber señalaba que su intención al hablar de los tipos de dominación NO incluía la dominación que una esposa ejerce sobre el marido para que éste se comprometa a determinada acción, me parece que el asunto de las promesas SÍ debe abordarse desde una perspectiva más íntima antes de pasar a una más pública.
En el ámbito de lo íntimo, supongamos que un esposo le reclama a su cónyuge: “pero si tú prometiste serme fiel y no andar de coscolina con algún otro que te dijera cosas bonitas y te llevara flores en tu cumpleaños. ¡Tú lo prometiste!”. La mujer bien podría responderle: “sí, pero recuerda que tú prometiste ser romántico y conservarte joven delgado, guapo, perfumado y platicarme cosas que atrajeran mi interés. Fuiste tú quien rompió su promesa primero, pues ni me traes flores, ya ni digo que te dejaste crecer la panza y dejaste caer todo el pelo y todo el perfume y además sólo refunfuñas en vez de platicar”.
Ante este recíproco incumplimiento de promesas, que a veces se complica porque los efectos de las feromonas, del alcohol, del perfume de ella y de él, han dejado de ser tan poderosos como lo fueron en sus primeras aplicaciones (ningún fabricante de esas sustancias garantiza que seguirán influyendo indefinidamente en el objeto de nuestros encantamientos amorosos), no queda más que reconocer que, aunque los demás no cumplen sus promesas, tampoco somos nosotros un dechado de verdad, virtud y tino en la predicción y es poco frecuente que sepamos las condiciones en que transcurrirán nuestras vidas, carreras laborales y profesionales como para andar por la vida prometiendo cosas que luego ya no podremos cumplir.
Así que en algún momento  tenemos que retirar nuestras promesas o liberar a los demás de cumplir sus promesas y compromisos contraídos en otros momentos y condiciones. Y, si no lo hacemos, pues decepcionar a los demás o sentirnos defraudados por los otros.
Visto que ni siquiera los novios o cónyuges que se prometen y juran, e incluso firman sus promesas y compromisos, pueden o están dispuestos a cumplir, o incluso hasta pierden la memoria, haya o no testigos de promesas y compromisos, en el ámbito de lo público, la cosa es más complicada. Resulta que cualquier funcionario público que prometa resolver algún problema de esos que sólo se resuelven con la intervención de trámites, papeleos y billetes de por medio, no necesariamente sabe qué pasará con las acciones de sus subordinados (¿lo obedecerán?) o de sus superiores (¿lo escucharán y cumplirán sus obligaciones normativas?). Ni tampoco el plomero sabe si la ferretería estará abierta para conseguir el material que dijo que serviría para resolver la fuga de agua que tenemos en mitad de la sala de nuestra casa; ni siquiera el que repara las llantas está seguro de que habrá electricidad para echar a andar la compresora de aire, así que también puede incumplir su promesa de resolver el problema de una llanta baja con la misma rapidez al usar una bomba de mano. Es más: ni siquiera el pastor puede prometer a su grey la salvación, pues no conoce la cantidad de cochambre de las almas de cada uno de ellos, ni tampoco conoce con exactitud (a pesar de los siglos de controversias doctrinales y de conflictos inter-religiosos) los criterios por los cuales los dioses decidan preservar (y en dónde) los espíritus de los creyentes o de los infieles.
Hacer una cita con alguien conlleva una promesa implícita, que, en términos explícitos debería rezar más o menos así: “te prometo que estaré presente en determinado lugar, a determinada hora de determinada fecha”. A veces la promesa debería extender algunas de sus condiciones y la gente añade lindezas como “con la tarea hecha y corregida”, o “con el mismo y más amor que el te profesaba ayer”, o “con el mismo deseo y lujuria por tu hermoso cuerpo y sonrisa como la que te mostré en la más reciente ocasión”, o “con la inteligencia y buen humor que siempre me caracterizan”, o “tan informado y dispuesto a trabajar como siempre lo he hecho”.
Pero, como ya dije, normalmente la gente se queda con establecer la cita con unas cuantas coordenadas explícitas y deja las demás condiciones en el campo de lo implícito. Así que las condiciones externas y fuera del control de la persona, rara vez se expresan más allá de una generalizadora y ambigua condición como “si Dios quiere”.
De tal modo, recuerdo que mi padre solía comentarles a sus pacientes que veía en perfectas condiciones de salud: “está usted muy bien, regrese dentro de veinte años”. Y, veinte años después, algunos de esos pacientes volvían a cumplir puntualmente la cita que el médico les había dado en la misma fecha de dos décadas atrás, por la tarde. Mi padre estableció varias de esas citas durante su vida profesional y rara vez fallaban los pacientes, a menos que el padecimiento no fuera como para aguantar vivos los siguientes veinte años. Seguramente algunos de los pacientes que él citó están cayendo en la cuenta de que su médico ya no podrá cumplirles su promesa y no estará presente en la cita en la que prometió estar presente. Lo bueno es que también él solía añadir, tras una pausa que parecía ser la definitiva tras la despedida: “si Dios quiere…”.
Recordemos que ni siquiera las compañías aseguradoras te garantizan que seguirás viviendo, sino sólo dan la garantía de que si te mueres y además lo haces bajo las condiciones estipuladas, ellos prometen cumplir con el pago de determinadas cantidades a los deudos, pero sólo en el caso de que estos (y no otros no especificados por escrito) sigan existiendo. Todo claro.
En estos tiempos que en nuestro país son pre-electorales, solemos encontrarnos con una gran cantidad de promesas de los candidatos a diversos puestos en diversos ámbitos de los poderes legislativo y ejecutivo. Una de las debilidades que suele señalar mi inteligente esposa a esas promesas es la de que no dicen cómo van a lograr lo que prometen, ni de dónde van a sacar los recursos esos políticos para cumplir aquellas promesas. Aun suponiendo que tus amigos, tu pareja, los candidatos del partido y orientación política y económica de tu preferencia pudieran cumplir sus promesas, queda la inquietud de si, verbales o por escrito estarán en condiciones de cumplirlas. Recuerda, también que ellos están esperando llegar a esos puestos desde los que supuestamente cumplirán lo que prometieron, en caso de que les des tu voto, es decir, “si los electores quieren”.
La pregunta que queda en el aire es: ¿cuántos enamorados, funcionarios, amigos o políticos conoces, que cumplan TODAS sus promesas y a los que nunca se les haya atravesado una marcha, unas curvas bien torneadas, un embotellamiento, una charla que se prolongue, una crisis financiera, algún calentamiento global, alguna oposición parlamentaria, algún recorte presupuestal, alguna tentación alternativa que les impide cumplir sus promesas?

martes, 29 de mayo de 2012

¿Profesionales de la arquitectura?

 Hace muchos años, descubrí, en una universidad ubicada en una ciudad lejana al rancho grande del que soy originario, que existía una carrera profesional dedicada a algo así como “arquitectura del paisaje”. Desde esa universidad es posible ver uno de las más bellas montañas de la región, sólo porque una de sus principales entradas para los peatones, sin rejas, sin acceso para vehículos de motor y que desemboca en una plaza, está orientada para que quien llegue a esa institución no sólo pueda ver la biblioteca universitaria en cuanto entra, sino también la montaña en su camino de salida.
         Como en mi rancho grande no se estila que los edificios dejen ver detrás de ellos, hace ya mucho tiempo que nos hemos olvidado que el cerro de Tequila, ubicado apenas a 40kms del centro de Guadalajara (Jalisco, México), era visible desde la ciudad hace apenas una década. El cerro de Tequila no llega a las dimensiones y belleza del Popocatépetl, ni del Iztaccihúatl. Tampoco es comparable al Cerro de la Silla que se puede apreciar en la Sultana del Norte. Pero, ¿es acaso tan feo como para que los urbanistas y arquitectos de Guadalajara se hayan esforzado por ocultarlo poniendo edificios que son todavía más feos entre el habitante común de la ciudad y su imagen?
           Yo tengo la sospecha de que en realidad lo que pasa es que en Guadalajara no se han dado escuelas importantes de arquitectura. En este país es probable que ni siquiera  exista una asignatura que se relacione con “el paisaje” en el plan de estudios de arquitectos, urbanistas e ingenieros civiles. Seguramente no la hay en el plan de estudios de psicología y de sociología, a pesar de que haya quienes estudien los efectos psicológicos y sociales de las vistas esperpénticas.
En un artículo reciente, escrito por Arturo Ortiz Struck y publicado en la revista Nexos de abril del 2012 (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2102642) con el título “Desde la arquitectura, la discriminación”, un profesional de la arquitectura critica el hecho de que incluso arquitectos que han recibido premios en su disciplina han reproducido la discriminación hacia las servidoras domésticas en sus diseños de residencias. Parecería que las mujeres que se encargan de la limpieza de las casas de los pudientes no deben y pueden tener vida sexual, ni familiar, ni siquiera derecho a un espacio de intimidad. En muchos casos, el “cuarto de servicio” es compartido por el lavadero, los instrumentos de limpieza y por quien se encarga de su empleo, sin que exista una mayor diferenciación entre los objetos y quien los pone en funciones. Y si las trabajadoras domésticas que se quedan a dormir en casa de los patrones, para estar prácticamente esclavizadas y a la mano, para servir día y noche, levantarse al alba y acostarse sabrá dios a qué horas, son discriminadas, explotadas y hacinadas, ¿por qué los demás espacios y profesiones dedicadas al servicio de los ricos tendrían que ser objeto de diseños y planes más dignos?
Mientras que los automóviles ocupan miles de metros cuadrados y lineales en calles, avenidas, estacionamientos, locales para su distribución y servicio, son los peatones y los otros medios de transporte los que sufren el mismo hacinamiento, estrechez y peligros que las trabajadoras domésticas. Que los autobuses no tengan espacios adecuados para subir y bajar pasaje es algo que no importa a los diseñadores de centros comerciales, calles, callejones y avenidas. Si a los autobuses se suben los simples peatones, que además se convierten en “pasajeros” en cuanto tocan el estribo que los conduce al atestado interior. Que los pasajeros no cuenten con un grado adecuado, ya no se diga cómo de visibilidad es algo acorde con la analogía de las trabajadoras domésticas. Si la casa está diseñada para que los dueños la disfruten, ¿por qué las trabajadoras domésticas habrían de contar con un espacio adecuado o una vista agradable? Igualmente, si la ciudad está diseñada para los ricos que pueden endeudarse y pagar vehículos particulares, ¿por qué los pasajeros de los autobuses urbanos habrían de ver hacia fuera, o esperar en estaciones dignas y seguras, a salvo del flujo de los veloces automóviles particulares?
Definitivamente, los arquitectos y demás profesionales del diseño urbano no están preparados para aceptar que los peatones, cuando van a pie y tienen que bajarse de las aceras porque algún automovilista invada la banqueta, tengan derecho a un espacio “peatonal” exclusivo. Los inversionistas son capaces de extender sus locales hacia fuera lo más posible para desquitar la inversión inmobiliaria y, al poner espacios de estacionamiento “olvidarse” de que los peatones tienen que pasar a pie por la acera que se ubica frente a sus locales.
Todavía menos probable es que las bicicletas, sillas de ruedas, ancianos que requieren de bastón, ciegos, débiles visuales, niños pre-escolares pasen a ocupar un espacio en las mentes de los arquitectos de mi rancho grande. Los usuarios de vehículos que no sean de motor a gasolina o a diesel no han sido objeto de asignatura alguna de sus planes de estudios. ¿Para qué asignar espacios para el estacionamiento de bicicletas, triciclos, monociclos, patines o patinetas frente a los negocios? A los arquitectos y a los inversionistas no se les ocurre que alguien pueda llegar a un edificio a realizar un trámite o a comprar algún objeto en cualquiera de esos vehículos. Si llega a pie, pues qué bueno, si llega en vehículo de motor, pues mejor, pues así aprovecha los cientos de metros dedicados al estacionamiento de un carro que, habitualmente es sub-utilizado pues siempre lleva un número de asientos superior al número de ocupantes. A diferencia de los autobuses, de mayor aprovechamiento económico, pues siempre lleva un número mayor de pasajeros que de asientos disponibles.
Claro que a los arquitectos los clientes no les piden que diseñen espacios para que los amigos de los dueños de casa puedan visitarlos en bicicleta. Ni siquiera hay espacios para que los dueños de las casas estacionen sus propias bicicletas. ¿Para qué, si para eso está el cuarto de servicio, en donde se pueden arrumbar por igual a las trabajadoras domésticas a las que se explota y a las bicicletas que no se usan? Claro que los arquitectos tampoco reciben solicitudes de los empresarios y desarrolladores de plazas comerciales, industriales o de los funcionarios encargados de la construcción, remodelación o mantenimiento de los edificios públicos para que asignen lugares para estaciones dignas para el transporte colectivo, ni se les pide que diseñen espacios de estacionamiento para los ciclistas y potenciales consumidores y usuarios de servicios.
             La máxima de “al cliente lo que pida” se aplica en el diseño de mayores espacios en el interior de los vehículos particulares, para que los dueños de esos vehículos automotores coman, beban, duerman, vean y escuchen con comodidad, mientras que los peatones y los usuarios de vehículos cuya huella de carbón es mínima, se sigan ciñendo a bajarse de las aceras, a amarrar la bicicleta a un bote de la basura (además, ubicado en un lugar fuera del alcance de quien necesita desechar algún objeto). Y se aplica también en el caso de los arquitectos: así como a la servidora doméstica no se le invita a las sesiones de planeación de la casa que ella se encargará de limpiar, a los peatones, ciclistas, usuarios del transporte público, ancianos y discapacitados no se les toma en cuenta para diseñar los espacios que habrán de utilizar sólo quien tenga el poder adquisitivo para comprar un vehículo de motor y llenarle el tanque con líquidos que luego transformará en gases fétidos parta distribuirlos por donde mejor le plazca pasar y estacionarse.
¿Y por qué diablos a los arquitectos que diseñan remodelan, mantienen edificios y espacios públicos (oficinas de la burocracia, parques) y privados (pero de acceso público, como restaurantes, tiendas, bancos, supermercados) no se les ha ocurrido OFRECER a sus clientes un uso más eficiente del espacio? Es triste de qué manera, como señala Eduardo Galeano en Patas arriba (una recensión aquí: http://www.aloj.us.es/vmanzano/docencia/movsoc/resumen/galeano.pdf), cada vez más los arquitectos latinoamericanos asumen como parte del diseño de sus edificios los enrejados para que los ocupantes de las casas estén enjaulados en los espacios en que deberían sentirse más libres y a sus anchas.
¿Será tan sólo culpa de aquellos arquitectos que no saben andar en bicicleta, ni caminar por las acercas, que el dinero se nos vaya en asfaltar los caminos para que los llenen de baches los vehículos de motor? ¿Será culpa de los clientes de los arquitectos que no saben que es más barato y sano dedicar espacio y tiempo a caminar y a bicicletear y por eso no les piden espacios ad hoc?  ¿De quién es la culpa de que en América latina usemos tanto metal en enjaularnos dentro de nuestras casas y lugares de trabajo en vez de utilizarlo en diseñar espacios escultóricos y más bicicletas y estaciones para éstas y los usuarios del transporte público? ¿De quién es la culpa de que dediquemos tanto tiempo y espacio, tanto metal, vidrio, plásticos y telas en el diseño de vehículos particulares mientras dejamos de lado el diseño y equipamiento de las unidades de transporte público y en el diseño y mantenimiento de nuestros espacios de convivencia?
¿Será que en estos ranchos grandes, en los que nos ocupamos de los baches pero no de las aceras, de los estacionamientos, pero no de las estaciones, de las rejas, pero no de los diseños, los arquitectos jamás aprendieron a pensar en el paisaje más allá de sus narices? ¿Tienes alguna solución? ¿Nos deshacemos de los arquitectos o nos deshacemos de sus clientes? ¿O será más fácil simplemente negar la existencia de peatones, ciclistas, discapacitados, niños, ancianos y usuarios del transporte público, como hemos hecho hasta el momento?