Este 27 de enero del 2012 se cumplen SIETE MESES de la renuncia de Salvador Acosta como jefe del Departamento de Estudios de la Cultura Regional (DEC-CUCSH). Los funcionarios que ocupan puestos superiores en el organigrama no han logrado, debido a que tienen TANTO TRABAJO y tantas ocupaciones con mayor importancia y urgencia, conseguir tiempo para:
1) escribir el plan en el que se expongan las razones, con base en un diagnóstico, para no nombrar un nuevo jefe en ese departamento;
2) ni tampoco para delegar en otros escribanos, la escritura del plan por el cual el rector propone la desaparición del DECR (¿sospechamos que es porque ese departamento no tiene jefe?);
3) ni tampoco para ordenar y pagar la imprimesión del número 8 de la revista ESTUDIOS SOCIALES, cuyos materiales se entregaron en la secretaría académica del CUCSH con un oficio de parte del propio Salvador Acosta, desde el 4 de mayo del 2011, y que ya han sido editados y diagramados;
4) tampoco han tenido tiempo de atender a los asuntos pendientes del DECR y, aparte de Dulce María Zúñiga y Ricardo Rodríguez, que se han hecho presentes para avisar de la desaparición del DECR, pero no de los detalles y argumentos (¿sospechamos que sólo el rector los sabe?), ni siquiera se han hecho presentes para conocer el parecer del personal académico y administrativo adscrito al DECR;
5) tampoco han tenido tiempo de enviar a edición los materiales de la revista ESTUDIOS SOCIALES número 9, que se enviaron a la Secretaría Académica del CUCSH, con el Visto Bueno de la directora de la División de Estudios de la Cultura;
6) tampoco han tenido tiempo de convocar ni de recibir (ante solicitudes explícitas desde principios de julio de 2011) al director de la revista ESTUDIOS SOCIALES;
7) ni siquiera les ha alcanzado el tiempo para responder a las propuestas de acciones que les ha hecho el director de la revista, ni a las solicitudes de información respecto a posibles fechas de publicación de la revista en papel y en la World Wide Web;
8) ni siquiera les ha alcanzado el tiempo para expresar su acuerdo o desacuerdo con las acciones altrnativas que ha propuesto el mencionado director de la revista.
¿Estarán dedicados esos funcioarios a la "grilla" (según término del propio rector del CUCSH, el maestro en COMUNICACIÓN Pablo Arredondo Ramírez) en vez de dedicarse a apoyar las funciones sustantivas de la universidad? Aunque ya sabemos que el silencio "comunica" suele ser más explícito el mensaje cuando se expresa on palabras, ya sea de viva voz o por escrito.
Habrá que ver si en los próximos siete meses esos funcionarios pueden hacer un espacio en su agenda para atender los asuntos del DECR y de su revista. Por lo pronto, como para hacer una celebración sietemesina, el día 25 de enero comenzaron a llegar, al edificio de Juan Manuel 130 (edificio en el que se encuentra "lo que queda" del DECR, además de otras dependencias del CUCSH), cargas de muebles al sótano-estacionamiento del edificio, enviadas por las autoridades del CUCSH. Según se dijo, será únicamente "por un mes". Ya se verá si a los OCHO MESES de la renuncia de Salvador Acosta como jefe del Departamento de Estudios de la Cultura Regional el sótano está nuevamente en condiciones de ser utilizado como estacionamiento. Y ya se verá si ya hay un nuevo jefe de ese Departamento o si al menos ya se escribió el plan (que incluya un diagnóstico del CUCSH y de sus demás departamentos) por el que se propone y argumenta la desaparición del DECR y se explican las razones por las cuales han retrasado la publicación de una revista que en números anteriores incluye autores de "prácticamente" todo el planeta.
¿O tendremos la sorpresa de que en realidad existe un plan para desaparecer todo el CUCSH y por eso sus autoridades van desapareciendo y desdibujándose poco a poco?
¿Deberá esta escasez de espacio en las agendas de los funcionarios (es decir, que no tengan tiempo) preocupar a los universitarios de Jalisco?
LRMQ
(por cierto, director de la revista ESTUDIOS SOCIALES)
MoranQuiroz
jueves 26 de enero de 2012
SIETE MESES SIN JEFE DE DEPARTAMENTO
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jueves, enero 26, 2012
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martes 6 de diciembre de 2011
Una sencilla solicitud
Hace unos años “resucitamos”, en el departamento de la Universidad de Guadalajara en el que trabajo, la revista Estudios Sociales, Nueva Época (http://estudiossocialesudeguadalajara.blogspot.com/)
Entre quienes hemos participado en ella hasta el momento, ha estado la idea de promover la publicación de textos académicos de diversas ciencias sociales con una perspectiva que supere la hiper-especialización y pueda servir de base para el diálogo y el debate entre profesionales de diversas disciplinas. Durante los últimos seis meses, en especial a raíz de la renuncia del jefe de departamento, he insistido en hacer una muy sencilla solicitud al rector de nuestro centro universitario, el Maestro Pablo Arredondo Ramírez, y al secretario académico del mismo centro, el Dr. José María Nava: que se canalicen los recursos para el pago de la impresión de los dos números correspondientes al año 2011. Para llegar a ese momento, he solicitado también que se pague a la editora por su trabajo.
Mi trabajo como director de la revista incluye elaborar esa solicitud, que antes hacía directamente el jefe del departamento (el Departamento de Estudios de la Cultura Regional no tiene jefe desde el 27 de junio del 2011; escribo esto el día 6 de diciembre del mismo año). La solicitud va acompañada del material para que pase por el escritorio del Dr. José María Nava, a unos dos kilómetros de donde trabajamos en la revista, antes de que el material sea enviado a la coordinación de publicaciones, unos 30 escalones debajo de la oficina de la revista, para su diagramación.
Durante seis meses he insistido en esa sencilla solicitud, y no he obtenido respuesta. Ni positiva, ni negativa. Ni siquiera necesitaría respuesta si la revista estuviera ya impresa, pues muy probablemente me toparía con ella en la librería de la U. de G. sin necesidad de insistir en que se imprimiera. Pero, como no se ha impreso la revista, he seguido insistiendo y lo seguiré haciendo hasta que 1) se imprima o hasta que 2) las autoridades me digan por escrito que la revista desaparece y por qué razones. En el primer caso, mi tarea como director de la revista será avisar a los autores que sus textos están ya impresos (y en la red mundial de internet) y promover que se envíen ejemplares, con dinero de la universidad (o enviar yo mismo, con los costos pagados por mí) a los autores de fuera de la universidad o de la ciudad, y a los miembros del consejo de redacción y del comité editorial, además de las instituciones con cuyas revistas tenemos intercambio. En el segundo caso, mi tarea consistirá en transmitir a los autores el mensaje escrito de las autoridades y decir que esas autoridades han decidido que la revista no podrá cimplir con sus compromisos. Como conozco personalmente a algunas decenas de autores, incluso podría proponerles alternativas para su publicación en otras revistas que dirigen algunos de mis colegas y amigos.
Sin embargo, las autoridades de mi centro universitario no sólo no han respondido a mi sencilla solicitud (asegurar que se imprima la revista en papel y que además se ponga en internet), sino que ahora han decidido olvidarse de la relativa amistad que nos daba el haber colaborado en otros contextos institucionales en el pasado. Para ellos, mi insistencia me ha convertido en su “némesis” y, ya entrados en sus vértigos argumentales (véase, por ejemplo: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/140/14003117.pdf), hacen explícitas solicitudes para que yo no esté presente en las reuniones con algunos otros de mis compañeros de trabajo en esta universidad… ¿Temerán que vuelva a solicitarles lo que tengo la obligación, como parte de mi trabajo, de solicitarles? ¿Temerán reconocer que ellos, como funcionarios, no saben cómo cumplir su tarea y que tampoco se atreven a preguntar a alguien que sepa? ¿O será que se les olvidó presupuestar el gasto de la revista para el 2011 y ahora no quieren reconocer que no hay dinero pero tampoco quieren que se sepa que no hay dinero para imprimir? ¿O alguien se habrá robado el dinero bajo sus narices y no quieren decir que el dinero desapareció sin que ellos se dieran cuenta, a tiempo para decirnos que dejáramos de hacer un trabajo que luego tendría un costo que no podrían cubrir?
Ante esta sencilla y reiterada solicitud, rememoro a un amigo que, cuando jugábamos dominó, tomaba diez a quince minutos para “decidir” qué ficha poner. Después de varias amonestaciones de los otros tres jugadores para que se apurara y de mucho sobarse la barbilla, de revolver sus fichas y reacomodarlas, acababa declarando: “¡paso!”. Si las autoridades no tienen el dinero o la capacidad para conservar la revista, bien podrían haberlo dicho desde el principio del año, en vez de hacernos esperar, a los autores, dictaminadores, y a quienes elaboramos la revista, que sí habrá los recursos neuronales y financieros para hacerlo. Si no hay ni habrá recursos: ¿qué esperan para redactar una sencilla respuesta a una sencilla solicitud a la que no pueden responder afirmativamente? No era necesario convertirme a mí y a otros muchos académicos que solicitamos los recursos necesarios para realizar nuestras tareas en la universidad, en sus enemigos.
El caso de la revista, dicho sea de paso, me ha dado pie para enterarme de que hay otras tareas con las que se ha comprometido la Universidad de Guadalajara y a las que no ha dado seguimiento, tanto dentro como fuera del CUCSH. Entre ellas, algunas que ni siquiera requieren de recursos, sino simplemente declaraciones. Extender una carta para aceptar a una profesora visitante que pagará su estancia en nuestro país y en nuestra universidad, bajo la condición única de que nuestra universidad le asegure que hay interés en su trabao y que entre los académicos locales encontrarpa interlocutores. Los académicos están listos y entusiasmados, mientras que los funcionarios siguen ocultando, bajo un velo de soberbia (“no la hago porque no quiero”) lo que es en realidad impotencia o ineptitud (para alguien con la auto-estima bien puesta resulta tan fácil declarar: “no la hago porque no puedo o porque no sé”).
Así que ante ésta y muchas otras solicitudes sencillas, los funcionarios se hacen los dignos, como si fuera un atrevimiento de nuestra parte cumplir con nuestros trabajos y solicitarles que ellos cumplan con su parte como administradores de los recursos. Recursos que no siempre son financieros. A veces es simple cuestión de usar un sello que, dado su nombramiento como funcionarios, tienen la autoridad de utilizar. Y si se tardan en cumplir con sus obligaciones, es problema nuestro que “nos urja” porque a ellos no parece que les urja hacer su trabajo ni cumplir con una protesta explícita en el momento de asumir sus puestos.
Desafortundamente, a pesar de la tan famosa frase del señor Martí, el hecho de que “no puedan” (o no sepan, y pongan cara de que es porque no se les da la gana), no deriva en que tengan la vergüenza suficiente para renunciar o para apresurarse a cumplir sus obligaciones. Simplemente optan por señalar como enemigos a quienes insistimos en que, dentro de la división del trabajo en la universidad, hay algunas porciones que a ellos les corresponde cumplir. El rector del CUCSH, no sólo ha decidido declararme a mí (y a otros varios académicos más) su enemigo personal, en vez de cumplir con sus obligaciones, sino que insiste en que el hecho de no cumplir con lo prometido el día en que tomó protesta como funcionario es “porque no quiere”, cuando en realidad es porque no puede, porque no quiere poder y porque no quiere admitir su impotencia. Quienes hemos optado por “hacer y hacer cumplir” tendremos que seguir insistiendo a contra-corriente, en vez de que simplemente se nos considerara “colaboradores” en un trabajo más amplio. Más fácil les ha resultado para cubrir la ineptitud ante una sencilla solicitud, quedarse con la creencia de que “de esos jabones hay muchos, no importa que se pierda uno más…”
Luis Rodolfo Morán Quiroz
Departamento de Estudios de la Cultura Regional
División de Estudios de la Cultura
Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad de Guadalajara
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martes, diciembre 06, 2011
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jueves 1 de septiembre de 2011
El PENDE-PLAN de Ciencias Sociales y Humanidades
Hay incertidumbre en la Universidad de Guadalajara, y el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) no es la excepción. Desde antes de las vacaciones de verano corren rumores de que existe un supuesto plan de re-estructuración de este centro universitario, pero el documento no se ha publicado ni en papel ni en el sitio web de esta casa de estudios. De las pocas cosas que han trascendido de ese plan de re-estructuración al que podríamos llamar, para abreviar el “PENDE-PLAN” (Plan para el Establecimiento y Nulificación de Departamentos para los Ahorros en la Nómina) se encuentran:
1) La propuesta verbal de fusión del Departamento de Estudios de la Cultura Regional (DECR) con el Departamento de Desarrollo Social (DES). Ello sin importar que esos departamentos pertenecen a dos distintas divisiones dentro del CUCSH; y
2) La propuesta verbal posterior de desaparición del DECR.
En espera de que la unidad de transparencia de la Universidad de Guadalajara dé a conocer públicamente el plan, como respuesta a las solicitudes que hemos hecho varios de los académicos que trabajamos en esa institución, cabe esbozar algunos de los otros puntos que contempla el PENDE-PLAN, a partir de los “trascendidos” por rumores y mensajes de correo electrónico que hemos recibido a nuestro regreso de las vacaciones. Cabe mencionar que en mis entrevistas personales con el jefe del departamento del DES, declara desconocer que exista algún plan y con el coordinador de planeación del CUCSH, dice desconocer si el rector del CUCSH tenga un plan como parte de sus actividades personales, pero que en su coordinación no hay tal.
En un mensaje electrónico proveniente de la División de Estudios de la Cultura (al que pertenece el DECR) aparece esta frase: “La información hasta el momento es que el personal del DECR, cada uno independientemente, promueva su cambio de adscripción hacia alguno de los departamentos del CUCSH o de la Red Universitaria” y se nos informa que es posible que los académicos propongamos un centro o instituto para que se exponga esa intención ante el consejo de centro. El mensaje concluye: “La decisión de la situación del DECR la tiene el Consejo General Universitario previa propuesta desde el CUCSH. Habría que conocer el procedimiento, tanto de la desaparición del DECR, como la creación de Centro de Estudios, Instituto de Investigación, etc. sea el caso que se proponga”.
Como el PENDE-PLAN no se ha dado a conocer, y parece que ni siquiera se le ha turnado al consejo de centro, insisto (como lo he hecho en reuniones con mis colegas de trabajo) en que no podemos saber a qué departamentos o unidades de la red univesitaria podríamos tramitar nuestros cambios dado que no contamos con la lista de los demás departamentos que desaparecerán dentro del CUCSH en particular o dentro de la U. de G. en general. Si se comienza por desaparecer el departamento que fue el heredero del Instituto de Estudios Sociales, el primero del área de ciencias sociales, ¿debemos asumir que los siguientes que desaparecerán son aquellos cuya creación data de más años? ¿Podemos asumir que continuarán los que tengan menos años? ¿O el criterio es la cantidad de académicos? Es decir: ¿sería más seguro pedir cambios a los departamentos con una menor cantidad de años de historia y de académicos, puesto que el DECR es de los primeros y más grandes del CUCSH?
Los criterios de “desaparición” de departamentos que propone el PENDE-PLAN no se han dado a conocer, así que los académicos tampoco sabemos si las razones para que comencemos a cambiarnos tienen que ver con productividad o con ahorros. Otro mensaje que he recibido señala que, según se ha enterado quien lo escribe, se trata de hacer supuestos ahorros en la Universidad y comenta: “ ‘ante la crisis’ (en la que yo no creo: se trata de un uso perverso de los presupuestos), la ‘idea genial’ fue desaparecer un centro de investigación. En lugar de revisar las grandes fugas que existen en la universidad. O sea: recortemos la investigación pero no recortemos la vida principesca de la farándula…”
Para situar en un contexto más amplio al PENDE-PLAN que promueve el rector del CUCSH (aparentemente, pues él tampoco ha dicho que exista plan alguno ni ha respondido a nuestras peticiones de información, ni lo ha hecho el rector general), cabe mencionar que el plan implícito comenzó ya a aplicarse en otras instituciones. Por citar un caso: “nos cerraron unidades académicas sin previo aviso y ya con las clases iniciadas, argumentando que no se pueden abrir sin un minímo de 15 alumnos (situación que antes no se había presentado) esto nos tiene muy preocupados porque además, en el concurso de selección de este año, solo admitieron 17 personas y vemos amenazada la carrera de sociología en nuestra universidad. Por este motivo nos encontramos en movilización recurriendo a la Defensoria de Derechos Universitarios de la UAEM”.
Cabe preguntarse si, además de departamentos enteros del CUCSH, se cerrarán también carreras y otros programas de posgrado: ¿cuáles y cuándo? ¿Deben también los alumnos comenzar a tramitar sus cambios de carrera? El PENDE-PLAN hace eco de una de las propuestas centrales de la novela 1984, de George Orwell: “la ignorancia es fortaleza”. Mientras los dis-funcionarios deciden nuestros destinos, seguimos sumidos en la ignorancia respecto a sus intenciones
Luis Rodolfo Morán Quiroz
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jueves, septiembre 01, 2011
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miércoles 22 de diciembre de 2010
La bicicleta como transporte universitario alternativo
La bicicleta como transporte universitario alternativo (publicado en GDL en BICI en octubre de 2010: http://www.gdlenbici.org/index.php?option=com_content&task=view&id=476&Itemid=1)
Crónica en Bici - La bicicleta como transporte universitario alternativo
Luis Rodolfo Morán Quiroz
Para una de mis alumnas de psicología constituyó un gran desencanto enterarse de que, además de realizar mis viajes por la ciudad de Guadalajara en mi bicicleta Cóndor modelo 1984, era yo poseedor y usuario de un VW 1977. “¿Verdad que no es cierto que tú tengas carro?, ¿Verdad que tú andas todo el tiempo en bici?”, me preguntó con ansiedad al inicio de una de las clases. Tuve que desengañarla y responder que, sobre todo por las tardes y noches, no tenía el valor de recorrer la ciudad todo el tiempo en bicicleta. Desde ese momento de decepción para la aspirante a psicóloga, se han dado múltiples cambios en la ciudad de Guadalajara, en especial en lo que se refiere al aumento del tráfico de automóviles en la ciudad, la densidad poblacional y la infraestructura urbana, y ello ha hecho más importante considerar a la bicicleta como un medio complementario y alternativo para transportarse en esta ciudad. La propuesta que en los años ochenta se presentara ante el gobierno del estado de construir una ciclovía sobre la avenida Federalismo había sido rechazada por incostesable, y hubo de pasar un cuarto de siglo para que esa ruta al fin se consolidara, de manera muy similar a algunas de las rutas ciclistas que ya desde los ochenta funcionan en ciudades como Munich y Friburgo: una parte de la acera quedaría destinada al uso (relativamente exclusivo) de los ciclistas.
Desde entonces, el crecimiento de la ciudad de Guadalajara ha sido abrumador y desde los años ochenta hasta la segunda década del siglo XXI la población y la mancha urbana se han incrementado de manera considerable. Si en 2010 la población de la Zona Metropolitana (ZMG) rebasa los cuatro millones de habitantes, en los años ochenta la población de esta misma área rondaba apenas los dos millones. La densidad de la población en la Ciudad de Guadalajara se ubicaba en 1980 en 8,654 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que en 2010 la densidad es muy similar (8,761 Hbs/km2), lo que significa que buena parte del crecimiento de la población de la ZMG se ha dado en los municipios conurbados. La mancha urbana se ha extendido en varios kilómetros cuadrados, pues si en los ochenta la ZMG se extendía a cuatro municipios, en la actualidad alcanza ya ocho: El Salto, Tlajomulco de Zúñiga, Tlaquepaque, Tonalá, Guadalajara, Zapopan, Juanacatlán e Ixtlahuacán de los Membrillos.
La cantidad de automóviles particulares que transitan en la ZMG ha aumentado notablemente, precisamente porque las necesidades de transporte en el área no logran cubrirse por el transporte colectivo. Cabe citar algunas cifras (véase tabla 1): mientras que en la Zona Metropolitana del Valle de México hay 0.29 automóviles por persona y en la Zona Metropolitana de León son 0.15 por persona, en Guadalajara la cantidad asciende a 0.33 vehículos por persona, es decir, en Guadalajara y en el Valle de México hay cerca de tres personas por cada vehículo y en León existe un vehículo para cada seis personas.
Tabla 1: Población, cantidad de automóviles y número de vehículos por habitante en tres Zonas Metropolitanas en México (conviene ver el enlace para visualizar una versión más ordenada de esta tabla. Aquí: http://www.gdlenbici.org/index.php?option=com_content&task=view&id=476&Itemid=1)
Zona Metropolitana Valle de México León, Gto. Guadalajara, Jal.
Población 19' 239, 910 1'200,612 4'298,715
Cantidad de Vehículos 5'592,290 189, 327 1'442,572
Habitantes por vehículos 3.44 6.34 2.97
Vehículos por habitantes 0.29 0.15 0.33
Fuente: IV Congreso Internacional de Transporte Sustentable, 2008.*
La falta de planeación en cuanto a las áreas de vivienda, comercio y trabajo y la infraestructura para trasladarse entre ellas ha privilegiado que se construyan más obras para los vehículos particulares y una menor cantidad para el transporte colectivo y para los traslados a pie y en bicicleta. Basta ver las condiciones y la estrechez de las aceras en buena parte de la ZMG para darse cuenta que son pocas las zonas de la ciudad en las que se toma en cuenta la necesidad de trasladarse a pie, en silla de ruedas o en bicicleta-triciclo.
En ese contexto, las universidades de la ZMG han hecho poco por promover que sus estudiantes y su personal administrativo y académico se transporte en bicicleta, aunque en años recientes se han instalado ciclopuertos en algunas de estas instituciones educativas, principalmente en el ITESO y después en la Universidad de Guadalajara. En mi caso personal, he seguido utilizando la bicicleta para buena parte de mis traslados matutinos y algunos de los traslados vespertinos a mis lugares de trabajo en algunas de las instituciones académicas de la ZMG, en donde he sido investigador, docente y eventual sinodal. Por ello, además de los traslados ciclistas a mi habitual trabajo en la Universidad de Guadalajara he podido aprovechar la bicicleta durante algunos cursos en el ITESO, la Universidad La Salle y en sedes de la propia Universidad de Guadalajara en donde no me desempeño habitualmente. Mis principales traslados en bicicleta hacia destinos “académicos” los realizo hacia el ITESO (a 4kms de mi casa), a mi departamento de adscripción principal, que depende del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), que se ubica a 14kms de mi casa y fuera del Campus, en las cercanías del Parque Morelos, y al propio campus del CUCSH (a 16kms de mi casa).
Desde mi infancia soy un aficionado a la bicicleta y hace más de treinta años soy un corredor habitual. Eso me ha ayudado a tomar conciencia de que hay distancias que en vehículo motorizado se perciben como “lejanas”, cuando en realidad al trasladarse en esos vehículos sólo se prolongan en el tiempo, aunque no en el espacio. Usé la bicicleta para mis traslados hacia la licenciatura en el ITESO de manera alternada con correr y viajar en mi VW. Comencé a utilizarla para viajar a la Universidad de Guadalajara durante mi época de estudiante de posgrado, en una maestría que dependía del Instituto de Estudios Sociales y que en sus primeros semestres estuvo ubicada en el edificio de Liceo y Juan Álvarez (que actualmente ocupa el Sistema de Educación Media Superior, SEMS). Ya egresado de esa maestría utilicé la bicicleta para mis traslados a mi trabajo en ese mismo edificio, hasta poco antes de ir a vivir a Seattle, una ciudad ideal para corredores y ciclistas. Posteriormente realicé mi doctorado en Tijuana y continué con el hábito de trasladarme a la escuela corriendo o en bicicleta.
Poco a poco, las condiciones de las calles de Guadalajara han empeorado para las bicicletas. La gran cantidad de automóviles hace que las superficies de las calles se deterioren en mayor medida y con mayor rapidez que en los años ochenta y noventa. Así que, en vez de utilizar bicicleta de ruta (que en Guadalajara solemos llamar “bicicleta de carreras”), muchos de los ciclistas hemos optado por utilizar bicicletas de montaña y es sintomático que los actuales diseños de bicicletas urbanas tengan en cuenta la necesidad de llantas más anchas que las de ruta, mismas que en el pasado se podían utilizar con relativa comodidad en las ciudades. De tal modo, son relativamente escasos los viajes que todavía realizo en bicicleta de ruta, más ligera, y he tenido que usar con mayor frecuencia la bicicleta de montaña, con mayor resistencia a los baches pero de manejo menos ágil por la mayor fricción del tipo de llantas.
Además de que el número de vehículos ha aumentado, se ha incrementado el número de cruceros peligrosos, de semáforos que intentan regular el flujo de vehículos y peatones, y que a la vez generan embotellamientos. Lo que no ha aumentado es la visibilidad de los ciclistas a los ojos de los usuarios de vehículos de motor, pero tampoco ante las miradas de los planeadores urbanos. Hasta hace relativamente poco (dos o tres años, cuando mucho), eran contados los lugares en los que existía un lugar formal para estacionar la bicicleta en Guadalajara. Todavía hoy los ciclistas que además somos académicos o estudiantes debemos confomarnos con encadenar la bicicleta a los pasamanos de las escaleras en los edificios públicos y universitarios, en los postes de luz frente a las bibliotecas, a las bancas de metal en los parques o camellones frente a las librerías.
A lo largo de mis casi cuarenta años de traslados ciclistas en la ciudad de Guadalajara (con alguna experiencia adquirida en otras ciudades en las que he podido vivir y moverme en bicicleta, tanto en México como en el extranjero), he aprendido que los ciclistas tenemos que ser flexibles en nuestras rutas, pues es frecuente que las calles se vean bloqueadas por embotellamientos, que las banquetas (anchas o estrechas, urbanas o suburbanas) sean invadidas por puestos ambulantes y fijos y por automóviles e incluso camionetas y camiones de reparto. Algunas de las rutas que en el mapa parecen las más directas pueden ser, en realidad, intransitables por la cantidad de desniveles en sus superficies (escalones, rampas inadecuadas, estrechez), por la densidad del tráfico, por las condiciones de visibilidad (para ver y ser vistos), por el lapso disponible para cruzar determinadas avenidas siguiendo los tiempos marcados por el semáforo. Los ciclistas debemos tomar en cuenta, al planear nuestros viajes en la ciudad, todas estas condiciones e incluso la cantidad de peatones que pasan por los posibles lugares de nuestro traslado.
Es sintomático que para recorrer entre semana los 14kms que separan a mi casa de mi centro de trabajo tenga que utilizar 50 minutos. He hecho la prueba utilizando, en domingo, algunos tramos de la Vía Recreactiva, y la misma distancia me toma únicamente 30 minutos. Lo malo es que entre semana no está abierta la Vía Recreactiva y que los fines de semana no está abierto mi lugar de trabajo.
Desde que nació mi pimer bebé, en 2007, he organizado mi trabajo de manera que mis viajes al centro de la ciudad sean en menor cantidad y de menor duración. Para reducir el tiempo en que me alejo de casa, en algunas ocasiones subo la bicicleta a la camioneta, la que estaciono aproximadamente a dos tercios de la distancia entre mi casa y mi destino y continúo en bicicleta el tramo correspondiente al último tercio. Adicionalmente, además de los traslados a los edificios en los que trabajo, he podido añadir, ahora que mi pimer hijo comenzó a ir al jardín de niños, el traslado matutino para llevarlo a su escuela y para recogerlo tres horas después. Cuando regreso de entregar al mayor en la escuela, mi segundo hijo comienza nuestro entrenamiento para cuando él también inicie su educación formal, al añadir un segundo recorrido por los barrios cercanos a nuestra casa, que a veces incluyen una breve visita a su abuelo (a 2kms de distancia) o a su tía y su primo (a kilómetro y medio).
En los últimos años, al fin las autoridades de la Universidad de Guadalajara han reaccionado y han instalado ciclopuertos en algunos de los edificios universitarios, como en el CUCSH y en la torre administrativa. Todavía no hay un ciclopuerto en el edificio en el que está mi departamento de adscripción, a pesar de que somos aproximadamente diez las personas que llegamos habitualmente a él en bicicleta y de que tenemos ya casi tres años solicitando que se instale un ciclopuerto en vez de tener que encadenar nuestras bicicletas a los barandales de la escalera o tener que subirlas hasta nuestra área de trabajo.
Lo que habría que preguntarse es por qué en otras ciudades y en otras universidades sí hay una cultura de planeación que incluya a las bicicletas, a las sillas de ruedas y a los peatones en los planes para las obras de infraestructura, mientras que en Guadalajara y en la U.G., en el Iteso y en algunas otras instituciones académicas apenas hasta hace poco han comenzado a plantearse la posibilidad de que los estudiantes y el personal académico y administrativo lleguen en bicicleta. En la ZMG todavía son escasos los centros comerciales, los edificios públicos, los bancos, los parques, las librerías, los cafés, las escuelas, a donde se pueda llegar en bicicleta y en los que haya posibilidades de estacionarla. Irónicamente, en vez de que los encargados de esos edificios e incluso los automovilistas vieran con buenos ojos la existencia de un área específica para las bicicletas, a veces se nos cierra la posibilidad o se nos “desinvita”, a pesar de que contribuyamos a aumentar el número de usuarios, al mismo tiempo que dejamos espacios para otros, al no llegar también en vehículo de motor.
* Fuente de la tabla 1:
IV Congreso Internacional de Transporte Sustentable, 2008. “Comparativo de los sistemas de transporte en México”.
Crónica en Bici - La bicicleta como transporte universitario alternativo
Luis Rodolfo Morán Quiroz
Para una de mis alumnas de psicología constituyó un gran desencanto enterarse de que, además de realizar mis viajes por la ciudad de Guadalajara en mi bicicleta Cóndor modelo 1984, era yo poseedor y usuario de un VW 1977. “¿Verdad que no es cierto que tú tengas carro?, ¿Verdad que tú andas todo el tiempo en bici?”, me preguntó con ansiedad al inicio de una de las clases. Tuve que desengañarla y responder que, sobre todo por las tardes y noches, no tenía el valor de recorrer la ciudad todo el tiempo en bicicleta. Desde ese momento de decepción para la aspirante a psicóloga, se han dado múltiples cambios en la ciudad de Guadalajara, en especial en lo que se refiere al aumento del tráfico de automóviles en la ciudad, la densidad poblacional y la infraestructura urbana, y ello ha hecho más importante considerar a la bicicleta como un medio complementario y alternativo para transportarse en esta ciudad. La propuesta que en los años ochenta se presentara ante el gobierno del estado de construir una ciclovía sobre la avenida Federalismo había sido rechazada por incostesable, y hubo de pasar un cuarto de siglo para que esa ruta al fin se consolidara, de manera muy similar a algunas de las rutas ciclistas que ya desde los ochenta funcionan en ciudades como Munich y Friburgo: una parte de la acera quedaría destinada al uso (relativamente exclusivo) de los ciclistas.
Desde entonces, el crecimiento de la ciudad de Guadalajara ha sido abrumador y desde los años ochenta hasta la segunda década del siglo XXI la población y la mancha urbana se han incrementado de manera considerable. Si en 2010 la población de la Zona Metropolitana (ZMG) rebasa los cuatro millones de habitantes, en los años ochenta la población de esta misma área rondaba apenas los dos millones. La densidad de la población en la Ciudad de Guadalajara se ubicaba en 1980 en 8,654 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que en 2010 la densidad es muy similar (8,761 Hbs/km2), lo que significa que buena parte del crecimiento de la población de la ZMG se ha dado en los municipios conurbados. La mancha urbana se ha extendido en varios kilómetros cuadrados, pues si en los ochenta la ZMG se extendía a cuatro municipios, en la actualidad alcanza ya ocho: El Salto, Tlajomulco de Zúñiga, Tlaquepaque, Tonalá, Guadalajara, Zapopan, Juanacatlán e Ixtlahuacán de los Membrillos.
La cantidad de automóviles particulares que transitan en la ZMG ha aumentado notablemente, precisamente porque las necesidades de transporte en el área no logran cubrirse por el transporte colectivo. Cabe citar algunas cifras (véase tabla 1): mientras que en la Zona Metropolitana del Valle de México hay 0.29 automóviles por persona y en la Zona Metropolitana de León son 0.15 por persona, en Guadalajara la cantidad asciende a 0.33 vehículos por persona, es decir, en Guadalajara y en el Valle de México hay cerca de tres personas por cada vehículo y en León existe un vehículo para cada seis personas.
Tabla 1: Población, cantidad de automóviles y número de vehículos por habitante en tres Zonas Metropolitanas en México (conviene ver el enlace para visualizar una versión más ordenada de esta tabla. Aquí: http://www.gdlenbici.org/index.php?option=com_content&task=view&id=476&Itemid=1)
Zona Metropolitana Valle de México León, Gto. Guadalajara, Jal.
Población 19' 239, 910 1'200,612 4'298,715
Cantidad de Vehículos 5'592,290 189, 327 1'442,572
Habitantes por vehículos 3.44 6.34 2.97
Vehículos por habitantes 0.29 0.15 0.33
Fuente: IV Congreso Internacional de Transporte Sustentable, 2008.*
La falta de planeación en cuanto a las áreas de vivienda, comercio y trabajo y la infraestructura para trasladarse entre ellas ha privilegiado que se construyan más obras para los vehículos particulares y una menor cantidad para el transporte colectivo y para los traslados a pie y en bicicleta. Basta ver las condiciones y la estrechez de las aceras en buena parte de la ZMG para darse cuenta que son pocas las zonas de la ciudad en las que se toma en cuenta la necesidad de trasladarse a pie, en silla de ruedas o en bicicleta-triciclo.
En ese contexto, las universidades de la ZMG han hecho poco por promover que sus estudiantes y su personal administrativo y académico se transporte en bicicleta, aunque en años recientes se han instalado ciclopuertos en algunas de estas instituciones educativas, principalmente en el ITESO y después en la Universidad de Guadalajara. En mi caso personal, he seguido utilizando la bicicleta para buena parte de mis traslados matutinos y algunos de los traslados vespertinos a mis lugares de trabajo en algunas de las instituciones académicas de la ZMG, en donde he sido investigador, docente y eventual sinodal. Por ello, además de los traslados ciclistas a mi habitual trabajo en la Universidad de Guadalajara he podido aprovechar la bicicleta durante algunos cursos en el ITESO, la Universidad La Salle y en sedes de la propia Universidad de Guadalajara en donde no me desempeño habitualmente. Mis principales traslados en bicicleta hacia destinos “académicos” los realizo hacia el ITESO (a 4kms de mi casa), a mi departamento de adscripción principal, que depende del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), que se ubica a 14kms de mi casa y fuera del Campus, en las cercanías del Parque Morelos, y al propio campus del CUCSH (a 16kms de mi casa).
Desde mi infancia soy un aficionado a la bicicleta y hace más de treinta años soy un corredor habitual. Eso me ha ayudado a tomar conciencia de que hay distancias que en vehículo motorizado se perciben como “lejanas”, cuando en realidad al trasladarse en esos vehículos sólo se prolongan en el tiempo, aunque no en el espacio. Usé la bicicleta para mis traslados hacia la licenciatura en el ITESO de manera alternada con correr y viajar en mi VW. Comencé a utilizarla para viajar a la Universidad de Guadalajara durante mi época de estudiante de posgrado, en una maestría que dependía del Instituto de Estudios Sociales y que en sus primeros semestres estuvo ubicada en el edificio de Liceo y Juan Álvarez (que actualmente ocupa el Sistema de Educación Media Superior, SEMS). Ya egresado de esa maestría utilicé la bicicleta para mis traslados a mi trabajo en ese mismo edificio, hasta poco antes de ir a vivir a Seattle, una ciudad ideal para corredores y ciclistas. Posteriormente realicé mi doctorado en Tijuana y continué con el hábito de trasladarme a la escuela corriendo o en bicicleta.
Poco a poco, las condiciones de las calles de Guadalajara han empeorado para las bicicletas. La gran cantidad de automóviles hace que las superficies de las calles se deterioren en mayor medida y con mayor rapidez que en los años ochenta y noventa. Así que, en vez de utilizar bicicleta de ruta (que en Guadalajara solemos llamar “bicicleta de carreras”), muchos de los ciclistas hemos optado por utilizar bicicletas de montaña y es sintomático que los actuales diseños de bicicletas urbanas tengan en cuenta la necesidad de llantas más anchas que las de ruta, mismas que en el pasado se podían utilizar con relativa comodidad en las ciudades. De tal modo, son relativamente escasos los viajes que todavía realizo en bicicleta de ruta, más ligera, y he tenido que usar con mayor frecuencia la bicicleta de montaña, con mayor resistencia a los baches pero de manejo menos ágil por la mayor fricción del tipo de llantas.
Además de que el número de vehículos ha aumentado, se ha incrementado el número de cruceros peligrosos, de semáforos que intentan regular el flujo de vehículos y peatones, y que a la vez generan embotellamientos. Lo que no ha aumentado es la visibilidad de los ciclistas a los ojos de los usuarios de vehículos de motor, pero tampoco ante las miradas de los planeadores urbanos. Hasta hace relativamente poco (dos o tres años, cuando mucho), eran contados los lugares en los que existía un lugar formal para estacionar la bicicleta en Guadalajara. Todavía hoy los ciclistas que además somos académicos o estudiantes debemos confomarnos con encadenar la bicicleta a los pasamanos de las escaleras en los edificios públicos y universitarios, en los postes de luz frente a las bibliotecas, a las bancas de metal en los parques o camellones frente a las librerías.
A lo largo de mis casi cuarenta años de traslados ciclistas en la ciudad de Guadalajara (con alguna experiencia adquirida en otras ciudades en las que he podido vivir y moverme en bicicleta, tanto en México como en el extranjero), he aprendido que los ciclistas tenemos que ser flexibles en nuestras rutas, pues es frecuente que las calles se vean bloqueadas por embotellamientos, que las banquetas (anchas o estrechas, urbanas o suburbanas) sean invadidas por puestos ambulantes y fijos y por automóviles e incluso camionetas y camiones de reparto. Algunas de las rutas que en el mapa parecen las más directas pueden ser, en realidad, intransitables por la cantidad de desniveles en sus superficies (escalones, rampas inadecuadas, estrechez), por la densidad del tráfico, por las condiciones de visibilidad (para ver y ser vistos), por el lapso disponible para cruzar determinadas avenidas siguiendo los tiempos marcados por el semáforo. Los ciclistas debemos tomar en cuenta, al planear nuestros viajes en la ciudad, todas estas condiciones e incluso la cantidad de peatones que pasan por los posibles lugares de nuestro traslado.
Es sintomático que para recorrer entre semana los 14kms que separan a mi casa de mi centro de trabajo tenga que utilizar 50 minutos. He hecho la prueba utilizando, en domingo, algunos tramos de la Vía Recreactiva, y la misma distancia me toma únicamente 30 minutos. Lo malo es que entre semana no está abierta la Vía Recreactiva y que los fines de semana no está abierto mi lugar de trabajo.
Desde que nació mi pimer bebé, en 2007, he organizado mi trabajo de manera que mis viajes al centro de la ciudad sean en menor cantidad y de menor duración. Para reducir el tiempo en que me alejo de casa, en algunas ocasiones subo la bicicleta a la camioneta, la que estaciono aproximadamente a dos tercios de la distancia entre mi casa y mi destino y continúo en bicicleta el tramo correspondiente al último tercio. Adicionalmente, además de los traslados a los edificios en los que trabajo, he podido añadir, ahora que mi pimer hijo comenzó a ir al jardín de niños, el traslado matutino para llevarlo a su escuela y para recogerlo tres horas después. Cuando regreso de entregar al mayor en la escuela, mi segundo hijo comienza nuestro entrenamiento para cuando él también inicie su educación formal, al añadir un segundo recorrido por los barrios cercanos a nuestra casa, que a veces incluyen una breve visita a su abuelo (a 2kms de distancia) o a su tía y su primo (a kilómetro y medio).
En los últimos años, al fin las autoridades de la Universidad de Guadalajara han reaccionado y han instalado ciclopuertos en algunos de los edificios universitarios, como en el CUCSH y en la torre administrativa. Todavía no hay un ciclopuerto en el edificio en el que está mi departamento de adscripción, a pesar de que somos aproximadamente diez las personas que llegamos habitualmente a él en bicicleta y de que tenemos ya casi tres años solicitando que se instale un ciclopuerto en vez de tener que encadenar nuestras bicicletas a los barandales de la escalera o tener que subirlas hasta nuestra área de trabajo.
Lo que habría que preguntarse es por qué en otras ciudades y en otras universidades sí hay una cultura de planeación que incluya a las bicicletas, a las sillas de ruedas y a los peatones en los planes para las obras de infraestructura, mientras que en Guadalajara y en la U.G., en el Iteso y en algunas otras instituciones académicas apenas hasta hace poco han comenzado a plantearse la posibilidad de que los estudiantes y el personal académico y administrativo lleguen en bicicleta. En la ZMG todavía son escasos los centros comerciales, los edificios públicos, los bancos, los parques, las librerías, los cafés, las escuelas, a donde se pueda llegar en bicicleta y en los que haya posibilidades de estacionarla. Irónicamente, en vez de que los encargados de esos edificios e incluso los automovilistas vieran con buenos ojos la existencia de un área específica para las bicicletas, a veces se nos cierra la posibilidad o se nos “desinvita”, a pesar de que contribuyamos a aumentar el número de usuarios, al mismo tiempo que dejamos espacios para otros, al no llegar también en vehículo de motor.
* Fuente de la tabla 1:
IV Congreso Internacional de Transporte Sustentable, 2008. “Comparativo de los sistemas de transporte en México”.
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miércoles, diciembre 22, 2010
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jueves 22 de julio de 2010
El hermano menor
De mis hijos extrañaré sobre todo sus infancias. Mañana, 23 de julio, cumple tres años el mayor de ellos. Ése que me convirtió en padre de un cachito de cachorrito. Tres meses después, cumple dos años el segundo. Sus exactos quince meses de distancia repiten, casual o providencialmente, un patrón que ya mis padres habían ensayado, aunque sin tanta exactitud. De la fecha de nacimiento de mi hermana a mí, hay 15 meses menos tres días; de mi fecha de nacimiento a la de mi hermano menor hay 36 meses menos tres días. Pero si mi llegada tenía cierta justificación por el hecho de la lentitud propia de los varones frente a las mujeres, para asegurar que la distancia en términos de desarrollo infantil fuera más o menos equitativa entre los tres, en el caso de la diferencia de meses entre el mayor y el menor de mis hijos parece obedecer a una intención de igualarlos en desarrollo.
Ser hermano de alguien implica ya una comparación. La fraternidad es un término “relacional”; y si se es hermano, no queda más remedio que serlo mayor o menor. Así me lo confirma mi amigo y tocayo Luis, gemel, quien suele resaltar que el mayor es él, pues nació unos segundos antes. Ser mayor, lógicamente significaría simplemente llegar antes y comenzar a aprender y a desarrollarse antes y obligar desde antes a los progenitores a aprender cómo manejarse frente a su descendencia. Y los progenitores sólo pueden ser primerizos con el hermano/hermana mayor, pero nunca más. En eso los hermanos mayores son como la primera impresión. No hay nada anterior a lo que pueda recurrirse: ni la experiencia con los sobrinos, ni la adquirida como adultos frente a otros niños, ni la que adquirimos en la infancia y a la que los recuerdos de esta época de nuestras vidas quisieran arrancar sabiduría.
El problema con los hijos menores es que no siempre se puede suponer que lo aprendido como padres con los hijos mayores se puede aplicar a ellos. El hermano menor de mi hijo mayor se anunció con cierto aire casual: “llego, aunque no se hayan esforzado y angustiado por mi llegada…pero llego pronto”. Mientras que del hijo mayor queríamos que se anunciara pronto, y mis amigos hasta me felicitaban por tener que dejar el ejercicio diurno para guardar energía para que mis avejentados genes lograran fructificar en el ejercicio nocturno, el hijo menor llegó a pesar de haber retomado el ejercicio físico, y de los desvelos y cansancios provocados por el mayor.
Del mayor creímos que tendría problemas de oído, hasta que el pediatra nos explicó que estaba demasiado débil para protestar; llegamos a creer que era bizco, pues en algunas fotos un ojo “como que se le iba para allá”, hasta que la oftalmóloga nos explicó que era que simplemente el puente de la nariz era congruente con estar “tan cabezón”, como lo diagnósticó con franqueza su primo Óscar. Del menor no tuvimos tiempo de preguntarnos, ni de dudar, ni de plantearnos, padres hipocondríacos con el primero, si oía, pues sus protestas ante los más leves ruidos se dejaban comentar cada mañana hasta por la vecina de al lado, que parecía llevar el registro de las horas del llanto y de la exigencia de leche.
Se parece a tu hermano, declaraba mi suegra. Se parece a tu cuñado, declaraban otras. ¡Qué bonito tu hijo! Seguramente se parece a tu esposa…opinaban otras más, con lo que mi madre se sentía cada vez más derrotada, pues parecía reconocer, sin declararlo, que sus hijos no habían salido tan bellos como los de su nuera. Orgullosa de que jamás haya habido chamacos mejor aspectados que él y su hermano mayor, su madre le preguntaba “¿quién es el más guapo?” hasta que contestó, con una voz que probablemente articuló y comprendió el vocablo antes que su hermano: “¡yo!”, y se soltó a reir, como si entendiera ése y los otros chistes que nos hacían sonreir al verlo.
Tener un hermano menor no es fácil. Aparte de que se supone que quienes somos hermanos mayores de alguien más, tenemos la obligación de educarlo, el problema es cuando ese hermano no está de acuerdo con las prácticas anticuadas con las que fuimos educados unos meses atrás. Y si mi hermana asumió la tarea de educar a sus dos hermanos menores como si ella fuera mucho mayor, mi hermano menor no sólo prescindió de mis apoyos educativos, sino que se las arregló para ser tan listo como para educarme él a mí. En esa tradición invertida, mi hijo menor se las arregló para comenzar a enseñarle palabras, movimientos, pasos de baile, gritos, paciencia, a su hermano menor. Y si mi hermano menor me daba los argumentos centrales de algunos de mis trabajos de maestría cuando él estaba en la licenciatura, este hermano menor pronto comprendió que el llanto de su hermano no implicaba que hubiera una amenaza latente para todos los bebés de la casa, y pronto dejó de ser solidario con los llantos anhelantes del mayor.
Uno de mis estudiantes me felicitó por el nuevo crío y a la vez aprovecho para advertirme que, aparte de que ser hermano mayor puede no ser fácil, el ser hermano menor puede ser una carga. “Yo soy el menor de varios hermanos y cuando llegué parece que ya todo mundo estaba cansado y aburrido de tener bebés, así que ya no me hacían mucho caso. Hágale caso también al menor”. Y mientras tanto, el que había sido el único niño, rey y tirano de la casa, me tironeaba para que no me acercara a la cuna del menor, que llegaba a invadir no sólo lo que antes fue su espacio, sino a llenar de ocupaciones y preocupaciones el tiempo de unos padres que sólo eran para él. Así que durante las primeras semanas de existencia del menor tuve pocas oportunidades de abrazarlo y tenía que esperar a dormir al mayor para admirar al bebé de ojos y labios iguales a los de su madre. Y si el término de hermano es relacional y comparativo, el de la rivalidad fraternal, que tanto ha fascinado a los psicoanalistas, parece implicar que los niños comienzan a hacer cuentas y cálculos matemáticos del tiempo que los padres les dedicamos. Y a hacer cuentas del tiempo relativo que le dedicamos al hermano. “¿Por qué a él sí lo llevan, lo miman, le compran, le hacen, le toleran…y a MÍ NO?”, nos preguntamos, magnificando las atenciones que le prodigan al hermano y decretando que por mucho que nos den, mientras no sea todo, seguirá siendo poco.
En esa rivalidad, el hermano menor se enfrasca en conquistar un territorio y un tiempo de los padres que antes era exclusivo y que para él jamás lo será: hay ya un ocupante con el que hay que compartir a los progenitores, los espacios, los tiempos, la comida, los juguetes, las asientos en la carreola, en el vehículo familiar, los ojos de los abuelos, de los amigos, las fatigas y las energías de los padres. Así que nuestro hijo menor, en sus primera semanas, parecía haber decidido dejarme como territorio perdido ante la insistencia del primero en alejarme, y apropiarse de la madre todo el día: se negaba a dormir, a comer, a dejar de llorar si no tenía los brazos calientitos de su madre alrededor de él y aprendió a dormir en su abdomen para asegurar que seguía ahí, debajo de él.
El mayor acabó por aprender que la madre era territorio perdido en esa lucha fraternal: así que aprendió a dormir en mi abdomen, a asegurar que estuviera yo presente cuando él despertara, a jalonearme para alejarme del hermano…Hasta que decidimos turnarnos, en cuartos separados y alternadamente, para cuidar a uno y a otro. El mayor comenzó a entender que al menos una vez sí y otra no, su madre estaría ahí presente para atenderlo; mientras que el menor comenzó a entender que una vez no y otra vez sí, su padre estaría ahí para hacer lo que alternadamente haría la madre.
Llegó un momento en que comencé a entender algunas de las implicaciones de lo que alguna vez me dijo una colega en la universidad al ver a mi primero hijo, con apenas unos cuantos meses de edad: “uno quisiera que se quedaran así, que no crecieran”. Mi reacción ante esa frase fue: “¡No! Yo no quiero eso, quiero que crezca, que camine, que hable, que haga cosas y gracias”. Pero ahora veo, sobre todo por la rapidez con la que se desarrolla el hermano menor, que su infancia se va. Que de los “diez talentos” que alguna vez se dijo que contaba su abuelo, “y de los que no hay que desperdiciar ninguno”, remataba el comentarista, mi hijo menor quisiera aprenderlos, derrocharlos, mostrarlos todos antes de llegar al jardín de niños, y dedicarse pronto a trazar círculos, comer con sus propios cubiertos, caminar por las plazas comerciales sin dar la mano, cantar y bailar como el que más, platicar con el hermano mayor y contar chistes sin palabras, salir a la calle en cuanto despierta, tallarse sólo mientras se baña. Mientras el hermano mayor nos sigue pidiendo su “bibi-leche”, el menor se las arregla para tomar agua en un vaso, esperar a que le quitemos el pañal para orinar, presionar todos los botones de su reproductor de DVD’s hasta encontrar el que sirve para detener o avanzar, a su antojo, la película que ha escogido de entre sus favoritas de “¡pato!, ¡pánte! ¡león! ¡barney!” Y con ello nos advierte que, por más lento que queramos que vayan, o por más que nos preocupe que no avancen lo suficiente, pronto nuestros bebés (en especial el menor) lograrán su autonomía y se irán a la escuela, a las casas de los amigos y los parientes, al mundo, sin que podamos ya detenerlos. Nos recuerdan que la temible adolescencia, con sus silencios, aislamientos, soledades, crecimientos, golpes, sufrimientos, errores y su imposibilidad de volver atrás, se cierne también sobre ellos. Y su infancia se habrá acabado, junto con sus exigencias, pero su autonomía acabará por llevarse su caminar a saltitos, sus ojos sorprendidos, sus dulces “¡papá, papá, papá!”
Lento como su padre y casi tanto como su abuelo, el hermano mayor comenzó a decir palabras e intentar hilar frase sólo ante el ejemplo que le ponía su hermano menor. Preocupada, su madre comentaba con mi padre: “¿cuándo va a hablar? ¡Qué preoupación que se angustie por expesar algo y que nosotros ya no le entendamos qué quiere!” El abuelo, que no estuvo en un jardín de niños, respondía que él mismo había comenzado a hablar a los cinco años…”así que no te preocupes, algún día hablará”. Pero parece que tanto Froebel como Montessori tenían razón: el desarrollo de varias habilidades en la infancia está relacionado con la socialización. Así que los progenitores, en especial los que tendemos a “entender” y a “adivinar” lo que quieren los hijos, habíamos estado frenando el aprendizaje del lenguaje del mayor, quien comenzaba a comunicarse más cuando lo visitaban los primos, hablantines y deseosos de cosas y actividades que sabían pedir y reclamar. Las visitas recíprocas y el apoyo del hermano menor (que sirvió de reto y ejemplo para hablar y bailar) quizá deriven en que para entender y re-contar los chistes el mayor haya de preguntar al menor.
En mis tiempos en que visitaba la escuela de psicología (en la que no estudiaba gran cosa), solía hablarse de “efectos en la secuencia” sobre el comportamiento. El razonamiento, muy conductista, era muy simple: si primero los “sujetos” (palomas, ratas, niños, chimpances, estudiantes de psicología, transeúntes, que son los sujetos clásicos de estudio de tan indisciplinada disciplina) se comportan de una forma determinada, es difícil que aprendan otra forma posteriormente. Así que, de alguna manera, lo que se aprende primero afecta lo que se aprende y lo que se puede aprender después. Mi esposa y yo solemos peguntarnos si el orden de nacimiento de nuestros hijos hubiera tenido otra secuencia: ¿habríamos asumido con la tranquilidad (relativa) con la que asumimos el anuncio de la llegada del segundo hijo, de haber sido el primero tan “movidoso” desde el útero y luego fuera de él como lo fue el segundo? ¿Habríamos entrado en pánico si el primero hubiera sido tan difícil de seguir, tan activo desde el momento de abrir los ojos en la mañana, tan perceptivo de los momentos de hilaridad y de la diferencia entre jugar y sufrir como resultó el segundo?
Mi hijo mayor y yo resultamos un poco más lentos de aprendizaje que nuestros respectivos hermanos menores. Aunque con los años eso tiene la ventaja de que uno puede aprender varias cosas de la vida sin tener que esperar a que nos las expliquen los contemporáneos o los maestros, mientras tanto (al menos yo) queda la sensación, al tener hermanos más perceptivos, de que algo nos falla, de que hay que enojarse con el otro porque entiende antes lo que debería entender después. Y que debería ser “después que yo, pues el mayor soy yo”.
Afortunadamente, aun cuando tardé varios años en entender que el cumpleaños de mi hermano llegara tres días antes que el mío (“¿por qué él cumple antes, si yo soy mayor?”), acabé aceptando que mientras que los hermanos absolutamente mayores tienen que sufrir el dejar de ser hijos únicos a nuestra llegada, los hermanos menores nos ayudan a comprender que también ellos tienen que reclamar sus espacios y sus porciones de tiempo y atención de los progenitores. La hija de mi esposa, mayor por 16 años que mi hijo mayor, nos expresó, en tono de broma, que su herencia, de “un peso”, se dividía cada vez más. En vez de un peso, se convirtió en 50 centavos y luego en tan sólo 34 centavos (es la mayor, así que le corresponde un centavo más por antigüedad). Inversamente, el problema de los hermanos menores es que son escasas las ocasiones en que pueden disfrutar del total de la atención, los recursos, la juventud, de los progenitores, pues estos recursos ya han quedado algo desgastados por los mayores. Queda a los menores el no deleznable consuelo de llegar a un mundo en el que ya los mayores han dado algunas sesiones de entrenamiento a los progenitores.
Claro que algunos progenitores somos de más lento aprendizaje que otros…
Ser hermano de alguien implica ya una comparación. La fraternidad es un término “relacional”; y si se es hermano, no queda más remedio que serlo mayor o menor. Así me lo confirma mi amigo y tocayo Luis, gemel, quien suele resaltar que el mayor es él, pues nació unos segundos antes. Ser mayor, lógicamente significaría simplemente llegar antes y comenzar a aprender y a desarrollarse antes y obligar desde antes a los progenitores a aprender cómo manejarse frente a su descendencia. Y los progenitores sólo pueden ser primerizos con el hermano/hermana mayor, pero nunca más. En eso los hermanos mayores son como la primera impresión. No hay nada anterior a lo que pueda recurrirse: ni la experiencia con los sobrinos, ni la adquirida como adultos frente a otros niños, ni la que adquirimos en la infancia y a la que los recuerdos de esta época de nuestras vidas quisieran arrancar sabiduría.
El problema con los hijos menores es que no siempre se puede suponer que lo aprendido como padres con los hijos mayores se puede aplicar a ellos. El hermano menor de mi hijo mayor se anunció con cierto aire casual: “llego, aunque no se hayan esforzado y angustiado por mi llegada…pero llego pronto”. Mientras que del hijo mayor queríamos que se anunciara pronto, y mis amigos hasta me felicitaban por tener que dejar el ejercicio diurno para guardar energía para que mis avejentados genes lograran fructificar en el ejercicio nocturno, el hijo menor llegó a pesar de haber retomado el ejercicio físico, y de los desvelos y cansancios provocados por el mayor.
Del mayor creímos que tendría problemas de oído, hasta que el pediatra nos explicó que estaba demasiado débil para protestar; llegamos a creer que era bizco, pues en algunas fotos un ojo “como que se le iba para allá”, hasta que la oftalmóloga nos explicó que era que simplemente el puente de la nariz era congruente con estar “tan cabezón”, como lo diagnósticó con franqueza su primo Óscar. Del menor no tuvimos tiempo de preguntarnos, ni de dudar, ni de plantearnos, padres hipocondríacos con el primero, si oía, pues sus protestas ante los más leves ruidos se dejaban comentar cada mañana hasta por la vecina de al lado, que parecía llevar el registro de las horas del llanto y de la exigencia de leche.
Se parece a tu hermano, declaraba mi suegra. Se parece a tu cuñado, declaraban otras. ¡Qué bonito tu hijo! Seguramente se parece a tu esposa…opinaban otras más, con lo que mi madre se sentía cada vez más derrotada, pues parecía reconocer, sin declararlo, que sus hijos no habían salido tan bellos como los de su nuera. Orgullosa de que jamás haya habido chamacos mejor aspectados que él y su hermano mayor, su madre le preguntaba “¿quién es el más guapo?” hasta que contestó, con una voz que probablemente articuló y comprendió el vocablo antes que su hermano: “¡yo!”, y se soltó a reir, como si entendiera ése y los otros chistes que nos hacían sonreir al verlo.
Tener un hermano menor no es fácil. Aparte de que se supone que quienes somos hermanos mayores de alguien más, tenemos la obligación de educarlo, el problema es cuando ese hermano no está de acuerdo con las prácticas anticuadas con las que fuimos educados unos meses atrás. Y si mi hermana asumió la tarea de educar a sus dos hermanos menores como si ella fuera mucho mayor, mi hermano menor no sólo prescindió de mis apoyos educativos, sino que se las arregló para ser tan listo como para educarme él a mí. En esa tradición invertida, mi hijo menor se las arregló para comenzar a enseñarle palabras, movimientos, pasos de baile, gritos, paciencia, a su hermano menor. Y si mi hermano menor me daba los argumentos centrales de algunos de mis trabajos de maestría cuando él estaba en la licenciatura, este hermano menor pronto comprendió que el llanto de su hermano no implicaba que hubiera una amenaza latente para todos los bebés de la casa, y pronto dejó de ser solidario con los llantos anhelantes del mayor.
Uno de mis estudiantes me felicitó por el nuevo crío y a la vez aprovecho para advertirme que, aparte de que ser hermano mayor puede no ser fácil, el ser hermano menor puede ser una carga. “Yo soy el menor de varios hermanos y cuando llegué parece que ya todo mundo estaba cansado y aburrido de tener bebés, así que ya no me hacían mucho caso. Hágale caso también al menor”. Y mientras tanto, el que había sido el único niño, rey y tirano de la casa, me tironeaba para que no me acercara a la cuna del menor, que llegaba a invadir no sólo lo que antes fue su espacio, sino a llenar de ocupaciones y preocupaciones el tiempo de unos padres que sólo eran para él. Así que durante las primeras semanas de existencia del menor tuve pocas oportunidades de abrazarlo y tenía que esperar a dormir al mayor para admirar al bebé de ojos y labios iguales a los de su madre. Y si el término de hermano es relacional y comparativo, el de la rivalidad fraternal, que tanto ha fascinado a los psicoanalistas, parece implicar que los niños comienzan a hacer cuentas y cálculos matemáticos del tiempo que los padres les dedicamos. Y a hacer cuentas del tiempo relativo que le dedicamos al hermano. “¿Por qué a él sí lo llevan, lo miman, le compran, le hacen, le toleran…y a MÍ NO?”, nos preguntamos, magnificando las atenciones que le prodigan al hermano y decretando que por mucho que nos den, mientras no sea todo, seguirá siendo poco.
En esa rivalidad, el hermano menor se enfrasca en conquistar un territorio y un tiempo de los padres que antes era exclusivo y que para él jamás lo será: hay ya un ocupante con el que hay que compartir a los progenitores, los espacios, los tiempos, la comida, los juguetes, las asientos en la carreola, en el vehículo familiar, los ojos de los abuelos, de los amigos, las fatigas y las energías de los padres. Así que nuestro hijo menor, en sus primera semanas, parecía haber decidido dejarme como territorio perdido ante la insistencia del primero en alejarme, y apropiarse de la madre todo el día: se negaba a dormir, a comer, a dejar de llorar si no tenía los brazos calientitos de su madre alrededor de él y aprendió a dormir en su abdomen para asegurar que seguía ahí, debajo de él.
El mayor acabó por aprender que la madre era territorio perdido en esa lucha fraternal: así que aprendió a dormir en mi abdomen, a asegurar que estuviera yo presente cuando él despertara, a jalonearme para alejarme del hermano…Hasta que decidimos turnarnos, en cuartos separados y alternadamente, para cuidar a uno y a otro. El mayor comenzó a entender que al menos una vez sí y otra no, su madre estaría ahí presente para atenderlo; mientras que el menor comenzó a entender que una vez no y otra vez sí, su padre estaría ahí para hacer lo que alternadamente haría la madre.
Llegó un momento en que comencé a entender algunas de las implicaciones de lo que alguna vez me dijo una colega en la universidad al ver a mi primero hijo, con apenas unos cuantos meses de edad: “uno quisiera que se quedaran así, que no crecieran”. Mi reacción ante esa frase fue: “¡No! Yo no quiero eso, quiero que crezca, que camine, que hable, que haga cosas y gracias”. Pero ahora veo, sobre todo por la rapidez con la que se desarrolla el hermano menor, que su infancia se va. Que de los “diez talentos” que alguna vez se dijo que contaba su abuelo, “y de los que no hay que desperdiciar ninguno”, remataba el comentarista, mi hijo menor quisiera aprenderlos, derrocharlos, mostrarlos todos antes de llegar al jardín de niños, y dedicarse pronto a trazar círculos, comer con sus propios cubiertos, caminar por las plazas comerciales sin dar la mano, cantar y bailar como el que más, platicar con el hermano mayor y contar chistes sin palabras, salir a la calle en cuanto despierta, tallarse sólo mientras se baña. Mientras el hermano mayor nos sigue pidiendo su “bibi-leche”, el menor se las arregla para tomar agua en un vaso, esperar a que le quitemos el pañal para orinar, presionar todos los botones de su reproductor de DVD’s hasta encontrar el que sirve para detener o avanzar, a su antojo, la película que ha escogido de entre sus favoritas de “¡pato!, ¡pánte! ¡león! ¡barney!” Y con ello nos advierte que, por más lento que queramos que vayan, o por más que nos preocupe que no avancen lo suficiente, pronto nuestros bebés (en especial el menor) lograrán su autonomía y se irán a la escuela, a las casas de los amigos y los parientes, al mundo, sin que podamos ya detenerlos. Nos recuerdan que la temible adolescencia, con sus silencios, aislamientos, soledades, crecimientos, golpes, sufrimientos, errores y su imposibilidad de volver atrás, se cierne también sobre ellos. Y su infancia se habrá acabado, junto con sus exigencias, pero su autonomía acabará por llevarse su caminar a saltitos, sus ojos sorprendidos, sus dulces “¡papá, papá, papá!”
Lento como su padre y casi tanto como su abuelo, el hermano mayor comenzó a decir palabras e intentar hilar frase sólo ante el ejemplo que le ponía su hermano menor. Preocupada, su madre comentaba con mi padre: “¿cuándo va a hablar? ¡Qué preoupación que se angustie por expesar algo y que nosotros ya no le entendamos qué quiere!” El abuelo, que no estuvo en un jardín de niños, respondía que él mismo había comenzado a hablar a los cinco años…”así que no te preocupes, algún día hablará”. Pero parece que tanto Froebel como Montessori tenían razón: el desarrollo de varias habilidades en la infancia está relacionado con la socialización. Así que los progenitores, en especial los que tendemos a “entender” y a “adivinar” lo que quieren los hijos, habíamos estado frenando el aprendizaje del lenguaje del mayor, quien comenzaba a comunicarse más cuando lo visitaban los primos, hablantines y deseosos de cosas y actividades que sabían pedir y reclamar. Las visitas recíprocas y el apoyo del hermano menor (que sirvió de reto y ejemplo para hablar y bailar) quizá deriven en que para entender y re-contar los chistes el mayor haya de preguntar al menor.
En mis tiempos en que visitaba la escuela de psicología (en la que no estudiaba gran cosa), solía hablarse de “efectos en la secuencia” sobre el comportamiento. El razonamiento, muy conductista, era muy simple: si primero los “sujetos” (palomas, ratas, niños, chimpances, estudiantes de psicología, transeúntes, que son los sujetos clásicos de estudio de tan indisciplinada disciplina) se comportan de una forma determinada, es difícil que aprendan otra forma posteriormente. Así que, de alguna manera, lo que se aprende primero afecta lo que se aprende y lo que se puede aprender después. Mi esposa y yo solemos peguntarnos si el orden de nacimiento de nuestros hijos hubiera tenido otra secuencia: ¿habríamos asumido con la tranquilidad (relativa) con la que asumimos el anuncio de la llegada del segundo hijo, de haber sido el primero tan “movidoso” desde el útero y luego fuera de él como lo fue el segundo? ¿Habríamos entrado en pánico si el primero hubiera sido tan difícil de seguir, tan activo desde el momento de abrir los ojos en la mañana, tan perceptivo de los momentos de hilaridad y de la diferencia entre jugar y sufrir como resultó el segundo?
Mi hijo mayor y yo resultamos un poco más lentos de aprendizaje que nuestros respectivos hermanos menores. Aunque con los años eso tiene la ventaja de que uno puede aprender varias cosas de la vida sin tener que esperar a que nos las expliquen los contemporáneos o los maestros, mientras tanto (al menos yo) queda la sensación, al tener hermanos más perceptivos, de que algo nos falla, de que hay que enojarse con el otro porque entiende antes lo que debería entender después. Y que debería ser “después que yo, pues el mayor soy yo”.
Afortunadamente, aun cuando tardé varios años en entender que el cumpleaños de mi hermano llegara tres días antes que el mío (“¿por qué él cumple antes, si yo soy mayor?”), acabé aceptando que mientras que los hermanos absolutamente mayores tienen que sufrir el dejar de ser hijos únicos a nuestra llegada, los hermanos menores nos ayudan a comprender que también ellos tienen que reclamar sus espacios y sus porciones de tiempo y atención de los progenitores. La hija de mi esposa, mayor por 16 años que mi hijo mayor, nos expresó, en tono de broma, que su herencia, de “un peso”, se dividía cada vez más. En vez de un peso, se convirtió en 50 centavos y luego en tan sólo 34 centavos (es la mayor, así que le corresponde un centavo más por antigüedad). Inversamente, el problema de los hermanos menores es que son escasas las ocasiones en que pueden disfrutar del total de la atención, los recursos, la juventud, de los progenitores, pues estos recursos ya han quedado algo desgastados por los mayores. Queda a los menores el no deleznable consuelo de llegar a un mundo en el que ya los mayores han dado algunas sesiones de entrenamiento a los progenitores.
Claro que algunos progenitores somos de más lento aprendizaje que otros…
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martes 20 de julio de 2010
Me encantan las entrevistas
Soy un aficionado a la charla. Me encanta escuchar y criticar a otros, aprender de ellos y reflexionar sobre alguno de los temas que plantean por la radio. Como científico social, además, me intereso de manera profesional, en múltiples temas de lo que sucede en mi pueblito tapatío e incluso más allá de las fronteras de mi país. Me ha sucedido que también me inviten a participar, opinar, reflexionar, en algunas de las estaciones de radio (y a veces de televisión) de mi pueblito. Los temas han sido variados y en algunas ocasiones hasta me han dado tiempo de armar mis argumentos recurriendo a lecturas de lo que han escrito autores que son verdaderos especialistas/expertos en los temas a discutir.
En algunas de estas invitaciones con semanas de antelación me han dado el tema, algunas de las aristas que más le interesan de él y han justificado el invitarme por ser sociólogo, o psicólogo, o porque saben que alguna vez he estado cerca del asunto a tratar. Una vez acordadas las coordenadas espacio temporales, he podido preparar un argumento y hacer notas por escrito para recurrir a ellas en caso de que me falle la memoria. En contraste, he recibido otras invitaciones a entrevistas radiofónicas en las que no me han dejado oportunidad de declinar la invitación, como aquella derivada de una llamada telefónica a las 6:50 de la mañana en que me intepelaron directamente: “está usted al aire… ¿Qué opina de que los aficionados al futbol hayan golpeado a un policía? ¿Es de esperar que aumente la violencia en las próximas semanas?” No recuerdo muy bien cómo resolví la situación, pero después de que uno de mis amigos, tras otra de esas llamadas intempestivas para participar en un programa radiofónico en vivo y en caliente, me llamó a su vez para darme su opinión, comencé a ser más cauto para aceptar invitaciones. Me dijo mi amigo: “te ói por radio. Disculpa que te lo diga, pero sobre la cumbre de Obama y Calderón sólo opinaste puras pendejadas”. Lo que me sorprendió de mi amigo no fue su franqueza, pues nos conocemos hace más de 30 años, sino que hubiera tenido la radio encendida en una estación que yo suponía que nadie escucharía y a una hora en que yo creía que todos los mortales estaban haciendo otra cosa más productiva que oir radio. Así que, sabiendo ahora que es probable que alguien escuche mis opiniones de “experto”, aun cuando yo crea que sólo estoy charlando con quien trae el otro micrófono, he optado por pensar que probablemente no debería yo ser tan accesible y dejarme preguntar de cosas de las que seguramente no sé nada en absoluto.
En mis años de docencia, en varias ocasiones ha dado cursos en los primeros semestres de la carrera de sociología o de filosofía. Algo que suelo preguntar a los estudiantes tiene que ver con las razones por las cuales escogieron su carrera. Hace algunos años, uno de ellos simplemente respondió: “es que una vez lo vi a usted en la televisión en un foro y fue cuando decidí que yo también quería ser sociólogo”. Aun cuando ese estudiante hace ya algún tiempo que egresó de la licenciatura, a lo largo de los años he podido saludarlo en la calle o en centros comerciales y, al menos hasta el momento no lo he visto ni oido participar en algún programa de televisión o radio. No me he atrevido a preguntarle, pero a veces sospecho que su decisión de convertirse en sociólogo quizá estuvo relacionada con la fantasía de que los profesionales de la sociología tenemos la posibilidad de decir tonterías sobre un amplio abanico de temas y que incluso nos pidan mayores detalles sobre ellas.
Muchas de las supuestas entrevistas por radio son simplemente charlas con alguien a quien el encargado del programa suele presentar con cierta formalidad para luego basarse en la supuesta erudición del “entrevistado” que no es otra cosa que un interlocutor que, se supone, tiene cierta información que al auditorio le gustaría escuchar. Con el paso de los años he aprendido que no importa qué tanto prepare mi argumento, con base en mi trabajo académico de años, o con lecturas de algunas semanas, días o minutos anteriores al momento de pasar “al aire”, el entrevistador hará lo posible por cambiar el tema o por tratar aristas que a mí jamás se me habrían ocurrido. Me he propuesto sólo aceptar invitaciones cuando quien me llama para ocupar un espacio y un tiempo en su cabina logra ser más explícito en el tema y en las aristas que interesa discutir e incluso qué otros interlocutores expertos estarán presentes. Sin embargo, por más que insisto en:
1. Un tema bien definido, que además sea de mi relativa competencia profesional y dentro de mis intereses más específicos;
2. Una pregunta general bien planteada;
3. Una relación clara con acontecimientos de las últimas semanas o días en los ámbitos institucionales atingentes;
4. Un perfil claro de los otros interlocutores con los que, quien conduce el programa y yo, habremos de charlar …
La verdad es que hasta el momento mis notas previas me han servido de poco y a los conductores de los programas de radio les interesa enfatizar cosas distintas de las que podrían disctutir con otros académicos involucrados en cada tema. Así, por ejemplo, si la cita es para charlar, pongamos por caso, acerca de las remesas que envían los migrantes mexicanos desde Estados Unidos hacia México, lo más seguro es que la charla derive en las condiciones de vida de los mexicanos en el extranjero y sobre la depresión que los agobia al estar en tierras lejanas a su terruño, que es el más bonito de los lugares del universo. Pero si la cita es para hablar de la salud psicológica y física de quienes se van pa’l norte y de quienes se quedan en los pueblos de origen, entonces la plática incluirá preguntas tan específicas como la de: “¿cuál es el monto de las remesas de dinero hacia Jalisco durante el primer semestre de este año? ¿Es menor este monto de lo que fue, en términos relativos en 1994, año de crisis en México o en 2008, año de crisis en Estados Unidos”
En todo caso, aun cuando uno insista, como entrevistado, en hablar de aquello para lo que fue invitado, es probable que, ya in situ, al conductor del programa y, en el caso den que haya llamadas del auditorio, a quienes escuchan el programa, se les ocurra. Habrá notado usted, como parte del auditorio, que a veces quienes llaman al programa y el mismo conductor comienzan algunos comentarios diciendo: “entonces, ¿eso quiere decir que x y j…?” Y aprovechan para meter esos argumentos cuando en realidad el entrevistado está haciendo lo posible por señalar simplemente otras cosas que nada tienen que ver con x y j. A veces, cuando escucho radio, simplemente me pregunto: “¿y eso qué tiene que ver? ¿Por qué cambian el tema?”, pero cuando soy parte de la charla, a veces no me queda más remedio que ser explícito y decir que “sí, x y j están relacionados por ser parte del mismo alfabeto con el que se describe el tema del que hablábamos”.
Así que lo que se puede apender de las entrevistas radiofónicas es que rara vez tratan sobre el tema que se anuncia que se tratará…y que incluso pueden llegar a acaloradas discusiones sobre argumentos que no están absolutamente relacionados entre sí. Un caso a la mano es el de algunos políticos que, al ser entrevistados, sienten que el conductor les transmite el mensaje de que la ciudadanía dice que ellos no hacen su trabajo y se dedican a defenderse y decir que sí hay obras de tal o cual clase, en vez de describir las ventajas y desventajas de aquellas acciones por las que se les invitó. Y como los conductores quieren hablar de un tema que no era el propuesto, y los políticos rara vez quieren hablar de algo que no sean sus aspiraciones al siguiente puesto en su trayectoria, y como el auditorio sólo escucha para divertirse y no para informarse, todos contentos y cada quien habla, escucha e interpreta lo que le da su real o plebeya gana…
En algunas de estas invitaciones con semanas de antelación me han dado el tema, algunas de las aristas que más le interesan de él y han justificado el invitarme por ser sociólogo, o psicólogo, o porque saben que alguna vez he estado cerca del asunto a tratar. Una vez acordadas las coordenadas espacio temporales, he podido preparar un argumento y hacer notas por escrito para recurrir a ellas en caso de que me falle la memoria. En contraste, he recibido otras invitaciones a entrevistas radiofónicas en las que no me han dejado oportunidad de declinar la invitación, como aquella derivada de una llamada telefónica a las 6:50 de la mañana en que me intepelaron directamente: “está usted al aire… ¿Qué opina de que los aficionados al futbol hayan golpeado a un policía? ¿Es de esperar que aumente la violencia en las próximas semanas?” No recuerdo muy bien cómo resolví la situación, pero después de que uno de mis amigos, tras otra de esas llamadas intempestivas para participar en un programa radiofónico en vivo y en caliente, me llamó a su vez para darme su opinión, comencé a ser más cauto para aceptar invitaciones. Me dijo mi amigo: “te ói por radio. Disculpa que te lo diga, pero sobre la cumbre de Obama y Calderón sólo opinaste puras pendejadas”. Lo que me sorprendió de mi amigo no fue su franqueza, pues nos conocemos hace más de 30 años, sino que hubiera tenido la radio encendida en una estación que yo suponía que nadie escucharía y a una hora en que yo creía que todos los mortales estaban haciendo otra cosa más productiva que oir radio. Así que, sabiendo ahora que es probable que alguien escuche mis opiniones de “experto”, aun cuando yo crea que sólo estoy charlando con quien trae el otro micrófono, he optado por pensar que probablemente no debería yo ser tan accesible y dejarme preguntar de cosas de las que seguramente no sé nada en absoluto.
En mis años de docencia, en varias ocasiones ha dado cursos en los primeros semestres de la carrera de sociología o de filosofía. Algo que suelo preguntar a los estudiantes tiene que ver con las razones por las cuales escogieron su carrera. Hace algunos años, uno de ellos simplemente respondió: “es que una vez lo vi a usted en la televisión en un foro y fue cuando decidí que yo también quería ser sociólogo”. Aun cuando ese estudiante hace ya algún tiempo que egresó de la licenciatura, a lo largo de los años he podido saludarlo en la calle o en centros comerciales y, al menos hasta el momento no lo he visto ni oido participar en algún programa de televisión o radio. No me he atrevido a preguntarle, pero a veces sospecho que su decisión de convertirse en sociólogo quizá estuvo relacionada con la fantasía de que los profesionales de la sociología tenemos la posibilidad de decir tonterías sobre un amplio abanico de temas y que incluso nos pidan mayores detalles sobre ellas.
Muchas de las supuestas entrevistas por radio son simplemente charlas con alguien a quien el encargado del programa suele presentar con cierta formalidad para luego basarse en la supuesta erudición del “entrevistado” que no es otra cosa que un interlocutor que, se supone, tiene cierta información que al auditorio le gustaría escuchar. Con el paso de los años he aprendido que no importa qué tanto prepare mi argumento, con base en mi trabajo académico de años, o con lecturas de algunas semanas, días o minutos anteriores al momento de pasar “al aire”, el entrevistador hará lo posible por cambiar el tema o por tratar aristas que a mí jamás se me habrían ocurrido. Me he propuesto sólo aceptar invitaciones cuando quien me llama para ocupar un espacio y un tiempo en su cabina logra ser más explícito en el tema y en las aristas que interesa discutir e incluso qué otros interlocutores expertos estarán presentes. Sin embargo, por más que insisto en:
1. Un tema bien definido, que además sea de mi relativa competencia profesional y dentro de mis intereses más específicos;
2. Una pregunta general bien planteada;
3. Una relación clara con acontecimientos de las últimas semanas o días en los ámbitos institucionales atingentes;
4. Un perfil claro de los otros interlocutores con los que, quien conduce el programa y yo, habremos de charlar …
La verdad es que hasta el momento mis notas previas me han servido de poco y a los conductores de los programas de radio les interesa enfatizar cosas distintas de las que podrían disctutir con otros académicos involucrados en cada tema. Así, por ejemplo, si la cita es para charlar, pongamos por caso, acerca de las remesas que envían los migrantes mexicanos desde Estados Unidos hacia México, lo más seguro es que la charla derive en las condiciones de vida de los mexicanos en el extranjero y sobre la depresión que los agobia al estar en tierras lejanas a su terruño, que es el más bonito de los lugares del universo. Pero si la cita es para hablar de la salud psicológica y física de quienes se van pa’l norte y de quienes se quedan en los pueblos de origen, entonces la plática incluirá preguntas tan específicas como la de: “¿cuál es el monto de las remesas de dinero hacia Jalisco durante el primer semestre de este año? ¿Es menor este monto de lo que fue, en términos relativos en 1994, año de crisis en México o en 2008, año de crisis en Estados Unidos”
En todo caso, aun cuando uno insista, como entrevistado, en hablar de aquello para lo que fue invitado, es probable que, ya in situ, al conductor del programa y, en el caso den que haya llamadas del auditorio, a quienes escuchan el programa, se les ocurra. Habrá notado usted, como parte del auditorio, que a veces quienes llaman al programa y el mismo conductor comienzan algunos comentarios diciendo: “entonces, ¿eso quiere decir que x y j…?” Y aprovechan para meter esos argumentos cuando en realidad el entrevistado está haciendo lo posible por señalar simplemente otras cosas que nada tienen que ver con x y j. A veces, cuando escucho radio, simplemente me pregunto: “¿y eso qué tiene que ver? ¿Por qué cambian el tema?”, pero cuando soy parte de la charla, a veces no me queda más remedio que ser explícito y decir que “sí, x y j están relacionados por ser parte del mismo alfabeto con el que se describe el tema del que hablábamos”.
Así que lo que se puede apender de las entrevistas radiofónicas es que rara vez tratan sobre el tema que se anuncia que se tratará…y que incluso pueden llegar a acaloradas discusiones sobre argumentos que no están absolutamente relacionados entre sí. Un caso a la mano es el de algunos políticos que, al ser entrevistados, sienten que el conductor les transmite el mensaje de que la ciudadanía dice que ellos no hacen su trabajo y se dedican a defenderse y decir que sí hay obras de tal o cual clase, en vez de describir las ventajas y desventajas de aquellas acciones por las que se les invitó. Y como los conductores quieren hablar de un tema que no era el propuesto, y los políticos rara vez quieren hablar de algo que no sean sus aspiraciones al siguiente puesto en su trayectoria, y como el auditorio sólo escucha para divertirse y no para informarse, todos contentos y cada quien habla, escucha e interpreta lo que le da su real o plebeya gana…
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martes, julio 20, 2010
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miércoles 23 de junio de 2010
Transporte privado frente a transporte público (Los lectores toman la palabra)
El día de hoy está usted en posibilidades de comprar un vehículo nuevo que le cuesta 150 mil pesos. La tenencia y otros trámites otros diez mil pesos. Súmele el seguro para su auto nuevo. Si usted es inteligente, comprará un auto que no se encuentra en la lista de los más robados en México (algunos Nissan y VW encabezan la lista) y con ello reducirá la prima del seguro. El total hasta el momento: 165 mil pesos.
Su nuevo vehículo funciona muy bien con gasolina Magna, a ocho pesos el litro. Si usted paga por los servicios de mantenimiento dos mil pesos al año, costo que podemos sumar a los ocho mil pesos que gastará en los mil litros que le servirán para recorrer los primeros diez mil kilómetros. A precios actuales, eso equivale a un costo de diez mil pesos anuales en gasolina y servicios, además de los pagos en tenencias, refrendos de placas, verificaciones, una que otra multa por infracciones al reglamento de tránsito, que sumarán otros diez mil anuales. Digamos que su carro sobrevive seis años en buenas condiciones y que logra recorrer cien mil kilómetros. Son ya 120 mil pesos entre multas, servicios y combustible, los que sumados a los 165 mil pesos iniciales dan un total de 285 mil pesos para los primeros cien mil kilómetros, equivalentes a 47,500 pesos anuales.
Usted no paga estacionamiento mientras está en su trabajo, no tiene accidentes que impliquen pagar el monto del deducible del seguro, y tampoco le pondrá aditamentos y chucherías a su vehículo. Si llegara a hacerlo, incurriría en gastos adicionales. ¿A cuánto salió el kilómetro recorrido? Casi tres pesos el kilómetro. ¿Cuántos de esos cien mil kilómetros recorrería usted en carretera entre una ciudad y otra? Los traslados en avenidas anchas y relativamente rápidas (de 40 kilómetros por hora promedio) no equivalen a viajes en carretera.
¿Qué pasa si comparamos los costos del transporte en un vehículo particular con los costos de los traslados a pie, bicicleta, transporte público? ¿Son sus zapatos tan caros que cada kilómetro que recorra con ellos le cueste tres pesos o más? ¿Cuántos kilómetros puede recorrer con las llantas y el equipo normal de una bicicleta de seis mil pesos? ¿Cree usted que la bicicleta se acabaría antes de dos mil kilómetros (suponiendo que le da el mantenimiento adecuado)? ¿Cuántos viajes hace un usuario común del transporte público con esos 285 mil pesos que costaron sus hipotéticos traslados durante seis años? Al precio del transporte público en Guadalajara son 47,500 viajes. Aun si quien se transporta en transporte público tuviera que abordar cuatro distintos autobuses diarios, ello significaría el equivalente a trasladarse 11,875 días. Incluyendo sábados y domingos, poco más 32 años.
¿Vale la pena “invertir” en un vehículo para carretera que se usará principalmente en la ciudad? ¿No sería más sensato invertir en transporte colectivo? Planteado de otra forma: ¿por qué, quienes nos movemos en las ciudades, optamos por gastar nuestro dinero en comprar un vehículo particular en vez de presionar para mejorar el transporte colectivo? ¿Cuántos usuarios de vehículos particulares, a lo largo de los años, hemos malgastado –a través de los políticos que nos representan al gastar los impuestos– nuestro dinero en vehículos particulares, los recursos de los ayuntamientos y de los contribuyentes, nuestro tiempo y el aire que respiramos, presionando para que haya calles más amplias en las que quepan más y más veloces vehículos, en los que haya cada vez menos árboles y en los que se dan tantas fatalidades por los choques entre esos vehículos y entre ellos y los peatones que osan acercarse a las vías rápidas y no tanto?
¿Por qué seguimos favoreciendo el enfrentamiento entre lámina contra epidermis y no promovemos el uso de métodos alternativos para distancias medias en los traslados urbanos? Por otra parte, ¿qué pasa con nuestros sistemas de transporte regional que, en vez de contar con trenes entre ciudades relativamente cercanas (por ejemplo de Guadalajara a Tepatitlán, o de Aguascalientes a León) recurrimos todavía al costoso sistema de carreteras “de cuota” en las que todos cooperamos para embotellarnos, accidentarnos y pagar por usar una superficie con nuestros propios vehículos por los que ya pagamos muchos otros costos?
¿De qué manera las superficies que ocupan las calles, cada vez más amplias, y las carreteras, cada vez más letales, nos consumen espacios de convivencia, de áreas verdes, de esparcimiento e incluso de trabajo? ¿Cuál es la lógica de cambiar de vehículo cada determinado número de años o de kilómetros para volver a pagar, desde el principio, múltiples costos por el afán de conservar la garantía del fabricante y contribuir con impuestos adicionales a los costos elementales de mantener un vehículo en funcionamiento? ¿Qué evita, aparte de las políticas oficiales de promoción de la compra/venta de automóviles nuevos que en su totalidad son de marcas extranjeras, que los usuarios de las ciudades seamos usuarios del transporte público y complementemos con traslados en bicicleta y a pie? ¿Nos lo evita nuestra creencia en que el vehículo más potente, más brilloso, más equipado, hará también más potentes a nuestros egos y más atractivas nuestras cualidades personales? ¿No usamos el transporte público y los medios alternativos porque odiamos sudar y preferimos gastar nuestro tiempo y nuestro dinero en reparar los daños que causamos generando más calentamiento global y más calor en nuestro entorno?
¿Apuesta a esa lógica el gobernador, al proponer construir una vialidad exclusiva para vehículos particulares a los que se les cobrará por recorrerla? ¿Está usted dispuesto a añadir a los costos de trasladarse de un lugar a otro, el de un peaje por atravesar la ciudad de sur a norte y viceversa?
(Carta publicada en la sección "Los lectores toman la palabra" de Públlico-Milenio, el 22 de junio de 2010)
Su nuevo vehículo funciona muy bien con gasolina Magna, a ocho pesos el litro. Si usted paga por los servicios de mantenimiento dos mil pesos al año, costo que podemos sumar a los ocho mil pesos que gastará en los mil litros que le servirán para recorrer los primeros diez mil kilómetros. A precios actuales, eso equivale a un costo de diez mil pesos anuales en gasolina y servicios, además de los pagos en tenencias, refrendos de placas, verificaciones, una que otra multa por infracciones al reglamento de tránsito, que sumarán otros diez mil anuales. Digamos que su carro sobrevive seis años en buenas condiciones y que logra recorrer cien mil kilómetros. Son ya 120 mil pesos entre multas, servicios y combustible, los que sumados a los 165 mil pesos iniciales dan un total de 285 mil pesos para los primeros cien mil kilómetros, equivalentes a 47,500 pesos anuales.
Usted no paga estacionamiento mientras está en su trabajo, no tiene accidentes que impliquen pagar el monto del deducible del seguro, y tampoco le pondrá aditamentos y chucherías a su vehículo. Si llegara a hacerlo, incurriría en gastos adicionales. ¿A cuánto salió el kilómetro recorrido? Casi tres pesos el kilómetro. ¿Cuántos de esos cien mil kilómetros recorrería usted en carretera entre una ciudad y otra? Los traslados en avenidas anchas y relativamente rápidas (de 40 kilómetros por hora promedio) no equivalen a viajes en carretera.
¿Qué pasa si comparamos los costos del transporte en un vehículo particular con los costos de los traslados a pie, bicicleta, transporte público? ¿Son sus zapatos tan caros que cada kilómetro que recorra con ellos le cueste tres pesos o más? ¿Cuántos kilómetros puede recorrer con las llantas y el equipo normal de una bicicleta de seis mil pesos? ¿Cree usted que la bicicleta se acabaría antes de dos mil kilómetros (suponiendo que le da el mantenimiento adecuado)? ¿Cuántos viajes hace un usuario común del transporte público con esos 285 mil pesos que costaron sus hipotéticos traslados durante seis años? Al precio del transporte público en Guadalajara son 47,500 viajes. Aun si quien se transporta en transporte público tuviera que abordar cuatro distintos autobuses diarios, ello significaría el equivalente a trasladarse 11,875 días. Incluyendo sábados y domingos, poco más 32 años.
¿Vale la pena “invertir” en un vehículo para carretera que se usará principalmente en la ciudad? ¿No sería más sensato invertir en transporte colectivo? Planteado de otra forma: ¿por qué, quienes nos movemos en las ciudades, optamos por gastar nuestro dinero en comprar un vehículo particular en vez de presionar para mejorar el transporte colectivo? ¿Cuántos usuarios de vehículos particulares, a lo largo de los años, hemos malgastado –a través de los políticos que nos representan al gastar los impuestos– nuestro dinero en vehículos particulares, los recursos de los ayuntamientos y de los contribuyentes, nuestro tiempo y el aire que respiramos, presionando para que haya calles más amplias en las que quepan más y más veloces vehículos, en los que haya cada vez menos árboles y en los que se dan tantas fatalidades por los choques entre esos vehículos y entre ellos y los peatones que osan acercarse a las vías rápidas y no tanto?
¿Por qué seguimos favoreciendo el enfrentamiento entre lámina contra epidermis y no promovemos el uso de métodos alternativos para distancias medias en los traslados urbanos? Por otra parte, ¿qué pasa con nuestros sistemas de transporte regional que, en vez de contar con trenes entre ciudades relativamente cercanas (por ejemplo de Guadalajara a Tepatitlán, o de Aguascalientes a León) recurrimos todavía al costoso sistema de carreteras “de cuota” en las que todos cooperamos para embotellarnos, accidentarnos y pagar por usar una superficie con nuestros propios vehículos por los que ya pagamos muchos otros costos?
¿De qué manera las superficies que ocupan las calles, cada vez más amplias, y las carreteras, cada vez más letales, nos consumen espacios de convivencia, de áreas verdes, de esparcimiento e incluso de trabajo? ¿Cuál es la lógica de cambiar de vehículo cada determinado número de años o de kilómetros para volver a pagar, desde el principio, múltiples costos por el afán de conservar la garantía del fabricante y contribuir con impuestos adicionales a los costos elementales de mantener un vehículo en funcionamiento? ¿Qué evita, aparte de las políticas oficiales de promoción de la compra/venta de automóviles nuevos que en su totalidad son de marcas extranjeras, que los usuarios de las ciudades seamos usuarios del transporte público y complementemos con traslados en bicicleta y a pie? ¿Nos lo evita nuestra creencia en que el vehículo más potente, más brilloso, más equipado, hará también más potentes a nuestros egos y más atractivas nuestras cualidades personales? ¿No usamos el transporte público y los medios alternativos porque odiamos sudar y preferimos gastar nuestro tiempo y nuestro dinero en reparar los daños que causamos generando más calentamiento global y más calor en nuestro entorno?
¿Apuesta a esa lógica el gobernador, al proponer construir una vialidad exclusiva para vehículos particulares a los que se les cobrará por recorrerla? ¿Está usted dispuesto a añadir a los costos de trasladarse de un lugar a otro, el de un peaje por atravesar la ciudad de sur a norte y viceversa?
(Carta publicada en la sección "Los lectores toman la palabra" de Públlico-Milenio, el 22 de junio de 2010)
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lunes 7 de junio de 2010
370,000 kms
Son apenas el equivalente a 9.35 vueltas a la tierra por el Ecuador. Seguramente cualquier ejecutivo/viajero inscrito a los programas de acumulación de millas ya ha obtenido y cobrado esa cantidad de kilómetros (transformada en millas: 229,956) más de una vez. Suponiendo que cada kilómetro recorrido consuma una décima de litro de gasolina, son apenas 37,000 litros de gasolina. Si tomamos en cuenta que el tanque de gasolina de un V.W. Sedán contiene exactamente 10 galones (37.85 litros), equivalen a 977.54 tanques llenos. Es decir, suponiendo el mismo rendimiento promedio de kilómetros por litro, esos 370 miles de kilómetros no son ni siquiera mil tanques llenos, pues esa cantidad de litros debería alcanzar para 378500 kms.
Para recorrer la cantidad de 3 millones 700 mil cientos de metros, a mi carrito VW Sedan modelo 1977 y a mí, nos ha tomado apenas 32 años, 8 meses y 23 días. Al costo actual de $8 pesos mexicanos por litro de gasolina, eso significa que, tan sólo en consumo de combustible, ello ha significado una erogación de $296,000 pesos, bajo la suposición de los 10 kms recorridos por cada litro de gasolina consumido.
Supongamos que siempre he sido puntual y que le he cambiado los 3 litros de aceite que corresponde cambiar al motor cada 3mil kilómetros. Ello equivaldría, muy fácil en la matemática de los ingenieros alemanes que siguieron los pasos de don Ferdinand Porsche y su diseño original en los años treinta, a un litro por cada mil kilómetros recorridos. Es decir, 370 litros de aceite consumidos en poco menos de 33 años. Cambiemos, para celebrar tan cerrada cifra (que se parece al número de teléfono de alguna compañía realmente existente en mi pueblo tapatío), otros 3 litros de aceite y al cumplir los 33 años, reminiscentes de los sabores del helado de una nevería laguense de mi infancia, pero también de los grados de la masonería, habremos consumido 373 litros de aceite, al precio actual de $14 pesos por litro. Es decir: $5,222 pesos mexicanos.
Tras considerar ese gasto en los fluidos básicos para un V.W. sedán cabe sumar a la cantidad acumulada de $301, 522 pesos, la cantidad en pesos que costó el vehículo en 1977 ($83,700), más algunos otros “detalles” como los dos vidrios rotos de su historia ($30 y $60 pesos en sus épocas – ignoro el precio actual que tendrán una aleta y una ventana delantera), además de hules diversos, salpicaderas, tapas de la cajuela y del motor, baterías, faros, estribos, sucesivos estéreos y bocinas, un juego de asientos y 4 juegos de llantas (con el cambio de 4 llantas cada 80,000 kilómetros), un repintado en gris perla y un pintado completo en plateado, además de los múltiples servicios de afinación, balanceo, alineación, ajustes de frenos. A los $385,222 sumemos una cantidad estimada en $114,778 pesos en múltiples servicios y chucherías. Son “apenas” medio millón de pesos. Añadamos los 10 años del impuesto a por el uso y tenencia de automóviles ($300 pesos cada año, mismos que pagué entre 1977 y 1986) y los demás impuestos por refrendo de placas y aquellos pesos con los que contribuí al fisco al pasarme un alto del semáforo, dar una vuelta prohibida, exceder los límites de velocidad o estacionarme en donde me dio la gana: digamos, ¿otros $100,000 pesos?
¿Puedo afirmar que –casi 33 años después - tengo un vehículo equivalente a los $600,000 pesos que me ha costado transportarme de aquí para allá por mi pueblito tapatío y entre San Francisco, California, la Ciudad de México y Xalapa, Veracruz (los puntos más lejanos de la geografía que ha logrado recorrer el producto poblano adquirido en los años setenta)? Si un carrito que inicialmente costó poco más de 80 mil pesos acaba por costar tanto ($600 mil) en unos cuantos kilómetros, mismos que no llegan siquiera a las diez vueltas al planeta, ¿vale la pena adquirir uno de ese mismo precio en pesos actuales?
Aparte de las evidentes diferencias de un VW sedán (un modelo que tanto se usó en carretera en los setenta y ochenta y parte de los noventa) frente a los vehículos equipados y adecuados para los viajes por caminos carreteros en los que no circulan ya carretas y muy escasos VW sedán, ¿cuáles son las ventajas en seguridad y servicios en el transporte urbano? ¿Vale la pena “invertir” en un vehículo para carretera que se usará principalmente en la ciudad? ¿No sería más sensato “invertir” en transporte colectivo? ¿Cuántos viajes se pueden hacer con esos $600 mil pesos en mi pueblito tapatío? Suponiendo los precios actuales de $6 pesos por viaje, la cosa es fácil de calcular (es incluso más fácil que la matemática de los ingenieros alemanes que metieron un tanque de gasolina de 10 galones n el sedán). 600,000/6 = 100,000 viajes…
Planteado de otra forma: ¿por qué, quienes nos movemos en nuestras ciudades, optamos por gastar nuestro dinero en comprar un vehículo particular en vez de presionar para mejorar el transporte colectivo? ¿Cuántos usuarios de vehículos particulares, a lo largo de 10, de 20, de 30 o de 35 años, hemos malgastado – a través de los políticos que nos representan al gastar los impuestos – nuestro dinero, los recursos de los ayuntamientos y de los contribuyentes, nuestro tiempo y el aire que respiramos, presionando para que haya calles más amplias en las que quepan más y más veloces vehículos, en los que haya cada vez menos árboles y en los que se dan tantas fatalidades por los choques entre esos vehículos y entre ellos y los peatones que osan acercarse a las vías rápidas y no tanto?
¿Por qué seguimos favoreciendo el enfrentamiento entre lámina contra epidermis y no promovemos suficientemente el uso de métodos alternativos para distancias medias en el transporte urbano? ¿Qué pasa con nuestros sistemas de transporte regional que, en vez de contar con trenes entre ciudades relativamente cercanas (por ejemplo de Guadalajara a Tepatitlán, de ahí a San Juan de los Lagos y a Aguascalientes, de Aguascalientes a León, de ahí a Querétaro y a la capital del país) recurrimos todavía al costoso sistema de carreteras “de cuota” en las que todos cooperamos para embotellarnos, accidentarnos y pagar por usar una superficie con nuestros propios vehículos por los que ya pagamos muchos otros costos?
¿De qué manera las superficies que ocupan las calles (cada vez más amplias, como el periférico Gómez Morín o las vías relativamente rápidad de Lázaro Cárdenas y López Mateos en Guadalajara) y las carreteras, cada vez más letales, nos están consumiendo espacios de convivencia, de áreas verdes, de esparcimiento e incluso de trabajo? ¿Cuál es la lógica de cambiar de vehículo cada determinado número de años o de kilómetros para volver a pagar, desde el principio, múltiples costos por el afán de conservar la garantía del fabricante y contribuir con impuestos adicionales a los costos elementales de mantener un vehículo en funcionamiento? ¿Qué evita, aparte de las políticas oficiales de promoción de la compra/venta de automóviles nuevos que en su totalidad son de marcas extranjeras, que los usuarios de las ciudades seamos además usuarios del transporte público y complementemos con traslados en bicicleta y a pie? ¿Nos lo evita nuestra creencia en que el vehículo más potente, más brilloso, más equipado, hará también más potentes a nuestros egos y más atractivas nuestras cualidades personales? ¿No usamos el transporte público y los medios alternativos porque odiamos sudar y preferimos gastar nuestro tiempo y nuestro dinero en reparar los daños que causamos generando más calentamiento global y más calor en nuestro pueblito? Visto ya que a los habitantes de nuestro país poco les importa ya convertirse en obesos, en buena parte por no realizar una actividad tan sencilla como caminar, habría que encontrar la manera de resolver el misterio de cómo vencer los afanes del glamour y encontrar soluciones que sean atractivas (y que incluso suenen “sexis”) para quemar menos cómbustibles fósiles y pedalear y caminar más…
Para recorrer la cantidad de 3 millones 700 mil cientos de metros, a mi carrito VW Sedan modelo 1977 y a mí, nos ha tomado apenas 32 años, 8 meses y 23 días. Al costo actual de $8 pesos mexicanos por litro de gasolina, eso significa que, tan sólo en consumo de combustible, ello ha significado una erogación de $296,000 pesos, bajo la suposición de los 10 kms recorridos por cada litro de gasolina consumido.
Supongamos que siempre he sido puntual y que le he cambiado los 3 litros de aceite que corresponde cambiar al motor cada 3mil kilómetros. Ello equivaldría, muy fácil en la matemática de los ingenieros alemanes que siguieron los pasos de don Ferdinand Porsche y su diseño original en los años treinta, a un litro por cada mil kilómetros recorridos. Es decir, 370 litros de aceite consumidos en poco menos de 33 años. Cambiemos, para celebrar tan cerrada cifra (que se parece al número de teléfono de alguna compañía realmente existente en mi pueblo tapatío), otros 3 litros de aceite y al cumplir los 33 años, reminiscentes de los sabores del helado de una nevería laguense de mi infancia, pero también de los grados de la masonería, habremos consumido 373 litros de aceite, al precio actual de $14 pesos por litro. Es decir: $5,222 pesos mexicanos.
Tras considerar ese gasto en los fluidos básicos para un V.W. sedán cabe sumar a la cantidad acumulada de $301, 522 pesos, la cantidad en pesos que costó el vehículo en 1977 ($83,700), más algunos otros “detalles” como los dos vidrios rotos de su historia ($30 y $60 pesos en sus épocas – ignoro el precio actual que tendrán una aleta y una ventana delantera), además de hules diversos, salpicaderas, tapas de la cajuela y del motor, baterías, faros, estribos, sucesivos estéreos y bocinas, un juego de asientos y 4 juegos de llantas (con el cambio de 4 llantas cada 80,000 kilómetros), un repintado en gris perla y un pintado completo en plateado, además de los múltiples servicios de afinación, balanceo, alineación, ajustes de frenos. A los $385,222 sumemos una cantidad estimada en $114,778 pesos en múltiples servicios y chucherías. Son “apenas” medio millón de pesos. Añadamos los 10 años del impuesto a por el uso y tenencia de automóviles ($300 pesos cada año, mismos que pagué entre 1977 y 1986) y los demás impuestos por refrendo de placas y aquellos pesos con los que contribuí al fisco al pasarme un alto del semáforo, dar una vuelta prohibida, exceder los límites de velocidad o estacionarme en donde me dio la gana: digamos, ¿otros $100,000 pesos?
¿Puedo afirmar que –casi 33 años después - tengo un vehículo equivalente a los $600,000 pesos que me ha costado transportarme de aquí para allá por mi pueblito tapatío y entre San Francisco, California, la Ciudad de México y Xalapa, Veracruz (los puntos más lejanos de la geografía que ha logrado recorrer el producto poblano adquirido en los años setenta)? Si un carrito que inicialmente costó poco más de 80 mil pesos acaba por costar tanto ($600 mil) en unos cuantos kilómetros, mismos que no llegan siquiera a las diez vueltas al planeta, ¿vale la pena adquirir uno de ese mismo precio en pesos actuales?
Aparte de las evidentes diferencias de un VW sedán (un modelo que tanto se usó en carretera en los setenta y ochenta y parte de los noventa) frente a los vehículos equipados y adecuados para los viajes por caminos carreteros en los que no circulan ya carretas y muy escasos VW sedán, ¿cuáles son las ventajas en seguridad y servicios en el transporte urbano? ¿Vale la pena “invertir” en un vehículo para carretera que se usará principalmente en la ciudad? ¿No sería más sensato “invertir” en transporte colectivo? ¿Cuántos viajes se pueden hacer con esos $600 mil pesos en mi pueblito tapatío? Suponiendo los precios actuales de $6 pesos por viaje, la cosa es fácil de calcular (es incluso más fácil que la matemática de los ingenieros alemanes que metieron un tanque de gasolina de 10 galones n el sedán). 600,000/6 = 100,000 viajes…
Planteado de otra forma: ¿por qué, quienes nos movemos en nuestras ciudades, optamos por gastar nuestro dinero en comprar un vehículo particular en vez de presionar para mejorar el transporte colectivo? ¿Cuántos usuarios de vehículos particulares, a lo largo de 10, de 20, de 30 o de 35 años, hemos malgastado – a través de los políticos que nos representan al gastar los impuestos – nuestro dinero, los recursos de los ayuntamientos y de los contribuyentes, nuestro tiempo y el aire que respiramos, presionando para que haya calles más amplias en las que quepan más y más veloces vehículos, en los que haya cada vez menos árboles y en los que se dan tantas fatalidades por los choques entre esos vehículos y entre ellos y los peatones que osan acercarse a las vías rápidas y no tanto?
¿Por qué seguimos favoreciendo el enfrentamiento entre lámina contra epidermis y no promovemos suficientemente el uso de métodos alternativos para distancias medias en el transporte urbano? ¿Qué pasa con nuestros sistemas de transporte regional que, en vez de contar con trenes entre ciudades relativamente cercanas (por ejemplo de Guadalajara a Tepatitlán, de ahí a San Juan de los Lagos y a Aguascalientes, de Aguascalientes a León, de ahí a Querétaro y a la capital del país) recurrimos todavía al costoso sistema de carreteras “de cuota” en las que todos cooperamos para embotellarnos, accidentarnos y pagar por usar una superficie con nuestros propios vehículos por los que ya pagamos muchos otros costos?
¿De qué manera las superficies que ocupan las calles (cada vez más amplias, como el periférico Gómez Morín o las vías relativamente rápidad de Lázaro Cárdenas y López Mateos en Guadalajara) y las carreteras, cada vez más letales, nos están consumiendo espacios de convivencia, de áreas verdes, de esparcimiento e incluso de trabajo? ¿Cuál es la lógica de cambiar de vehículo cada determinado número de años o de kilómetros para volver a pagar, desde el principio, múltiples costos por el afán de conservar la garantía del fabricante y contribuir con impuestos adicionales a los costos elementales de mantener un vehículo en funcionamiento? ¿Qué evita, aparte de las políticas oficiales de promoción de la compra/venta de automóviles nuevos que en su totalidad son de marcas extranjeras, que los usuarios de las ciudades seamos además usuarios del transporte público y complementemos con traslados en bicicleta y a pie? ¿Nos lo evita nuestra creencia en que el vehículo más potente, más brilloso, más equipado, hará también más potentes a nuestros egos y más atractivas nuestras cualidades personales? ¿No usamos el transporte público y los medios alternativos porque odiamos sudar y preferimos gastar nuestro tiempo y nuestro dinero en reparar los daños que causamos generando más calentamiento global y más calor en nuestro pueblito? Visto ya que a los habitantes de nuestro país poco les importa ya convertirse en obesos, en buena parte por no realizar una actividad tan sencilla como caminar, habría que encontrar la manera de resolver el misterio de cómo vencer los afanes del glamour y encontrar soluciones que sean atractivas (y que incluso suenen “sexis”) para quemar menos cómbustibles fósiles y pedalear y caminar más…
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EL TERCER EJÉRCITO: envío de mi compañero y amigo Francisco Murra
Me escribe Paco, con este escueto mensaje de presentación al texto que le sigue: "Algunos no estan enterados, Pero Mauricio Murra asesinado en la balacera de Mayo en Torreón fué hijo de Luis mi hermano, y comparto esta reflexión de un cercano amigo de Mauri, Desde cada lugar hemos de poder hacer algo por un cambio valoral. Lic. Francisco Murra Castillo"
Me opongo a la violencia, porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal, el mal que causa es permanente” –Ghandi.-
Durante los últimos meses no había cosa más importante en mi ser que prepararme para ganar en esta convención, practicaba y estudiaba con gran ahincó para hoy dar mi mejor y resultar galardonado en esta competencia; es asombroso, e incluso impactante, como la vida en un instante te hace partícipe de duros y terribles acontecimientos que te transforman y marcan por siempre. La vida a través de ese sutil y trágico andar, hace que una mañana común despiertes con un reflejo diferente, un reflejo lacerado que tristemente jamás será igual.
Y todo ello debido a los horrendos acontecimientos suscitados en mi bella, pero hoy secuestrada y atemorizada, ciudad de Torreón, Coahuila el fin de semana pasado. En donde un grupo de bandoleros desalmados dispararon sin piedad sus balas en un bar robándoles instantáneamente la vida a dos amigos del alma con los cuales había convivido por más de 15 años, y a otros seis jóvenes más. Mis hermanos y los demás jóvenes cometieron un pecado terrible que los condenó a perder sus vidas, el pecado de buscar un lugar en donde compartir una copa con un amigo.
Este dolor que hoy ahoga todas las fibras de mi ser, no se compara con el sufrimiento que los hoy inconsolables padres de mis amigos sintieron a la hora de recibir una llamada en la madrugada, que espero de corazón amigos de toda la república, jamás reciban: la llamada de un frio asistente de hospital que solicita ir a reconocer el cuerpo de su hijo asesinado en una masacre. ¿Qué no suponía la ley de la vida que los hijos enteraran a sus padres y no viceversa? ¿Qué no suponía que estos jóvenes debían disfrutar las bellezas y experiencias que tiene la vida por el pasar de los años? Antes de su último aliento ¿mis hermanos se habrían dado cuenta que jamás se titularían, que jamás se casarían y tendrían familia, que jamás sabrían lo que es regresar a casa y recibir el cálido abrazo de una madre amorosa que los espera y que vive por y para ellos? ¿Habrían pensado que sus vidas se convertirían en un número y una estadística más?
Uno de mis hermanos asesinados se llamaba Mauricio Murra, un joven brillante quien, sin lugar a dudas, auguraba un futuro más que exitoso. Dedicaba su vida entera al estudio, el trabajo y la familia; recuerdo con nostalgia que siempre llevaba consigo una pulsera en su diestra que tenia las letras WWJD, que representan la abreviatura al español “¿Qué haría Jesús?”, y siempre que se encontraba en momentos difíciles consultaba su pulsera y se encomendaba a Jesucristo; el día de hoy esa pulsera continúa iluminando senderos, pero no de él, sino de una madre inconsolable que busca la pronta y ardua resignación.
Y como Mauricio muchos más, esta guerra está acabando no sólo con policías y criminales, sino con inocentes, particularmente jóvenes, y con ello no sólo se arrebata la tranquilidad y vida de sus padres, si no la esperanza de un país que finca su futuro en ellos, es decir, no sólo acaban con sus vidas sino con propuestas, ideas, arte, anhelos que hoy más que nunca este México del siglo XXI necesita.
Amigos, seamos consientes de que ni el gobierno ni los cárteles tienen la culpa. La responsabilidad principal es de nosotros: la sociedad. Una sociedad adormecida, pasiva y temerosa, secuestrada no por la violencia, sino por el miedo; que nos mantiene cabizbajos y tolerantes a las calamidades que suceden día con día en nuestras calles. ¿Cuántas muertes más se requieren para que tomemos la responsabilidad y actuemos? ¿Necesitamos que nuestros hijos sean desangrados para levantarnos?
Yo creo que no. Yo no creo que sea necesario que la tragedia toque todos y cada uno de nuestros hogares para levantarnos. Y sí, necesitamos levantarnos en armas, hacer una revolución en la cual nuestro fusil sea el raciocinio y nuestras balas la palabra; en donde reclutemos a soldados de paz y agentes de cambio que busquen más que violencia, soluciones. Formemos un tercer ejército en donde la trinchera sea el cambio y el servicio social; que busque sanar el resquebrajado tejido social ya que de éste deriva el conflicto; un ejército que entienda que la crisis de inseguridad no es económica o política, sino social; entendamos que está en nosotros y no en un político ni en un policía el rescate de este país.
Pero ¿cómo? Cómo formar un tercer ejercito, el social, el de paz y combatir desde esa trinchera. Parar ello quisiera compartirles nuestra propuesta surgida en Torreón para no quedarnos cruzados de brazos ante la injusta muerte de nuestros amigos: 10 jóvenes nos reuniremos para crear una asociación civil que tenga un objetivo claro: crear oportunidades de desarrollo a aquellas personas abandonadas por la sociedad; llámese pobres, desadaptados, jóvenes banda etc. Estas oportunidades las crearemos organizando torneos deportivos, manifestaciones culturales y capacitaciones académicas y laborales mediante convenios de colaboración con universidades. Imaginen ustedes el impacto positivo que tendría, por ejemplo, el ofrecer un diplomado en carpintería exclusivo para lavacoches y limpiaparabrisas, que mediante esa educación se les inculque lo que es la cultura del esfuerzo y tengan una alternativa real a unirse a las filas del narcotráfico.
Tal vez piensen que estas labores para “mantener la mente ocupada” de los jóvenes las realiza ya el gobierno, y están en lo correcto. Sin embargo creo que estas acciones carecen de continuidad debido a que son planes sexenales o trianuales y dependen del color rojo, azul, amarillo o verde. Nosotros sociedad no dependemos de una fecha de caducidad ni de un color, nosotros somos los únicos que podemos ofrecer un programa de carácter permanente desde y para la sociedad.
Amigos de la república, despertemos de esta pesadilla. Tomemos la acción y combatamos al crimen como sociedad, como un todo, como un pueblo unido que busca rescatarse a sí mismo.
¡Unámonos! Que las fronteras de la sociedad sean arrasadas y demostremos que somos un pueblo con memoria histórica y alto compromiso social.
¿Amas a tu país? ¡Demuéstraselo con acciones! Y no le cierres la puerta a alguien que el día de mañana pueda ser el secuestrador de tu hijo. Te invito a que te unas a esta revolución del pensamiento y a este ejército de paz promoviendo en tu ciudad oportunidades para quienes no las tienen.
Déjenme decirles, como diría Ernesto Guevara, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.
EL TERCER EJÉRCITO
Me opongo a la violencia, porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal, el mal que causa es permanente” –Ghandi.-
Durante los últimos meses no había cosa más importante en mi ser que prepararme para ganar en esta convención, practicaba y estudiaba con gran ahincó para hoy dar mi mejor y resultar galardonado en esta competencia; es asombroso, e incluso impactante, como la vida en un instante te hace partícipe de duros y terribles acontecimientos que te transforman y marcan por siempre. La vida a través de ese sutil y trágico andar, hace que una mañana común despiertes con un reflejo diferente, un reflejo lacerado que tristemente jamás será igual.
Y todo ello debido a los horrendos acontecimientos suscitados en mi bella, pero hoy secuestrada y atemorizada, ciudad de Torreón, Coahuila el fin de semana pasado. En donde un grupo de bandoleros desalmados dispararon sin piedad sus balas en un bar robándoles instantáneamente la vida a dos amigos del alma con los cuales había convivido por más de 15 años, y a otros seis jóvenes más. Mis hermanos y los demás jóvenes cometieron un pecado terrible que los condenó a perder sus vidas, el pecado de buscar un lugar en donde compartir una copa con un amigo.
Este dolor que hoy ahoga todas las fibras de mi ser, no se compara con el sufrimiento que los hoy inconsolables padres de mis amigos sintieron a la hora de recibir una llamada en la madrugada, que espero de corazón amigos de toda la república, jamás reciban: la llamada de un frio asistente de hospital que solicita ir a reconocer el cuerpo de su hijo asesinado en una masacre. ¿Qué no suponía la ley de la vida que los hijos enteraran a sus padres y no viceversa? ¿Qué no suponía que estos jóvenes debían disfrutar las bellezas y experiencias que tiene la vida por el pasar de los años? Antes de su último aliento ¿mis hermanos se habrían dado cuenta que jamás se titularían, que jamás se casarían y tendrían familia, que jamás sabrían lo que es regresar a casa y recibir el cálido abrazo de una madre amorosa que los espera y que vive por y para ellos? ¿Habrían pensado que sus vidas se convertirían en un número y una estadística más?
Uno de mis hermanos asesinados se llamaba Mauricio Murra, un joven brillante quien, sin lugar a dudas, auguraba un futuro más que exitoso. Dedicaba su vida entera al estudio, el trabajo y la familia; recuerdo con nostalgia que siempre llevaba consigo una pulsera en su diestra que tenia las letras WWJD, que representan la abreviatura al español “¿Qué haría Jesús?”, y siempre que se encontraba en momentos difíciles consultaba su pulsera y se encomendaba a Jesucristo; el día de hoy esa pulsera continúa iluminando senderos, pero no de él, sino de una madre inconsolable que busca la pronta y ardua resignación.
Y como Mauricio muchos más, esta guerra está acabando no sólo con policías y criminales, sino con inocentes, particularmente jóvenes, y con ello no sólo se arrebata la tranquilidad y vida de sus padres, si no la esperanza de un país que finca su futuro en ellos, es decir, no sólo acaban con sus vidas sino con propuestas, ideas, arte, anhelos que hoy más que nunca este México del siglo XXI necesita.
Amigos, seamos consientes de que ni el gobierno ni los cárteles tienen la culpa. La responsabilidad principal es de nosotros: la sociedad. Una sociedad adormecida, pasiva y temerosa, secuestrada no por la violencia, sino por el miedo; que nos mantiene cabizbajos y tolerantes a las calamidades que suceden día con día en nuestras calles. ¿Cuántas muertes más se requieren para que tomemos la responsabilidad y actuemos? ¿Necesitamos que nuestros hijos sean desangrados para levantarnos?
Yo creo que no. Yo no creo que sea necesario que la tragedia toque todos y cada uno de nuestros hogares para levantarnos. Y sí, necesitamos levantarnos en armas, hacer una revolución en la cual nuestro fusil sea el raciocinio y nuestras balas la palabra; en donde reclutemos a soldados de paz y agentes de cambio que busquen más que violencia, soluciones. Formemos un tercer ejército en donde la trinchera sea el cambio y el servicio social; que busque sanar el resquebrajado tejido social ya que de éste deriva el conflicto; un ejército que entienda que la crisis de inseguridad no es económica o política, sino social; entendamos que está en nosotros y no en un político ni en un policía el rescate de este país.
Pero ¿cómo? Cómo formar un tercer ejercito, el social, el de paz y combatir desde esa trinchera. Parar ello quisiera compartirles nuestra propuesta surgida en Torreón para no quedarnos cruzados de brazos ante la injusta muerte de nuestros amigos: 10 jóvenes nos reuniremos para crear una asociación civil que tenga un objetivo claro: crear oportunidades de desarrollo a aquellas personas abandonadas por la sociedad; llámese pobres, desadaptados, jóvenes banda etc. Estas oportunidades las crearemos organizando torneos deportivos, manifestaciones culturales y capacitaciones académicas y laborales mediante convenios de colaboración con universidades. Imaginen ustedes el impacto positivo que tendría, por ejemplo, el ofrecer un diplomado en carpintería exclusivo para lavacoches y limpiaparabrisas, que mediante esa educación se les inculque lo que es la cultura del esfuerzo y tengan una alternativa real a unirse a las filas del narcotráfico.
Tal vez piensen que estas labores para “mantener la mente ocupada” de los jóvenes las realiza ya el gobierno, y están en lo correcto. Sin embargo creo que estas acciones carecen de continuidad debido a que son planes sexenales o trianuales y dependen del color rojo, azul, amarillo o verde. Nosotros sociedad no dependemos de una fecha de caducidad ni de un color, nosotros somos los únicos que podemos ofrecer un programa de carácter permanente desde y para la sociedad.
Amigos de la república, despertemos de esta pesadilla. Tomemos la acción y combatamos al crimen como sociedad, como un todo, como un pueblo unido que busca rescatarse a sí mismo.
¡Unámonos! Que las fronteras de la sociedad sean arrasadas y demostremos que somos un pueblo con memoria histórica y alto compromiso social.
¿Amas a tu país? ¡Demuéstraselo con acciones! Y no le cierres la puerta a alguien que el día de mañana pueda ser el secuestrador de tu hijo. Te invito a que te unas a esta revolución del pensamiento y a este ejército de paz promoviendo en tu ciudad oportunidades para quienes no las tienen.
Déjenme decirles, como diría Ernesto Guevara, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.
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jueves 20 de mayo de 2010
Coloquio internacional: creatividad social y cultural emergente. 12-14 de abril del 2011, UNAM
Convocatoria
Instituto de Investigaciones Sociales
de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIS-UNAM)
Laboratorio Internacional de Investigación Social y Cultural
CesNova, Centro de Estudos em Sociologia
Faculdade de Ciências Sociais e Humanas da Universidade Nova de Lisboa (Portugal)
Chaire de Sociologie, Travail Social et Politiques Sociales
de l’Université de Fribourg (Suisse)
En el marco del :
Comité de Recherche 30 – Inégalités, Identités et Liens Sociaux de l’Association Internationale des Sociologues de Langue française
(AISLF)
Coloquio internacional Colloque international
Creatividad social y cultural emergente
Créativité sociale et culturelle émergente
Los rostros plurales del individuo frente a la incertidumbre
Les visages pluriels de l’individu incertain
Dónde y Cuándo
El Coloquio tendrá lugar los días 12, 13 y 14 de abril de 2011, en la sala de conferencias del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (Circuito Mario de la Cueva, Ciudad Universitaria, Campus de la UNAM, México DF).
Comité científico
Guy BAJOIT, Université Catholique de Louvain-la-Neuve, Belgique ;
guy.bajoit@uclouvain.be
Casimiro BALSA, Universidade Nova, Lisboa, Portugal ; cm.balsa@fcsh.unl.pt
Pablo S. GARCIA, Universidad de Buenos Aires, Argentina ;
pabloseba77@hotmail.com
Mario SANDOVAL, Universidad Católica Silva Henriquez, Santiago, Chile;
msandoval@gmail.com
Marc-Henry SOULET, Université de Fribourg, Suisse ;
marc-henry.soulet@unifr.ch
Hugo José SUAREZ, Universidad Nacional Autónoma de Mexico ;
hugojose@unam.mx
Verónica ZUBILLAGA, Universidad Simon Bolivar, Caracas, Venezuela ;
vzubillaga@usb.ve
Comité organizador
Para mayor información dirigirse a:
Hugo José SUAREZ, Universidad Nacional Autónoma de Mexico
Guy BAJOIT, Université Catholique de Louvain-la-Neuve
Antecedentes
Este encuentro científico se inscribe dentro de una línea de reflexión inaugurada en coloquios anteriores organizados tanto por el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, como por el Comité de Recherche 30 de la AISLF.
En este sentido, en marzo de 2009, Hugo José Suárez, Guy Bajoit y Verónica Zubillaga organizaron, en el IIS de la UNAM, un encuentro sobre el tema Malestar social y angustia de existir . El propósito de este primer intercambio fue el de poner en evidencia, en diferentes grupos sociales, las formas de malestar existencial que resultan de los cambios sociales, económicos, tecnológicos, políticos y culturales que tienen lugar en nuestras sociedades y más particularmente en América Latina.
En marzo de 2010 volvieron a organizar, en el mismo marco institucional, un segundo encuentro como prolongación del primero, que tuvo como tema La incertidumbre y las estrategias de sentido . Entusiasmados por el éxito de estos dos encuentros, los organizadores proponen ahora no solamente extender la participación organizando en abril 2011 un tercer coloquio con la colaboración de la AISLF, sino también dar un paso más en la profundización de la problemática de la creatividad social y cultural del individuo frente a la incertidumbre.
A su vez, y durante varios años, el Comité de Recherche 30 de la AISLF ha organizado numerosos coloquios sobre estos mismos problemas. Para mencionar solamente los que se relacionan más directamente con el tema aquí propuesto: en la Universidad de Fribourg (Suiza), en 2002 : «Enfrentar o escapar. Actuar en situaciones de vulnerabilidad»; en la Universidad de Tours (France), en 2004 : «Retorno al individuo y en torno al individuo: individuación y sociedad de desigualdades»; en la Universidad de Concepción (Chile), en 2008 : «El contrato social en un mundo en vías de globalización»; en la Universidad de Montes Claros (Brasil), en 2010 : «Los Recursos de la lucha contra la pobreza: entre control societario y reconocimiento social».
Problemática
En las sociedades regidas por el modelo cultural « individuo-sujeto-actor », cada individuo se siente presionado por la cultura que lo rodea a realizarse como persona singular, a elegir su vida, a vivirla con pasión y disfrute, a ser autónomo y responsable de sí mismo, a no tropezar con ninguna de las piedras que se encuentran en su camino. Ahora bien, es difícil cumplir con tales exigencias y de allí resulta un malestar. Si bien es cierto que aquellos que están en situaciones de precariedad y los excluidos son los más vulnerables, no es menos cierto que la incertidumbre puede afectar a cualquiera. En efecto, esta « hidra » moderna tiene, si no siete, al menos cinco cabezas :
1. La exigencia de competir genera el aumento de la precariedad, de las desigualdades, del desempleo y, en general, de la exclusión social. Al mismo tiempo, la exigencia insistente de consumir hace desear a los individuos bienes y servicios que difícilmente podrán procurarse. Algunos lograrán conseguirlos, pero trabajando de manera excesiva (estrés), convirtiéndose en « lobos entre lobos » (hiperindividualismo) y endeudándose en exceso (consumismo); otros no lo lograrán jamás… ¡y lo saben!
2. La exigencia de una nueva ciudadanía (más pragmática, más cercana a la gente, más participativa, más descentralizada) entra en contradicción flagrante con el mundo político « traditional », que se resiste a los cambios, y que se hunde más y más en la demagogia, los negociados, las promesas incumplidas, el clientelismo, los escándalos, la corrupción, los « affaires » y, en general, la ausencia de un proyecto político alternativo al modelo neoliberal.
3. La exigencia de autonomía, de asumir responsabilidades, de ser activos, sobre las cuales las élites políticas pretenden fundar el nuevo contrato social se contradice en la práctica al menos por dos razones. Por una parte, por la insuficiencia de los medios puestos a la disposición de las políticas sociales y los servicios públicos, mientras que las necesidades no dejan de crecer. Por la otra, esta política social y pública –que pretende, en su discurso, restaurar la ciudadanía, la autonomía y la responsabilidad de los sujetos individuales- desemboca en realidad en una «caza a los aprovechadores » y de aquellos que ponen en peligro la seguridad pública.
4. La exigencia de autorrealización individual y de una relación reflexiva las normas y los valores entra en contradicción con la crisis de autoridad en las instancias de socialización (familia, escuela…). Esta crisis engendra, tanto entre los que deben ejercer la autoridad como entre quienes deben obedecerla, problemas de identidad, de relación social y de las formas cotidianas de actuar.
5. La exigencia de pluralismo, de tolerancia respecto de las diferencias, de la aceptación del interculturalismo, de la inserción de los individuos en redes, entra en contradicción con dos características importantes de las sociedades de hoy. Por una parte, la mundialización – con la generalización del American way of life –, está en vías de barrer, en todo el mundo, las culturas locales con todo el poder de convencimiento de los mass media y de las industrias culturales, provocando por todas partes un repliegue sobre las identidades étnicas y nacionales. Por la otra, estos repliegues culturales con frecuencia tienen visos de racismo, y el racismo, como la extrema derecha, es una de las formas de respuesta a la incertidumbre a la cual la gente es arrastrada en su vida cotidiana hoy en día.
¿Cómo se « las arreglan » los individuos con estas formas de incertidumbre? La pregunta que provoca el coloquio al cual los convocamos es la que demanda por las formas de creatividad social y cultural, que emergen de los individuos afectados por el malestar y la inquietud. El acento se pone, en esta oportunidad, en la innovación, en la capacidad de individuos en incertidumbre de inventar por sí mismos las soluciones a sus problemas, y de conducirse de este modo, dentro de los límites de sus recursos, como sujetos y actores de su existencia.
Sin pretender ser exhaustivos, y con el único fin de ilustrar una problemática que los participantes no dejarán de enriquecer con sus aportes, se puede señalar que la creatividad de la que se trata aquí, se expresa en todas las categorías de individuos afectados por la incertidumbre. He aquí algunos ejemplos.
Los rostros de los jóvenes frente a la incertidumbre
Enfrentados a un futuro más o menos inquietante, según los recursos de que disponen, los jóvenes adoptan múltiples formas creativas de adaptación : entran en « el sistema » y se convierten en trabajadores precarios pero flexibles, consumidores competitivos y conectados con la web ; participan en grupos de pares (bandas de música, tribus urbanas, fans…) ; forman parte de movimientos políticos (altermundialismo, anarquismo, extrema derecha…), de corrientes artísticas (hip-hop, rap, tag…) o religiosas (cristianos, musulmanes, budistas…) ; y, ¿por qué no? ¡se casan y tienen hijos!
Los rostros de la mujer, del hombre y de la pareja frente a la incertidumbre
Más allá de los progresos innegables frente a las discriminaciones de las que continúan siendo víctimas, las mujeres siguen exigiendo la igualdad que les ha costado cara a las feministas. Pero al mismo tiempo –el modelo cultural obliga- reivindican también su derecho a una identidad singular, a la libre elección de la vida que pretenden llevar: vivir solas o en pareja, ser hétero u homosexuales, tener o no niños, llegar a ser profesionales o solamente amas de casa, ser frívolas y seductoras o llevar el velo islámico, como más les guste, y sin que eso sea necesariamente incompatible.
Pero si el género femenino « ya no es más lo que era», al género masculino no le va mejor « en lo suyo» : ¿cuáles son las normas de la masculinidad de hoy ? Mientras que la mayoría de las mujeres se hallan en empleos, el hombre es considerado todavía el proveedor del hogar? ¿Cuál es su posición en la división de las tareas llamadas « domésticas »? ¿Cómo se comporta en lo que atañe a la sexualidad? ¿Cómo ejerce su paternidad?
Y, por supuesto, hombres y mujeres que están en un proceso de crear nuevas identidades generan parejas más inciertas que nunca, y lo mismo pasa con los niños y las familias cuyo futuro ya no es previsible.
Los rostros del trabajador frente a la incertidumbre
En todas partes, el modelo económico y tecnológico neoliberal ha impuesto sus condiciones : reestructuración y deslocalización de las empresas, robotización de la producción, individualización de los contratos de trabajo, desmovilización del sindicalismo, puesta en práctica de una nueva cultura empresarial. Los grupos financieros y comerciales más fuertes imponen la libre competencia a los más débiles, mientras que ellos mismos no la respetan. Esto ha dado por resultado una precarización del trabajo y un retroceso de la seguridad social. En el sector formal, los trabajadores deben sobresalir en su desempeño si quieren conservar su empleo; en el sector informal, deben inventar soluciones: empresas recuperadas autogestionadas, trueque, monedas locales, economía social solidaria…
Los rostross del ciudadano y del militante frente a la incertidumbre
Ayer, el ciudadano estaba seguro de sus premisas. Era « de izquierda » (anticapitalista, antiimperialista, socialista revolucionario o socialdemócrata) o era « de derecha » (lo contrario). Hoy, ya no sabe por dónde pasa la línea divisoria: los revolucionarios ya no son creíbles, los socialdemócratas son tan liberales como la derecha y, después de la última crisis, los neoliberales hablan de la necesidad de volver a una regulación del mercado por parte del Estado. ¿Cómo ser ciudadanos hoy en los países donde el Estado es incapaz de asegurar sus funciones esenciales: garantizar la seguridad de los ciudadanos, ejercer la violencia legítima, garantizar el contrato social a través de una solidaridad institucionalizada, legislar y gobernar, mantener su soberanía en un orden mundializado? ¿Y cómo ser militante político o social cuando las apuestas se han diversificado? Hay todavía sindicalismo (obrero o campesino), sin duda, pero existe también la defensa del medioambiente, de los consumidores, de la democracia, de los servicios públicos, de los pueblos originarios, de las mujeres, de los jóvenes, de los excluidos, de los inmigrantes, de los homosexuales, etc., etc.
Los rostros del creyente frente a la incertidumbre
Ayer, Occidente era católico o protestante, o bien laico (que era otra forma de ser creyente). Hoy, el creyente puede elegir, pero ya no sabe en qué creer: sectas e iglesias se entregan a un proselitismo encarnizado, y no es siempre la convicción religiosa lo que decide la adhesión. El creyente puede reafirmar su fe antigua o construir sus creencias « a la carta », combinando un poco de budismo, un poco de islamismo, un poco de animismo y aun de superstición.
Estructura del coloquio
El coloquio incluirá cinco o seis medias jornadas de trabajo (según las propuestas de comunicación aceptadas) : dos el martes 12, dos el miércoles 13 y una o dos el jueves 14 de abril. Cada una será introducida por dos conferencias plenarias, una por un conferencista latinoamericano, y otra por un conferencista propuesto por la AISLF. Si el número y los temas abordados por los participantes lo admiten, los cinco campos de innovación antes enunciados deberían permitir la distribución de las comunicaciones en mesas redondas, paralelas o simultáneas.
¿Cómo participar?
Los investigadores interesados en participar de este coloquio deberán comunicarse con uno u otro de los siguientes miembros del Comité organizador: Hugo José Suárez y/o Guy Bajoit. Deberán enviarles un resumen detallado de la comunicación que van a presentar (en francés o en castellano). Les pedimos que hagan este envío antes del 31 de septiembre de 2010, a fin de poder ofrecer una respuesta con tiempo suficiente para que los que deseen solicitar financiamiento a sus organizaciones, tengan el tiempo necesario. El Comité científico examinará las propuestas y comunicará su decisión antes del 31 de octubre de 2010.
Informaciones prácticas
Se comunicarán próximamente.
Instituto de Investigaciones Sociales
de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIS-UNAM)
Laboratorio Internacional de Investigación Social y Cultural
CesNova, Centro de Estudos em Sociologia
Faculdade de Ciências Sociais e Humanas da Universidade Nova de Lisboa (Portugal)
Chaire de Sociologie, Travail Social et Politiques Sociales
de l’Université de Fribourg (Suisse)
En el marco del :
Comité de Recherche 30 – Inégalités, Identités et Liens Sociaux de l’Association Internationale des Sociologues de Langue française
(AISLF)
Coloquio internacional Colloque international
Creatividad social y cultural emergente
Créativité sociale et culturelle émergente
Los rostros plurales del individuo frente a la incertidumbre
Les visages pluriels de l’individu incertain
Dónde y Cuándo
El Coloquio tendrá lugar los días 12, 13 y 14 de abril de 2011, en la sala de conferencias del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (Circuito Mario de la Cueva, Ciudad Universitaria, Campus de la UNAM, México DF).
Comité científico
Guy BAJOIT, Université Catholique de Louvain-la-Neuve, Belgique ;
guy.bajoit@uclouvain.be
Casimiro BALSA, Universidade Nova, Lisboa, Portugal ; cm.balsa@fcsh.unl.pt
Pablo S. GARCIA, Universidad de Buenos Aires, Argentina ;
pabloseba77@hotmail.com
Mario SANDOVAL, Universidad Católica Silva Henriquez, Santiago, Chile;
msandoval@gmail.com
Marc-Henry SOULET, Université de Fribourg, Suisse ;
marc-henry.soulet@unifr.ch
Hugo José SUAREZ, Universidad Nacional Autónoma de Mexico ;
hugojose@unam.mx
Verónica ZUBILLAGA, Universidad Simon Bolivar, Caracas, Venezuela ;
vzubillaga@usb.ve
Comité organizador
Para mayor información dirigirse a:
Hugo José SUAREZ, Universidad Nacional Autónoma de Mexico
Guy BAJOIT, Université Catholique de Louvain-la-Neuve
Antecedentes
Este encuentro científico se inscribe dentro de una línea de reflexión inaugurada en coloquios anteriores organizados tanto por el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, como por el Comité de Recherche 30 de la AISLF.
En este sentido, en marzo de 2009, Hugo José Suárez, Guy Bajoit y Verónica Zubillaga organizaron, en el IIS de la UNAM, un encuentro sobre el tema Malestar social y angustia de existir . El propósito de este primer intercambio fue el de poner en evidencia, en diferentes grupos sociales, las formas de malestar existencial que resultan de los cambios sociales, económicos, tecnológicos, políticos y culturales que tienen lugar en nuestras sociedades y más particularmente en América Latina.
En marzo de 2010 volvieron a organizar, en el mismo marco institucional, un segundo encuentro como prolongación del primero, que tuvo como tema La incertidumbre y las estrategias de sentido . Entusiasmados por el éxito de estos dos encuentros, los organizadores proponen ahora no solamente extender la participación organizando en abril 2011 un tercer coloquio con la colaboración de la AISLF, sino también dar un paso más en la profundización de la problemática de la creatividad social y cultural del individuo frente a la incertidumbre.
A su vez, y durante varios años, el Comité de Recherche 30 de la AISLF ha organizado numerosos coloquios sobre estos mismos problemas. Para mencionar solamente los que se relacionan más directamente con el tema aquí propuesto: en la Universidad de Fribourg (Suiza), en 2002 : «Enfrentar o escapar. Actuar en situaciones de vulnerabilidad»; en la Universidad de Tours (France), en 2004 : «Retorno al individuo y en torno al individuo: individuación y sociedad de desigualdades»; en la Universidad de Concepción (Chile), en 2008 : «El contrato social en un mundo en vías de globalización»; en la Universidad de Montes Claros (Brasil), en 2010 : «Los Recursos de la lucha contra la pobreza: entre control societario y reconocimiento social».
Problemática
En las sociedades regidas por el modelo cultural « individuo-sujeto-actor », cada individuo se siente presionado por la cultura que lo rodea a realizarse como persona singular, a elegir su vida, a vivirla con pasión y disfrute, a ser autónomo y responsable de sí mismo, a no tropezar con ninguna de las piedras que se encuentran en su camino. Ahora bien, es difícil cumplir con tales exigencias y de allí resulta un malestar. Si bien es cierto que aquellos que están en situaciones de precariedad y los excluidos son los más vulnerables, no es menos cierto que la incertidumbre puede afectar a cualquiera. En efecto, esta « hidra » moderna tiene, si no siete, al menos cinco cabezas :
1. La exigencia de competir genera el aumento de la precariedad, de las desigualdades, del desempleo y, en general, de la exclusión social. Al mismo tiempo, la exigencia insistente de consumir hace desear a los individuos bienes y servicios que difícilmente podrán procurarse. Algunos lograrán conseguirlos, pero trabajando de manera excesiva (estrés), convirtiéndose en « lobos entre lobos » (hiperindividualismo) y endeudándose en exceso (consumismo); otros no lo lograrán jamás… ¡y lo saben!
2. La exigencia de una nueva ciudadanía (más pragmática, más cercana a la gente, más participativa, más descentralizada) entra en contradicción flagrante con el mundo político « traditional », que se resiste a los cambios, y que se hunde más y más en la demagogia, los negociados, las promesas incumplidas, el clientelismo, los escándalos, la corrupción, los « affaires » y, en general, la ausencia de un proyecto político alternativo al modelo neoliberal.
3. La exigencia de autonomía, de asumir responsabilidades, de ser activos, sobre las cuales las élites políticas pretenden fundar el nuevo contrato social se contradice en la práctica al menos por dos razones. Por una parte, por la insuficiencia de los medios puestos a la disposición de las políticas sociales y los servicios públicos, mientras que las necesidades no dejan de crecer. Por la otra, esta política social y pública –que pretende, en su discurso, restaurar la ciudadanía, la autonomía y la responsabilidad de los sujetos individuales- desemboca en realidad en una «caza a los aprovechadores » y de aquellos que ponen en peligro la seguridad pública.
4. La exigencia de autorrealización individual y de una relación reflexiva las normas y los valores entra en contradicción con la crisis de autoridad en las instancias de socialización (familia, escuela…). Esta crisis engendra, tanto entre los que deben ejercer la autoridad como entre quienes deben obedecerla, problemas de identidad, de relación social y de las formas cotidianas de actuar.
5. La exigencia de pluralismo, de tolerancia respecto de las diferencias, de la aceptación del interculturalismo, de la inserción de los individuos en redes, entra en contradicción con dos características importantes de las sociedades de hoy. Por una parte, la mundialización – con la generalización del American way of life –, está en vías de barrer, en todo el mundo, las culturas locales con todo el poder de convencimiento de los mass media y de las industrias culturales, provocando por todas partes un repliegue sobre las identidades étnicas y nacionales. Por la otra, estos repliegues culturales con frecuencia tienen visos de racismo, y el racismo, como la extrema derecha, es una de las formas de respuesta a la incertidumbre a la cual la gente es arrastrada en su vida cotidiana hoy en día.
¿Cómo se « las arreglan » los individuos con estas formas de incertidumbre? La pregunta que provoca el coloquio al cual los convocamos es la que demanda por las formas de creatividad social y cultural, que emergen de los individuos afectados por el malestar y la inquietud. El acento se pone, en esta oportunidad, en la innovación, en la capacidad de individuos en incertidumbre de inventar por sí mismos las soluciones a sus problemas, y de conducirse de este modo, dentro de los límites de sus recursos, como sujetos y actores de su existencia.
Sin pretender ser exhaustivos, y con el único fin de ilustrar una problemática que los participantes no dejarán de enriquecer con sus aportes, se puede señalar que la creatividad de la que se trata aquí, se expresa en todas las categorías de individuos afectados por la incertidumbre. He aquí algunos ejemplos.
Los rostros de los jóvenes frente a la incertidumbre
Enfrentados a un futuro más o menos inquietante, según los recursos de que disponen, los jóvenes adoptan múltiples formas creativas de adaptación : entran en « el sistema » y se convierten en trabajadores precarios pero flexibles, consumidores competitivos y conectados con la web ; participan en grupos de pares (bandas de música, tribus urbanas, fans…) ; forman parte de movimientos políticos (altermundialismo, anarquismo, extrema derecha…), de corrientes artísticas (hip-hop, rap, tag…) o religiosas (cristianos, musulmanes, budistas…) ; y, ¿por qué no? ¡se casan y tienen hijos!
Los rostros de la mujer, del hombre y de la pareja frente a la incertidumbre
Más allá de los progresos innegables frente a las discriminaciones de las que continúan siendo víctimas, las mujeres siguen exigiendo la igualdad que les ha costado cara a las feministas. Pero al mismo tiempo –el modelo cultural obliga- reivindican también su derecho a una identidad singular, a la libre elección de la vida que pretenden llevar: vivir solas o en pareja, ser hétero u homosexuales, tener o no niños, llegar a ser profesionales o solamente amas de casa, ser frívolas y seductoras o llevar el velo islámico, como más les guste, y sin que eso sea necesariamente incompatible.
Pero si el género femenino « ya no es más lo que era», al género masculino no le va mejor « en lo suyo» : ¿cuáles son las normas de la masculinidad de hoy ? Mientras que la mayoría de las mujeres se hallan en empleos, el hombre es considerado todavía el proveedor del hogar? ¿Cuál es su posición en la división de las tareas llamadas « domésticas »? ¿Cómo se comporta en lo que atañe a la sexualidad? ¿Cómo ejerce su paternidad?
Y, por supuesto, hombres y mujeres que están en un proceso de crear nuevas identidades generan parejas más inciertas que nunca, y lo mismo pasa con los niños y las familias cuyo futuro ya no es previsible.
Los rostros del trabajador frente a la incertidumbre
En todas partes, el modelo económico y tecnológico neoliberal ha impuesto sus condiciones : reestructuración y deslocalización de las empresas, robotización de la producción, individualización de los contratos de trabajo, desmovilización del sindicalismo, puesta en práctica de una nueva cultura empresarial. Los grupos financieros y comerciales más fuertes imponen la libre competencia a los más débiles, mientras que ellos mismos no la respetan. Esto ha dado por resultado una precarización del trabajo y un retroceso de la seguridad social. En el sector formal, los trabajadores deben sobresalir en su desempeño si quieren conservar su empleo; en el sector informal, deben inventar soluciones: empresas recuperadas autogestionadas, trueque, monedas locales, economía social solidaria…
Los rostross del ciudadano y del militante frente a la incertidumbre
Ayer, el ciudadano estaba seguro de sus premisas. Era « de izquierda » (anticapitalista, antiimperialista, socialista revolucionario o socialdemócrata) o era « de derecha » (lo contrario). Hoy, ya no sabe por dónde pasa la línea divisoria: los revolucionarios ya no son creíbles, los socialdemócratas son tan liberales como la derecha y, después de la última crisis, los neoliberales hablan de la necesidad de volver a una regulación del mercado por parte del Estado. ¿Cómo ser ciudadanos hoy en los países donde el Estado es incapaz de asegurar sus funciones esenciales: garantizar la seguridad de los ciudadanos, ejercer la violencia legítima, garantizar el contrato social a través de una solidaridad institucionalizada, legislar y gobernar, mantener su soberanía en un orden mundializado? ¿Y cómo ser militante político o social cuando las apuestas se han diversificado? Hay todavía sindicalismo (obrero o campesino), sin duda, pero existe también la defensa del medioambiente, de los consumidores, de la democracia, de los servicios públicos, de los pueblos originarios, de las mujeres, de los jóvenes, de los excluidos, de los inmigrantes, de los homosexuales, etc., etc.
Los rostros del creyente frente a la incertidumbre
Ayer, Occidente era católico o protestante, o bien laico (que era otra forma de ser creyente). Hoy, el creyente puede elegir, pero ya no sabe en qué creer: sectas e iglesias se entregan a un proselitismo encarnizado, y no es siempre la convicción religiosa lo que decide la adhesión. El creyente puede reafirmar su fe antigua o construir sus creencias « a la carta », combinando un poco de budismo, un poco de islamismo, un poco de animismo y aun de superstición.
Estructura del coloquio
El coloquio incluirá cinco o seis medias jornadas de trabajo (según las propuestas de comunicación aceptadas) : dos el martes 12, dos el miércoles 13 y una o dos el jueves 14 de abril. Cada una será introducida por dos conferencias plenarias, una por un conferencista latinoamericano, y otra por un conferencista propuesto por la AISLF. Si el número y los temas abordados por los participantes lo admiten, los cinco campos de innovación antes enunciados deberían permitir la distribución de las comunicaciones en mesas redondas, paralelas o simultáneas.
¿Cómo participar?
Los investigadores interesados en participar de este coloquio deberán comunicarse con uno u otro de los siguientes miembros del Comité organizador: Hugo José Suárez y/o Guy Bajoit. Deberán enviarles un resumen detallado de la comunicación que van a presentar (en francés o en castellano). Les pedimos que hagan este envío antes del 31 de septiembre de 2010, a fin de poder ofrecer una respuesta con tiempo suficiente para que los que deseen solicitar financiamiento a sus organizaciones, tengan el tiempo necesario. El Comité científico examinará las propuestas y comunicará su decisión antes del 31 de octubre de 2010.
Informaciones prácticas
Se comunicarán próximamente.
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jueves, mayo 20, 2010
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lunes 10 de mayo de 2010
No tengo tiempo, no tengo tiempo
En las épocas en que mi sobrino Emilio solía quedarse a dormir en casa de su abuela, en donde yo también vivía, tenía sobre mi buró un par de libros de Lewis Carroll. En la portada de uno de ellos aparecía claramente la liebre, siempre apurada, de la historia de Alicia. Emilio, que sabía a la perfección sobre el desdoblamiento de Alicia – Mariana, solía llegar hasta el buró para ver el dibujo y yo siempre le decía que en realidad se trataba de una foto de su madre (mi hermana Hilda), quien toda la vida ha estado en apuros y con el tiempo recortado. ¿Cómo podía ser que incluso después de su boda mi hermana corriera a dar su clase en la U. de Guadalajara, en vez de ir a celebrar su propio desposamiento, dejándonos a la familia la responsabilidad de platicar con el nuevo marido en tan marcada ocasión? Es algo que yo me había planteado ese día y era la pregunta a la que siempre recurría ante sus negativas a asistir a alguna otra comida, cena o paseo familiar.
Ahora mi sobrino Emilio, ante mis invitaciones para que vaya a comer a la casa en la que vivo con su tía y sus primos, responde “no tengo tiempo, voy a estar muy ocupado”. A sus casi 16 años, está siendo invadido por la predicción / despcripcíon de aquel título de Ulalume González de León: “A cada rato Lunes”. El problema es que en esta ciudad en que antes lográbamos ir de compras y de paseo a Plaza del Sol y regresar una hora después, ahora tan sólo realizar ese trayecto de los nueve semáforos que separan nuestras respectivas casas (la de mi sobrino-hermana y la mía con mis familia) de ese setentero centro comercial en ocasiones ya nos consume los sesenta minutos en los que antes ya estábamos de regreso.
¿Cómo era posible que en mis tiempos de estudiante alcanzara a leer mis múltiples asignaciones (en especial los cientos de páginas que asignaba y revisaba Ricardo Melgoza), y que además tuviera tiempo de andar en bicicleta, jugar futbol, invadir la casa-clínica de mi amigo y ahora compadre Juan José Morales, leer novelas, lavar carros (el mío y el de mi padre, y a veces hasta el de mi primo Robertime), además de cortar el pasto, sacar las hojas y barrer la entrada y cochera de la casa materna, además de ir a ver películas tan incongruentes como Star-Wars y otras más de la época? ¿Cómo? ¿De dónde salía el tiempo? ¿Qué hacía que fuera posible que la mamá de mi amigo Juan José me asignara a llevar a su padre a tomar fotos en una extensa región de Los Altos de Jalisco para promover carreteras entre Atotonilco y Puente Grande para lograr que su rancho Betania quedara adecuadamente comunicadoy que alcanzáramos a volver a tiempo para la cena? ¿Cómo alcanzaba a ir a clase, tener amigos, visitar a mi hermana, pedalear con mi hermano y sus amigos, pelear con mi madre y pasear con mi padre, todo el mismo día?
Algo ha pasado, además de mi creciente lentitud en el pensar y en el andar, que ha hecho que una sola actividad tome más horas en esta ciudad de lo que solía tomar. ¿Será que también nos estamos convirtiendo en liebres y hemos de desdoblarnos en más ahora que nuestros trabajos se han tornado más flexibles y nos vemos obligados a pasar más horas frente a la computadora de las que pasábamos en las “lentas” máquinas de escribir? ¿Cómo es que más rapidez no derive en más tiempo libre? ¿Por qué es tan poco el tiempo que puedo dedicar a mis hijos, si a la edad que tengo ahora mi padre alcanzaba a subir el nevado de Colima con nosotros, nuestros primos y amigos y todavía llevarnos a comer a Ciudad Guzmán? ¿Será que nos levantábamos más temprano, como los maestros que “trabajan” 25 horas días? Misterios de un ritmo que ahora equivale a un “a cada rato enero…” y en el que los años productivos y recreativos se nos acaban sin darnos cuenta…¿será tan sólo culpa del horario de verano?
Ahora mi sobrino Emilio, ante mis invitaciones para que vaya a comer a la casa en la que vivo con su tía y sus primos, responde “no tengo tiempo, voy a estar muy ocupado”. A sus casi 16 años, está siendo invadido por la predicción / despcripcíon de aquel título de Ulalume González de León: “A cada rato Lunes”. El problema es que en esta ciudad en que antes lográbamos ir de compras y de paseo a Plaza del Sol y regresar una hora después, ahora tan sólo realizar ese trayecto de los nueve semáforos que separan nuestras respectivas casas (la de mi sobrino-hermana y la mía con mis familia) de ese setentero centro comercial en ocasiones ya nos consume los sesenta minutos en los que antes ya estábamos de regreso.
¿Cómo era posible que en mis tiempos de estudiante alcanzara a leer mis múltiples asignaciones (en especial los cientos de páginas que asignaba y revisaba Ricardo Melgoza), y que además tuviera tiempo de andar en bicicleta, jugar futbol, invadir la casa-clínica de mi amigo y ahora compadre Juan José Morales, leer novelas, lavar carros (el mío y el de mi padre, y a veces hasta el de mi primo Robertime), además de cortar el pasto, sacar las hojas y barrer la entrada y cochera de la casa materna, además de ir a ver películas tan incongruentes como Star-Wars y otras más de la época? ¿Cómo? ¿De dónde salía el tiempo? ¿Qué hacía que fuera posible que la mamá de mi amigo Juan José me asignara a llevar a su padre a tomar fotos en una extensa región de Los Altos de Jalisco para promover carreteras entre Atotonilco y Puente Grande para lograr que su rancho Betania quedara adecuadamente comunicadoy que alcanzáramos a volver a tiempo para la cena? ¿Cómo alcanzaba a ir a clase, tener amigos, visitar a mi hermana, pedalear con mi hermano y sus amigos, pelear con mi madre y pasear con mi padre, todo el mismo día?
Algo ha pasado, además de mi creciente lentitud en el pensar y en el andar, que ha hecho que una sola actividad tome más horas en esta ciudad de lo que solía tomar. ¿Será que también nos estamos convirtiendo en liebres y hemos de desdoblarnos en más ahora que nuestros trabajos se han tornado más flexibles y nos vemos obligados a pasar más horas frente a la computadora de las que pasábamos en las “lentas” máquinas de escribir? ¿Cómo es que más rapidez no derive en más tiempo libre? ¿Por qué es tan poco el tiempo que puedo dedicar a mis hijos, si a la edad que tengo ahora mi padre alcanzaba a subir el nevado de Colima con nosotros, nuestros primos y amigos y todavía llevarnos a comer a Ciudad Guzmán? ¿Será que nos levantábamos más temprano, como los maestros que “trabajan” 25 horas días? Misterios de un ritmo que ahora equivale a un “a cada rato enero…” y en el que los años productivos y recreativos se nos acaban sin darnos cuenta…¿será tan sólo culpa del horario de verano?
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lunes, mayo 10, 2010
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martes 6 de abril de 2010
Oxymorons - contradicciones
Nevin Siders, colega traductor, envía esta enumeración a la "lista de correos" en la que estoy suscrito...¿Tienes más sugerencias?
virtual reality
original copy
old news
act naturallypretty ugly
living dead
jumbo shrimp
rolling stop
constant variable
exact estimate
paid volunteers
civil war
sound of silence
clever fool
only choice
What about my favorite: military intelligence? (eso, añado yo, es lo que cree ejercer u señor de apellido Calderón en mi país)
Según el sitio answers.com, "Oxymoron" se define así: n., pl., -mo·ra (-môr'ə, -mōr'ə), or -rons.
A rhetorical figure in which incongruous or contradictory terms are combined, as in a deafening silence and a mournful optimist.
[Greek oxumōron, from neuter of oxumōros, pointedly foolish : oxus, sharp; see oxygen + mōros, foolish, dull.]
oxymoronic ox'y·mo·ron'ic (-mə-rŏn'ĭk) adj.
oxymoronically ox'y·mo·ron'i·cal·ly adv.
Wordsmith Words: oxymoron (ok-see-MOR-on, -mor-)
noun, plural oxymora or oxymorons
A figure of speech in which two contradictory terms appear together for emphasis, for example, "deafening silence".
Etymology
From Greek oxymoron, from neuter of oxymoros (sharp dull), from oxys (sharp) + moros (dull). The word moron comes from the same root
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miércoles 24 de marzo de 2010
¿Necesitas cereales? come pollo...¿Alimentación por modus ponens?
Me enviaron esto...por supuesto que yo sigo necio y no hago caso a estos consejos, pues ¿qué sería de mí si dejara de correr (entre otras actividades)? Ya sabrán si quieren seguir la guía de este señor...
"PARA QUE VEAN, COMO HEMOS VIVIDO EN EL ERROR Y VIENE ESTE BUEN HOMBRE A INDICARNOS, COMO DEBEMOS VIVIR, Y BIEN, HAY QUE SEGUIR SUS CONSEJOS..."
El Dr. Paulo Ubiratan es el director médico del Hospìtal de Porto Alegre, en Brasil.
Este es el extracto de una entrevista en la TV local, donde se le preguntaba sobre temas de alimentación y deporte...
Pregunta: Los ejercicios cardiovasculares prolongan la vida ¿es verdad?
Respuesta: El corazón está hecho para latir una cantidad de veces determinadas. No desperdicie esos latidos en ejercícios. Su periodo de vida se gastará, independientemente de su uso. Acelerar su corazón no va a hacer que usted viva más. Eso es como decir que usted puede prolongar la vida de su coche conduciendo más deprisa. ¿Quiere vivir más? Échese la siesta.
P: ¿Debo dejar de comer carnes rojas y comer más frutas y vegetales?
R: Se necesita entender la logística de la eficiencia en alimentación.¿ Qué comen las vacas? Hierba y maíz. ¿Qué es eso? Vegetales. Entonces un filete es el mecanismo más eficaz de colocar vegetales en su sistema. ¿Necesita comer cereales? Pues coma pollo.
P: ¿Debo reducir el consumo de alcohol?
R: De ninguna manera. El vino está hecho de fruta. El brandy es un vino destilado, lo que significa que se elimina el agua de la fruta de modo que usted saque mayor provecho de ella. La cerveza también está hecha de cereales. No limite demasiado su consumo.
P: ¿Cuales son las ventajas de un programa regular de ejercicios?
R: Mi filosofía es: si no tiene dolor, no haga nada. Está usted bien.
P: ¿Los fritos son perjudiciales?
R: Hoy en día la comida se fríe en aceite vegetal. La verdad es que quedan impregnadas de aceite vegetal. ¿Como puede ser que más vegetales añadidos sean perjudiciales para usted?
P: ¿La gimnasia ayuda a reducir la obesidad?
R: Absolutamente no. Ejercitar un músculo lo único que hace es aumentar el tamaño del músculo.
P: ¿El chocolate hace daño?
R: Es cacao. Otro vegetal. Es un alimento bueno para ser feliz. La vida no debe ser un viaje para la tumba, con la intención de llegar sano y salvo, con un cuerpo atractivo y bien preservado. Lo mejor es emprender el camino, con una cerveza en la mano y un bocadillo en la otra. El mejor final es haber tenido mucho sexo y un cuerpo completamente gastado, totalmente usado, gritando: mereció la pena, qué viaje tan extraordinario. ..
P: ¿Algún consejo más que nos pueda dar?
R: 1.-Si caminar mucho fuera saludable, los carteros serían inmortales.
2.-Las ballenas se pasan nadando todo el día, solo comen pescado y solo beben agua, y sin embargo tienen el mayor porsentaje de grasa corporal que cualquier otro ser viviente.
3.-Las liebres corren, saltan y no paran, pero no pasan de 15 años de vida.
4.-La tortugas no corren y no hacen nada de ejercicio, pero viven 450 años.
"PARA QUE VEAN, COMO HEMOS VIVIDO EN EL ERROR Y VIENE ESTE BUEN HOMBRE A INDICARNOS, COMO DEBEMOS VIVIR, Y BIEN, HAY QUE SEGUIR SUS CONSEJOS..."
El Dr. Paulo Ubiratan es el director médico del Hospìtal de Porto Alegre, en Brasil.
Este es el extracto de una entrevista en la TV local, donde se le preguntaba sobre temas de alimentación y deporte...
Pregunta: Los ejercicios cardiovasculares prolongan la vida ¿es verdad?
Respuesta: El corazón está hecho para latir una cantidad de veces determinadas. No desperdicie esos latidos en ejercícios. Su periodo de vida se gastará, independientemente de su uso. Acelerar su corazón no va a hacer que usted viva más. Eso es como decir que usted puede prolongar la vida de su coche conduciendo más deprisa. ¿Quiere vivir más? Échese la siesta.
P: ¿Debo dejar de comer carnes rojas y comer más frutas y vegetales?
R: Se necesita entender la logística de la eficiencia en alimentación.¿ Qué comen las vacas? Hierba y maíz. ¿Qué es eso? Vegetales. Entonces un filete es el mecanismo más eficaz de colocar vegetales en su sistema. ¿Necesita comer cereales? Pues coma pollo.
P: ¿Debo reducir el consumo de alcohol?
R: De ninguna manera. El vino está hecho de fruta. El brandy es un vino destilado, lo que significa que se elimina el agua de la fruta de modo que usted saque mayor provecho de ella. La cerveza también está hecha de cereales. No limite demasiado su consumo.
P: ¿Cuales son las ventajas de un programa regular de ejercicios?
R: Mi filosofía es: si no tiene dolor, no haga nada. Está usted bien.
P: ¿Los fritos son perjudiciales?
R: Hoy en día la comida se fríe en aceite vegetal. La verdad es que quedan impregnadas de aceite vegetal. ¿Como puede ser que más vegetales añadidos sean perjudiciales para usted?
P: ¿La gimnasia ayuda a reducir la obesidad?
R: Absolutamente no. Ejercitar un músculo lo único que hace es aumentar el tamaño del músculo.
P: ¿El chocolate hace daño?
R: Es cacao. Otro vegetal. Es un alimento bueno para ser feliz. La vida no debe ser un viaje para la tumba, con la intención de llegar sano y salvo, con un cuerpo atractivo y bien preservado. Lo mejor es emprender el camino, con una cerveza en la mano y un bocadillo en la otra. El mejor final es haber tenido mucho sexo y un cuerpo completamente gastado, totalmente usado, gritando: mereció la pena, qué viaje tan extraordinario. ..
P: ¿Algún consejo más que nos pueda dar?
R: 1.-Si caminar mucho fuera saludable, los carteros serían inmortales.
2.-Las ballenas se pasan nadando todo el día, solo comen pescado y solo beben agua, y sin embargo tienen el mayor porsentaje de grasa corporal que cualquier otro ser viviente.
3.-Las liebres corren, saltan y no paran, pero no pasan de 15 años de vida.
4.-La tortugas no corren y no hacen nada de ejercicio, pero viven 450 años.
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