jueves, 9 de febrero de 2017

Han contribuido a hacerte más ligera la carga el día de hoy… y ni cuenta te has dado

Tienes que moverte por la ciudad de un punto a otro. Quizá estés muy frustrado porque no pasa el autobús en el que llegarás a tu escuela. Llegaste a la fila de la parada del autobús y ya había unos cuantos jóvenes más, equipados con sus mochilas y listos para sus actividades cotidianas. Porque en realidad todavía no comienzas a moverte a la velocidad a la que quisieras. Sólo has logrado llegar caminando desde tu casa a esa parada y, por más que te apresuraste en la mañana para vestirte, peinarte, arreglar tus pertenencias y dejar relativamente arreglada la recámara en la que duermes, sientes que no has hecho algo de provecho todavía. No has terminado las lecturas que debías al menos ojear y hojear para la primera clase. Y eso no podrás hacerlo mientras estés en la parada del autobús, porque si éste llega mientras sacas el libro de la mochila, no podrás ponerla en orden antes de abordar y luego tendrías que volver a sacar el libro ya que estés a bordo.








           Decides esperar a que llegue el autobús y luego comenzar la lectura. Pero sientes que pasan los minutos y no puedes avanzar en la lectura ni en el espacio de esta complicada y ruidosa ciudad. Pasan algunos otros jóvenes caminando o en bicicletas, rumbo a tu escuela. Tú no quieres caminar hasta allmás con mucho calor ase.unque sea unas p tu escuela. Tlos minutos y no puedes avanzar en la lectura ni en el espacio de esta comá porque temes que llegarás tarde, con la ropa sudada y además estarás todavía un rato con mucho calor…y sin haber podido leer aunque sea unas páginas antes de la clase. Al fin llega el autobús. Lo abordas junto a varios otros jóvenes que van a tu escuela y otros que van a escuelas distintas. Todos con mochila, así que subir se complica por el bulto que cada quien carga en la espalda.
            Al fin estás en el trayecto y podrás leer si alcanzas un asiento, o tendrás que hacerlo de pie con mayor riesgo de perder el renglón, el hilo de la lectura o el libro. Te concentras en la lectura y cuando los estudiantes que van a tu escuela comienzan a bajar caes en la cuenta de que tú también has llegado a tu destino. No pudiste leer mucho, pero al fin estás en la escuela y podrás preguntar a alguno de tus compañeros de qué trata el resto de la lectura.
            Los compañeros que pasaron minutos antes, a pie o en bicicleta, están ya en su salón. Qué bueno que no tomaron el mismo autobús, porque entonces la espera se habría hecho más larga y el autobús habría estado más atestado.
            A lo largo de la mañana, cada uno de los maestros que llegan se queja de que las intervenciones de los ingenieros para mejorar y agilizar las vialidades llevan años haciendo más lenta la circulación. Comentan que cada vez que los trabajadores terminan de ampliar una avenida, sigue el turno de otra. Y luego es el momento de repararla, con lo que se generan desviaciones por calles menos anchas en las que deben caber todos los automóviles que aprovechaban las avenidas para llegar de un punto a otro de manera relativamente fluida. Algunos de esos maestros llegan en su automóvil y añaden que cada día es más difícil encontrar lugar para estacionarlo y que en los estacionamientos de paga es cada vez más caro meter un auto. Para algunos, es además una lata que los choferes de los autobuses se detengan en las esquinas para tomar más pasaje.
            Algunos de los trabajaores de tu escuela llegan también en autobús. Pero llegan un par de horas más temprano que los estudiantes y que muchos de los docentes. Algunos vienen de barrios mucho más retirados que el tuyo. Algunos llegan en automóvil particular y procuaran organizarse para que quienes viven en los mismos rumbos lleguen en el mismo auto. Así que ocupan más asientos de cada automóvil que los docentes que viajan solos y llegan más tarde.
            No te has dado cuenta, pero quienes viajan y llegan más temprano, aunque su hora de entrada sea la misma, contribuyen a que el autobús que tú abordarás esté menos lleno. Y el autobús en el que viajas ocupa menos espacio que el que ocuparía los automóviles que transportarían a esos mismos pasajeros de uno en uno. Y la contaminación es menor por cada pasajero. Los que han comenzado a caminar o que pedalean en sus bicicletas desde temprano han contribuido a dejar espacio libre en las calles y no han contribuido a que los vehículos emitan gases, produzcan ruidos y choquen unos con otros.
            Piensas que moverte por tu ciudad es terrible. No siempre te das cuenta de que gracias a aquellos que deciden utilizar el transporte colectivo, viajar más temprano, compartir el vehículo, usar la bicicleta o caminar al menos una porción considerable de sus viajes cotidianos, disminuyen la contaminación, los embotellamientos, los accidentes, el ruido, en comparación con lo que se produciría si todos los habitantes de tu ciudad se movieran en automóviles particulares con uno o dos ocupantes. En otras palabras, para hacerlo más ligero, muchos de quienes se sienten frustrados por la lentitud del tráfico, el ruido en las calles, el humo y los polvos en el aire, podrían contribuir a que moverse en la ciudad fuera más ligero si, en vez de gastar su dinero, que en realidad fue producto de muchas horas de trabajo, en la adquisición, el  mantenimiento y el combustible de sus automóviles particulares, invirtieran algo de tiempo en compartir vehículos, utilizar el transporte colectivo, pedalear o caminar. Incluso podrían ser más puntuales en sus llegadas, sin el retraso que les implican las lentas velocidades de desplazamiento de los vehiculos particulares, la necesidad de estacionarlos en lugares cada vez más escasos o más caros. Sin dejar de lado la escasa posibilidad de realizar actividades físicas a la que se ven obligados por la necesidad de trabajar más horas para poder ganar más dinero para pagar un automóvil en el que deberán viajar sentados y transportarse a un lugar en el que muy probablemente su trabajo implique actividades sedentarias.
            Ni cuenta te has dado pero hay gente que hace más ligero tu día. Y quizá sería tiempo de que tú también comenzaras a hacer más llevaderos tus traslados por la ciudad…




lunes, 16 de enero de 2017

Pensantes y gorditos: ¿por qué no hay ciclopuertos en las instituciones académicas? ¿Por qué los académicos no llegan en bicicleta o caminando?

¿Tienen los académicos la obligación de engordar y de consumir gasolina? ¿por qué no hay ciclopuertos en las instituciones académicas?

El trabajo académico suele estar asociado con la postura sedente. A pesar de que para algunas disciplinas, como la antropología buena parte de los hallazgos se realizan caminando o, al menos viajando a los lugares en los que se harán observaciones, entrevistas, recorridos, la vida académica requiere muchas horas de trabajo de lectura y de escritura. Muchas de las entrevistas, de los escritos, de las observaciones que realizamos los que aspiramos a la vida académica las realizamos sentados. Y es frecuente que se note que los académicos realizan esas actividades en sus abultados vientres.



            Para algunos el problema se agrava cuando se toma en cuenta cómo llegan a sus centros de trabajo: sentados en algún medio de transporte que implica el gasto de combustibles fósiles. En muchos casos se trata de un automóvil particular, que sirve para dejar a los niños en la escuela y luego acercarse lo más posible a la mesa, al escritorio frente al cual se ubica la silla en que estaremos una buena parte del día dedicados a la lectura, la escritura, la expresión oral, la redacción, el intercambio con otros. Pero muy sentaditos.

            En estos primeros días del 2017 he tenido la portunidad de asistir a reuniones de trabajo, de discusión y de docencia en instituciones académicas de la ciudad de Guadalajara. Como aficionado a la libertad y el silencio que da el trasladarse en bicicleta, he llegado a los edificios de esas instituciones en bicicleta. No deja de extrañar que, aunque algunos de los profesores e investigadores y algunos de los estudiantes de sus programas docentes se trasladen en bicicleta a esas instituciones, no haya ciclopuertos en las instalaciones.


            ¿Cuántos escritorios existen en esas instituciones académicas? ¿Cuánto han invertidoe en sillas, sillones y bancas? Parecería que parte del gasto en terreno para las actividades académicas se ha “desviado” para fines que no son académicos: el uso de metros cuadrados de terreno para estacionar automóviles. ¿Cunatos metros cuadrado se han destinado, en cambio, para que los estudiantes, profesores, directivos, investigadores, coloquen sus bicicletas? ¿Cuánto en t´rminos proporcionales, en comparación con los terrenos dedicados a estacionar vehículos de motor, contaminantes?


            Instalar ciclopuertos en las instituciones académicas no sólo facilitaría que quienes llegarámos en bicicleta pudiéramos estacionar las bicicletas, sino que podría detonar en algunos estudiantes y académicos y trabajadores de servicios la idea de que es posible llegar en bicicleta en vez de usar un vehíulo de motor. A algunas instituciones, ubicadas en la cercanía de estaciones de bicicletas públicas, es posible llegar caminando un par de cuadras desde esas estaciones. Pero en algunas instituciones, el dejar espacios accesibles para las bicicletas que son propiedad de los académicos y los estudiantes y trabajadores de las propias instituciones, sería posible promover la posibilidad de traslados menos contaminantes, más baratos y a la vez más relajantes y estimulantes de la circulación sanguínea.


            En las fotos, ilustro los ejemplos de El Colegio de Jalisco en Zapopan y del Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social en Guadalajara (CIESAS-Occidente). Seguramente, la ganancia en salud compensa con creces lo que se invertiría en ciclopuertos en estas instituciones.

jueves, 12 de enero de 2017

Los retos... para la sociología de estos días

Conferencia: los retos de la sociología en el siglo XXI
Luis Rodolfo Morán Quiroz
Jueves 12 de enero de 2017: 16:00 hrs.
Auditorio Adalberto Navarro Sánchez, del CUCSH

Italo Calvino (1923 – 1985) redactó Seis memorandos para el nuevo milenio. En realidad, la redacción la completó sólo para los primeros cinco antes de que lo sosprendiera la muerte. El sexto está un poco trunco todavía. No quiero tentar a la muerte y en cambio me limitaré a planteara algunos de los retos visibles. No creo ser capaz de vislumbrar hasta lo que pasará con la sociología allá en el 2099. Pero daré algunas ideas de lo que debemos plantear y resolver los sociólogos y los científicos sociales en las próximas décadas.

Primero hay que reconocer que la sociología es una disciplina MULTIPARADIGMÁTICA – término para decir que somos de distintos pareceres, formas de investigar, construir la realidad y de interpretar los hallazgos. George Ritzer plantea que existen al menos tres paradigmas:
1) de los hechos sociales (Emile Durkheim – la realidad está ahí afuera);
2) de la definición social (Max Weber y el análisis de la acción social; y
3) del comportamiento social (B.F. Skinner y otros conductistas).

Quiero enfatizar que tenemos que resolver continuamente un problema de interpretación en la base de nuestra disciplina, que plantea la pregunta: ¿qué significa esto? Y de ella derivan las posibilidades micro, meso y macro: ¿qué significan determinadas acciones y medidas para las
Acciones
Decisiones
Proyectos
Aspiraciones
Contextos
En los ámbitos INDIVIDUAL, FAMILIAR, GRUPAL, INSTITUCIONAL, NACIONAL, REGIONAL, GLOBAL?

Umberto Eco (1932 – 2016) señala el problema de la SOBREINTERPRETACIÓN, que es en el que solemos caer los sociólogos, pero a veces caemos en el otro que Edgar Morin ( 1921 - ) llama REDUCCIONISMO. Así, a veces hacemos lecturas “jaladas de los pelos” o exageradas, paranoicas de la realidad y delos textos que se insertan en ella, pero otras veces nos damos por bien servidos como explicaciones simplistas que asumen que la realidad es mucho menos complejo de lo que parece.

Lo que me lleva a las dos tareas de la sociología:
1)    Hacer complejo lo simple; y
2)    Hacer simple lo complejo.
La primera tarea remite a encontrar qué hay más allá; la segunda a generar maneras de comprender la realidad social sin necesidad de que la gente lea bibliotecas enteras para comenzar a entender qué pasa a su alrededor y, más directamente, tener elementos para tomar decisiones en la vida cotidiana, política, social, incluso sexual.
Hay una tendencia a hacernos creer que la gente es racional. Y a pesar de aquel meme que circula en la red mundial en el sentido de que los científicos sociales somos de la misma opinión de aquel especialista al que le preguntan: “¿qué opina de las motivaciones de la gente?” y que contesta: “la gente es pendeja”, habría que complementar con que no es que sea directamente estúpida, sino que, para tomar decisiones no sólo razona, sino que también SIENTE, recuerda, tiene rencores, proyectos, aspiraciones, que no se pueden ajustar simplemente a una toma de decisiones RACIONAL. Ya lo decía Max Weber (1864-1920), pero también lo sabemos por Georg Simmel (1858-1918): la gente no hace decisiones racionales únicamente y el factor EMOCIONAL juega un papel importante en las acciones humanas.

Ergo: ¿qué retos se le plantean a la sociología en el siglo XXI? O, dicho de otro modo: ¿qué retos deberán plantearse los sociólogos, con el ánimo de resolverlos en los próximos años? Intentaré una respuesta muy general, que va más allá de la necesidad de una formación y perspectiva de los sociólogos que implique reconocer la necesidad de que conozcamos mucho más de las sociedades pasadas y actuales. Así:
·      Por una parte, el constante reto de ENTENDER por qué las personas, los grupos, las instituciones actúan como lo hacen. Ya lo señaló Weber: puede ser a partir de una planeación racional, pero también porque algún líder (religioso, político, popular o impopular como Donald Trump) llegue y diga cuál es el camino a seguir, o quizá tan sólo porque la tradición así lo dice y es mejor seguir lo que se ha hecho en el pasado que andar inventando caminos, ya se racional o carismáticamente diseñados.
·      Otro de los retos es el de ser capaces de comprender las relaciones entre los datos cuantitativos y los cualitativos y cómo una gran cantidad de personas que opinan algo en una encuesta a lo mejor sólo reflejan una débil opinión, frente a algunos cuantos que opinan enérgicamente, como para pasar a la acción. Así, los sociólogos habremos de entender y predecir a partir de instrumentos más finos que nos permitan evitar las “sorpresas” (como la elección de Trump al que nadie quiere pero muchos votan por él aunque sean pocos los que en el pueblo hayan votado por él) ¿Entenderemos eso algún día?
·      La sociología debe evitar plantearse pseudo-problemas, aunque estos son difíciles de distinguir de los “problemas reales” y tendremos que dedicar tiempo, dinero, formación, cursos y escuelas para ayudarnos a plantar qué debemos entender primero para luego decidir otras cosas. Vale un ejemplo derivado de una novela de Umberto Eco (El péndulo de Foucault). Citado por Peter Bondanella (1997: 293-94) como un caso de humor en torno a nuestro contexto intelectual, Eco escenifica a algunos de sus personajes que plantean educativa que genere una ESCUELA DE IRRELEVANCIA COMPARATIVA, en donde se estudiaría desde distintos departamentos, entre ellos el departamento de TETRAPILOCTOMÍA (del arte de partir un cabello en cuatro) y en donde se impartirían cursos para que los estudiantes comprendan la IRRELEVANCIA (ver página 294) de diversos fenómenos, entre ellos, la democracia oligárquica, la planeación urbana para gitanos, la traición en la revolución, la fonética del filme mudo, psicología de masas en el Sahara…
·      Un reto importante es el de cuestionar el conocimiento recibido. Solemos pensar que lo ya explicado o ya convertido en discurso ha de ser verdad. Pero tenemos el doble reto de hacer lecturas “más allá de lo que se dice” y a la vez de plantear lecturas que nos retornen de los puntos más allá de los relatos de conspiración como los que suelen hacer algunos grupos religiosos fundamentalistas (“acabemos con los infieles, que valen menos que los humanos”, por ejemplo).

·      Acabo por un reto que nos tiene aquí reunidos: el de FORMAR SOCIÓLOGOS capaces de aprender lo que se ha hecho en ámbitos como el desarrollo, los movimientos sociales, las identidades, las religiones, las instituciones, los espacios privados y públicos, la ciudad, la migración, y generar la posibilidad de que creen nuevas formas de analizarlos en detalle, se anticiparlos, de resolverlos, incluso de promover los cambios y las interrelaciones en los análisis de estas áreas temáticas. Formar profesionales de la sociología implica la posibilidad de heredar a los estudiantes de las primeras décadas del siglo XXI la inquietud de investigación y de resolución de problemas prácticos vinculados con los significados y los sentidos de las acciones sociales, pero también la posibilidad de que esos estudiantes generen rupturas y saltos cualitativos en la formulación de problemas que muchos aún no logramos imaginar. Pero que las nuevas generaciones lograrán visualizar y plantear con claridad. 

Después de estos retos, quiero añadir una coda, relativa a lo que podemos (¿o debemos?) hacer los sociólogos frente a ellos:
Imagino a Dios que clama a Weber: Ich rufe dich an! (yo te llamo) y con eso Max se convierte en el llamado a construir y ayudar a fundar la sociología, a seguir su Beruf y a describir este llamado en “La ciencia como vocación”, aunque en términos más amplios que los de una simple disciplina. De tal modo, en las tradiciones que Ritzer agrupa en los tres paradigmas con los que nos ilustra la historia de la sociología, la tradición de la definición social parece marcarnos un deber de interpretar, más allá de los diálogos en los que todos tienen la misma posibilidad de convencer, según Jürgen Habermas (1929 - ; quien es mi héroe, pero que a veces se olvida del problema del poder y de que hay gente que echa mentiras a los demás) y a la vez sospechar de que existen actores que tienen alguna falsa conciencia o que son capaces de conspirar para engañarnos.
Los sociólogos debemos ser claros, como dice Alexandra Heminsley en Running like a Girl (2013) de que correr UN marathón no nos hace corredores. Ser corredores es cosa de todos los días, en una vida en la que correr es parte de nuestra propia identidad. De la misma manera, ser sociólogo no se agota en leer un libro de sociología. Ni siquiera en obtener el título de licenciado en esa disciplina. Implica mucho más: una visión de la sociedad desde una mirada entrenada y constante. Ya lo he dicho antes en el context de una graduación de sociólogos en Julio de 2016: la gran ventaja que tenemos los sociólogos es que siempre tenemos trabajo…aunque no siempre haya quién lo pague, pues si conservamos nuestra imaginación sociológica (dice Wright Mills en el libro con ese título, La imaginación sociológica) seremos profesionales de la sociología. Y no por momentos solamente.
Ser profesionales de la sociología implica no sólo interrpetar números, encuestas, las preguntas y las respuestas que nos hacemos y que no devuelven, sino tamién soepechar de nuestras propias construciones, de las declaraciones de sentido de los demás.
En un sentido amplio, emular a los “maestros de la sospecha” de los que habla Paul Ricoeur. (1913 – 2005)  “Seglogos debemos ser claros, como dice Alexandra Heminsley en Running like a Girl (2013: e son capaces de conspirar para engañarnosún Ricoeur”, señala Francesc Torralba en Los maestros de la sospecha. Marx, Nietzsche, Freud, 2013: 13 y 15), estos “cuestionan los fundamentos de la tradición occidental y, en particular, de la Modernidad filosófica representada clásicamente por el cogito cartesiano (…) No tan sólo quiebran las convicciones de la Edad Media, sino que ponen en duda las pocas convicciones de la Modernidad (…) nos exigen reinterpretar al hombre, su relación con el mundo, el sentido de su existencia (…) la hermenéutica cuyo objetivo central es pensar el destino del sujeto a partir de la sospecha tendrá que revisar la cuestión en tres esferas: la historia, la moral y el sentido último”.






domingo, 4 de diciembre de 2016

Ladrillos, fierros y memoria, presentación en la FIL 2016

Camilo Contreras Delgado (coordinador). 2015. Ladrillos, fierros y memoria. Teoría y gestión del patrimonio industrial. El Colegio de la Frontera Norte.

Presentación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, 3 de diciembre de 2016. Salón Alfredo R. Plasencia. 17:00 hrs.

Mi primera impresión es que el término “patrimonio” no lo usan estos autores en el mismo sentido que los economistas. Para los economistas es “todo lo que puedas convertir en dinero”. Mi hermano Roberto, economista, señala que un título profesional no es un patrimonio, pues no se puede vender, aunque el tenerlo pueda servir para que te contraten en un empleo. Para los autores de este libro coordinado por Camilo Contreras, patrimonio se define desde una perspectiva histórica. Concretamente, en el capítulo escrito por Miguel Olmos se especifica que “todo patrimonio es un constructo” y en el contexto del tema del libro “el patrimonio industrial evoca una época empresarial de manufactura que involucra tanto los aspectos técnicos globalizados como las relaciones de producción, las fuerzas productivas propias de la cultur en cuestión y las relaciones de usufructo y de explotación de la fuerza de trabajo” (pág. 43).
Cabe señalar, además, que este libro recurre al concepto de patrimonio en un sentido histórico, de algo que es digno de conservarse y que no implica que los procesos industriales sigan vigentes (aunque podría ser así), ni que los edificios, paisajes y relaciones entre empresa y trabajadores sigan vigentes en lo económico, pero sí en la memoria.
Otra autora, Ana Lilia Nieto, nos detalla más el asunto: habla de cómo la memoria puede clasificarse como “memoria comunicativa”, que trata de algo que es contemportural que se sustenta en ritualkalkes e instituciones mpresa y trabajadores sigan vigentes en lo econes (aunque podren un empleoáneo de los actores, y de  una memoria  cultural que se sustenta en rituales e instituciones. Siguiendo a Aleida Assman, Ana Lilia Nieto señala que la memoria cultural puede ser “funcional” al incluir elementos que “forman una historia en la que se relacionan eventos y valores y que sirve como una guía hacia el futuro”, En contraste con una memoria “almacenada” que contiene elementos que no guardan una relación significativa con el presente pero que componen un ‘repertorio de oportunidades perdidas y opciones alternativas’” (pág. 29).
Antes de continuar, quiero señalar que la lectura de los primeros capítulos me hizo reflexionar acerca de un debate, aún vigente, en cuanto a los impactos de las minas: son destructivas y afectan el entorno, sobre todo aguas, bosques, aire, posibilidades de uso del suelo en el futuro. Este razonamiento podría extenderse a algunas otras actividades industriales. Un ejemplo de ello lo tenemos en lo que fueron los terrenos de la empresa Motorola, hoy convertidos en el centro comercial “Ciudadela” y que fueron señalados por la posible contaminación radioactiva cuando se inició el demonte de la empresa y la construcción de la plaza comercial.
Mientras tanto, quienes hablan de patrimonio industrial incluyen a las minas y las fábricas y sus actividades directas (extracción, producción) y asociadas como dignas de estudio desde el punto de vista del paisaje y al cultura (viviendas, edificios, colonizaciones, generaciones de trabajadores). Este libro trata sobre los asuntos del patrimonio y valdría la pena generar otros estudios en torno a algunos de los argumentos de los “conservacionistas” del medio ambiente frente a los “conservacionistas” del patromonio industrial. Mientras eso sucede, vale la pena comentar lo que sí está en el libro que coordina Camilo.
Claro que no les contaré el final de la historia, pues realmente éste todavía está por definirse: no sabemos hacia dónde se dirige el desarrollo de las grandes industrias metalúrgicas, por más que estemos conscientes de que los yacimientos tienden a agotarse y de que existe una tendencia a que los materiales utilizados para la fabricación de los objetos de nuestras vidas cotidianas sean sustituidos por otros.
Además de una introducción general a la importancia de pensar y actuar en torno al patrimonio industrial y cultural, el libro se divide en tres grandes temas. El primero de ellos, “Reflexiones en torno al patrimonio industrial”, consta de tres capítulos. Ana Lilia Nieto Camacho nos ofrece conceptos acerca del patrimonio cultural y su relación con la historia y la memoria. Señala cómo el patrimonio se utiliza para crear narrativas de inclusión y exclusión y permite una relación de continuidad con el pasado. Este capítulo revisa a varios autores que han analizado la relación de la historia con la identidad, las comunidades, las memorias y los archivos. Señala que en el proceso de selección de lo que se ha de conservar “se evidencian los criterios y las historias que se quieren transmitir y se hace referencia explícita a la memoria colectiva y a la identidad”. Resalta de qué manera el patrimonio ayuda a vincular la “memoria recordada” con la “historia recobrada”, además de otros conceptos de historiadores y filósofos de la historia que nos inquietan por la manera en que nos hacen conscientes de un pasado que se actualiza en nuestro presente.
            Miguel Olmos Aguilera escribe un capítulo sobre la memoria de las máquinas y comparte sus reflexiones sobre el patrimonio industrial a partir de lo intangible, entendido como aquellos “elementos que incluso teniendo materialidad (…) se manifiestan en forma de rituales, mitos, leyendas, músicas, danzas y las más diversas formas religiosas a través de la tradición oral”. El problema, señala, es que no siempre hay un acuerdo respecto a lo que merece ser recordado y patrimonializado para generar “una política de lucha contra el olvido cultural e hisórico”.
            Sinhué Lucas Landgrave plantea en su capítulo los desafíos para la investigación arqueológica y su relación con la arqueología industrial. Este tipo de exploración y de esfuerzos de conservación se remontan a Inglaterra, lo que no es de extrañar si se piensa en términos de lo que significó la revolución industrial para ese país y sus dominios coloniales. Señala algunos de los vacíos legales que deja abiertos la normatividad vigente en nuestro país desde 1972, que deja sin protección legal a, prácticamente, todo el patrimonio material desde finales del siglo XIX hasta estos días del siglo XXI. Su capítulo nos hace pensar en la posibilidad de hacer arquología en contextos que van más allá de lo que parecía hacernos creer Jurassic Park  y sus secuelas que era el campo de la aqueología.
            El segundo tema del libro, “Experiencias de gestión en Europa y México”, es abordado en otros tres capítulos. Miguel Ángel Álvarez Areces describe la relación del patrimonio industrial con los paisajes mineros y esnfatiza: “en tiempos de crisis” para compartir datos e ideas en torno a la rehabilitación de instalaciones que fueron utilizadas para la producción pero han dejado de serlo. Describe algunos de los espacios industriales que han sido intervenidos y conservados en otras partes del planeta. Describe algunos de los parques industriales en Europa, en especial en Alemania, Italia, Inglaterra, España y su exposición nos permite contrastar con el caso de la mina de oro “Dos Estrellas” en Tlalpujahua, Michoacán. Su refelxión resalta cómo el patrimonio industrial sigue siendo dinámico y no se trata de objetos encapsulados en museos tradicionales y puede ser integrado en el paisaje urbano y regional.
            Martín Manuel Checa-Artasu expone el caso específico de la rehabilitación del patrimonio industrial en Barcelona y cómo ésta atravesó por diversas etapas, que van desde las reivindicaciones vecinales, pasando por las rehabilitaciones del sector privado y la reivindicacion del patrimonio como identidad hasta la crisis económica y estructural actual, que lleva a otro tipo de inquietudes en la población. Este capítulo relaciona también las invrsiones privadas y públicas en la conservación del patrimonio industrial local y regional.
            Humberto Morales Moreno y Óscar Alejo García son los autores del tercer capítulo de este tema y lo dedican al patrimonio industrial textil mexicano, específicamente al museo de “La Constancia”, ubicado en donde funcionó la fábrica del mismos nombre entre 1853 y 1991. El capítulo describe los edificios de la fábrica y el proceso por el que pasaron en más de un siglo de funciones industriales, para culminar con el proceso de la creación del Museo Histórico de la Industria Textil y el Centro Nacional de Documentación del Patrimonio Industrial, ubicados en el estado de Puebla.
El tercer tema de esta compilación se enfoca específicamente al patrimonio cultural coahuilense, del que los vestigios y los espacios de producción industrial constituyen una parte importante. Este tema es abordado en cuatro capítulos. Llama la atención, en especial para quienes, ignorantes como yo, no sabíamos mucho de la importancia de primera línea del patrimonio industrial y cultural del estado de Coahuila. Más allá de los sarapes y de la escuela de agricultura y algunas historias trágicas de los migrantes que atraviesan ese estado, no es mucho lo que se difunde acerca de ese estado fronterizo.
El primer capítulo dedicado al patrimonio cultural de Coahuila comienza con una revisión de los documentos legales que han dado lugar a la posibilidad de proteger el patrimonio cultural en los niveles federal y estatal. El autor de este capítulo, Marco Antonio Flores Verduzco, revisa estas legislaciones y señala que en 1914 se pomulgó la Ley sobre la conservación de monumentos históricos y artísticos y bellezas naturales, la que se modificó en 1916 para dar lugar a la Ley sobre la conservación de monumentos, edificios, templos y objetos históricos y artísticos. El capítulo entra en detalle acerca de otras legislaciones de los años treinta y señala que en los años setenta se estableció una clasificación por temporalidad del patrimonio: arqueológico, histórico y artístico. Además de las legislaciones y organismos encargados en el pasado y en la actualidad de conservar este patrimonio cultural, el autor llama la atención a la cuestión de ¿para qué conservar? Y plantea algunos de los retos de este trabajo social de conservar la memoria en el contexto específico de Coahuila.
Cristina Matouk Núñez analiza el caso del museo de los metales, ubicado en un edificio construido en Torreón en 1901. El edificio en el que actualmente se ubica el museo fue construido para albergar las oficinas generales de la Compañía Metalúrgica de Torreón, además de tres casas habitación. Hace casi un siglo, en 1917, pasó a ser propiedad de la Compañía Minerales y Metales, actualmente Met-Mex Peñoles. En 2005 se comenzó la restauración del edificio para convertirlo en museo. La autora de este capítulo detalla la relación de este edificio con la extracción y procesamiento de metales y cómo ha servido de base para el rescate de testimonios de al menos tres generaciones de trabajadores, además de imágenes y documentos escritos.
Cecilia Pelletier Bravo resalta la importancia del patrimonio industrial en la región carbonífera del mencionado estado. Se remonta a 1577 cuando, en esta región, se fundaron las Minas de la Trinidad. Enumera distintas explotaciones: 1828 – carbón; 1870 – cobre; 1879 y luego en 1890 – óxido de zinc, plata y plomo; e informa que en años recientes se ha explotado fluorita, celestita, sales de sodio-magnesio, yeso, barita y dolomita. Describe una serie de problemas suscitados por la minería y cómo se ha propuesto la “minería sustentable” a partir de la consciencia de la contaminación ambiental. Lo central del capítulo, me parece, es que hace explícitas una serie de propuestas con esta lógica de la sustentabilidad en los planos técnico, ambiental y social, para luego describir lo que se ha realizado, primero, en la carbonífera ubicada en el municipio de San Juan de Sabinas, así como en otros lugares. Describe asimismo algunas de las acciones de apoyo a las comunidades.
Camilo Contreras Delgado escribe el capítulo final y lo dedica a la relación del paisaje con el patrimonio industrial y describe algunas exploraciones de la región carbonífera. Resalta de qué manera la identidad de esta región y sus habitantes está vinculada a estas explotaciones. Además de insistir en no fragmentar las expresiones espaciales históricas, especifica que “quizá el mayor desafío pueda ser transmitir la idea y lograr la gestión patrimonial en la lógica de la conservación de paisaje”.   
Quiero concluir con algunas reflexiones acerca de cómo este libro nos sirve como guía para observar nuestro propio entorno. No es un patrimonio que se haya conservado ni reconocido, pero del que podríamos pensar que sigue ahí. O al menos algunos vestigios. Hace algunas semanas, otro amigo  escritor, Gerardo Gutiérrez Cham, me comentaba que su novela Snapshot se inspiró en parte porque, en sus viajes cotidianos pasaba junto a la cada vez más abandonadas instalaciones de la Kodak (antes con el subtítulo de “Empresa Fotográfica Interamericana”) y que hoy albergan una empresa de productos de tecnología orientada a la medicina. Cabría preguntarles a los autores de este libro, expertos en el patrimonio industrial, cómo hicieron ellos y la sociedad civil organizada en el norte del país para que, además de El Colegio de la Frontera Norte, al menos algunos de los gobiernos y las empresas (como Peñoles) se interesaran por estudiar y establecer museos, rescatar (al menos parcialmente) el paisaje industrial con sus edificios, vestigios, documentos, testimonios. Un caso que resalta es el de cómo, las instalaciones de la empresa Motorola acabaron por convertirse en un centro comercial a pesar de las protestas de los vecinos de Ciudad del Sol en el sentido de que se trataba de terrenos radioactivos. Recienteme se elevan algunas torres de vivienda en otro sector de ese mismo terreno.
En otras partes de nuestra geografía urbana y regional existen otras industrias que no parecen asociarse con las preocupaciones de conservación del patrimonio ni del ambiente. Los casos de las industrias en el corredor de El Salto-Juanacatlán (asociadas a la contaminación del río Santiago), así como las empresas asociadas a la producción textil o farmacéutica, el procesamiento de lácteos o de glucosas, son algunos que vienen a mi memoria y probablemente los que lean el libro encontrarán algunos otros paralelismos o contrastes de otras regiones con los casos analizados ahí. Otro caso actual es el de las torres que se construyen en donde estuvieron las instalaciones de la embotelladora La Favorita (y que después fueron de la empresa Atlética).  Las torres no sólo son construidas por una empresa que se dedica además a la distribución de cuando menos tres marcas de automóviles en la región y que antes se dedicaba a la industria textil, sino que están vinculadas a un pasado industrial por otros elementos: ocupan el lugar de una fábrica de Coca-Cola en donde se procesaban toneladas de azúcares provenientes de otras fábricas como el ingenio que sigue inserto en pleno centro de la cercana ciudad de Tepic y que contamina desde hace décadas el ambiente de la capital nayarita; son prueba de un descuido en el rescate de testimonios de los trabajadores y de los que se convirtieron en parte del ejército de diabéticos de la ciudad de Guadalajara, además de que no se conservan restos de lo que fue esa fábrica que se preciaba de mostrar al público sus productos a través de una vidriera. Esa embotelladora de La Favorita era parte de un modelo que después se utilizó en la industria del zapato, en las fábricas de Calzado Canadá en Guadalajara y en Lagos de Moreno, y que están en ruinas, sin que haya personas concientes del patrimonio que rescaten a ninguna de las tres.
Mi recomendación final consiste en señalar que geógrafos, historiadores, empresarios, funcionarios, sociólogos, abogados laboristas, luchadores sociales, ambientalistas, deberían leer este libro para disfrutarlo pero sobre todo para comenzar a detectar cuáles vestigios y restos pueden rescatarse y convertirse (o no) en parte de los paisajes urbanos de nuestra región… O quizá haya quienes, tras una sesuda lectura,  propongan que deban erradicarse determinados lugares o actividades industriales…


Luis Rodolfo Morán Quiroz. Universidad de Guadalajara.