viernes, 9 de septiembre de 2016

No acabo de entender a los dioses…sigue un texto herético

En sus convocatorias a marchas y en sus declaraciones ante los medios de comunicación, varios “agentes” de la iglesia que se dice “católica” (universal) sin serlo, suelen acudir a dos argumentos: lo que es “natural” y a “la moral”. Yo no acabo de entender por qué lo hacen. Si la iglesia católica tiene una doctrina basada en lo SOBRENATURAL, ¿por qué no acudir a esa línea argumental cuando convocan a marchas que supuestamente llaman a la cordura en lo moral? Y si la iglesia católica tiene una “moral” muy particular que pretende que sea universal (sin serlo todavía, como se muestra en la intención programática que lleva en el título de esa institución). Tampoco entiendo cómo, si la idea de religión, dicen algunos, tiene que ver con la re-unificación del hombre con lo divino, ¿por qué la iglesia lucha por la división, la exclusión, la fragmentación, dentro y fuera de la institución.
Como mi esposa se llama Irene (que significa “paz” en griego) y además me gusta y la amo y es la madre de mis dos guapos hijos, suelo declararme “irenista”. Pero ahora resulta que algunos de los “agentes” de la iglesia denuncian a su propio líder Francisco (Jorge Bergoglio antes de asumir el difícil cargo de constructor de puentes entre Dios (o los dioses) y el Hombre (o los hombres y las mujeres) por ser “irenista”. Y añaden que es una herejía eso de andar queriendo establecer la paz con otros cristianos o con creyenytes de otras doctrinas no cristianas a costa de renunciar a algunos principios doctrinales. Es decir, esos acusadores e inquisadores señalan que es mejor dar unos cuantos paz-paz en vez de hacer las paces con los demás y seguir en sana convivencia a pesar de las diferencias en las interpretaciones de uno o más libros considerados sagrados.
Ya que hablo de doctrina, ahora con la discusión de si es “contra-natura” el matrimonio gay (o entre dos personas del mismo sexo, para ser más exactos, pues se supone que todo matrimonio tiene sus momentos gay-alegres y sad-tristes), según argumentan esos difusos “agentes” de la catolicidad incompleta, me ha dado por pensar cómo los argumentos de lo sobre-natural que suelen citarse en las doctrinas de la iglesia de Roma, tan fragmentada y plural, si las hay, a veces se olvidan en este contexto de la familia. Por una parte, se habla mucho de que María fue Virgen y que incluso nació sin la mancha del pecado original. Así, su santidad se deriva de la vida santa de Ana y de Joaquín y su virginidad es ensalzada una y otra vez. Concibió sin pecar, nos recuerdan quienes le piden pecar sin concebir. En otras palabras, tuvo un hijo sin dejar de ser virgen. Supuestamente, porque el “espíritu santo” le concedió el milagro, lo que ya es bastante sobrenatural.
Pero María, madre de Jesús (el Cristo) tuvo un esposo y de él sabemos que estaba emparentado con David y además que era carpintero. Por las iniciales de “padre putativo”, según me ilustra mi suego, don P.P., o José, sabemos que es considerado padre de Jesús. Pero no es el padre biológico, sino que, podría decirse, aunque no contamos con documentos de adopción, que es el padre, por voluntad, de Jesús. Todo bien hasta aquí. Pero si las matemáticas no nos fallan, el que a veces se dice hijo único de Dios y de María pero que a veces se dice que tenía al menos un hermano (Santiago) tiene ya dos padres hasta esta parte de la historia: 1) el espíritu santo y 2) José. La doctrina de lo sobrenatural, que a los agentes de la iglesia que convocan a marchas a favor de la familia heterosexual parecen olvidar que Jesús es hijo TAMBIÉN de Dios Padre. Ergo: María concibió a su hijo con el espíritu y si es la Madre de Dios, entonces podríamos asumir que era pareja del Padre de Dios. Estamos hablando ya no sólo de POLIAMOR (una mujer con tres varones, y que además permanece virgen a pesar de las tentaciones de tenerlos a los tres), sino también que esos tres varones se conocían y eran muy felices entre ellos, sin tener relaciones con María.
Jesús no parece tener ningún rencor a José por haberlo adoptado, y hay un momento en que reclama a Dios Padre su abandono (al menos así se ha interpretado, porque le llama “Padre” y no dice “Pepe, ¿por qué me has abandonado?”). Tampoco le reclama a su madre que no haya contribuido a la felicidad carnal de ninguno de sus tres padres (si las matemátimas no me fallan) a los que se designa siempre como varones. Entonces, ¿por qué este argumento sobrenatural que está en las escrituras no se evoca para llamar a que se interprete el nuevo mandamiento de Jesús: “amaos los unos a los otros” como una forma de incluir TAMBIÉN la máxima “amaos las unas a las otras” y, por extensión, “todos y todas amen a las unas y a los unos, a las otras y a los otros”. Eso de limitar a la humanidad, ya tan falta de regocijos y esparcimientos carnales a limitarse en sus intercambios únicamente en relaciones heterosexuales y monogámicas parece contradecir el relato sobrenatural del poliamor de María y la buena relación entre sus varones a pesar de que su esposa siempre se declaró (ya ellos sabrían mejor su conducta en la intimidad) como virgen.
Para acabar de hacer confusas las invitaciones, algunos de esos agentes del catolicismo inacabado abogan por dos cosas que no necesariamente sirven para que el cristianismo se difunda mejor, como ya muestran los pastores de otras iglesias que sí puedne contraer nupcias y además reproducirse de lo lindo y con muy lindas sonrisas y descendencia. Primero: que los sacerdotes han de permanecer célibes; segundo que las mujeres no pueden ser sacerdotisas. Hay algún principio doctrinal de San Pablo (que era judío converso) que dicta que las mujeres deben callar en la iglesia…y algunos lo generalizan para, alabando la sensatez de Pablo de Tarso, señalar que de una vez mejor que no hablen ni adentro ni afuera, que no manden, que no ordenen y mucho menos se les ocurra ordenarse como sacerdotisas.
Lo que yo no entiendo es cómo los agentes que convocan a defender la familia heterosexual se ponen del lado de quienes no deben tener familia (aunque se sabe de casos de sacerdotes que tienen varios “sobrinos” que parecen haber sido concebidos por la gracia de dios y del espíritu santo y, gracias dios (o a los dioses) todo el pueblo sabe que al “padre” que le dicen “tío” es realmente su padre biológico y no sólo por voluntad. Así que defienden una familia heterosexual pensando en que así apoyan a quienes deben abstenerse de ella y de las relaciones carnales. Que entre esos agentes haya algunos que no se abatengan de algunos abrazos, besos, apapachos y de otros comercios, parece de poca monta. Y tampoco entiendo cómo es que defienden una familia que resulta poco democrática, pues las mujeres que la componen no pueden hablar en la iglesia, ni pueden ordenarse sacerdotisas, y a veces ni siquiera pueden hablar fuera de la iglesia. Y ay de ellas si hablan con alguno o alguna que les invite a comercios carnales, abrazos y apapachos que les acerquen a amarse las unas con las otras o las unas con los otros.
Por otra parte, si ya sabemos que quienes se declaran católicos (sin ser todavía universales) suelen expresar su fe y su devoción en la pachanga y la peregrinación, ¿por qué, en vez de convocar a una marcha, los agentes de la iglesia no convocan a una peregrinación nacional, digamos de Tijuana a Tuxtla, para que entonces sí sumen atravesar unas cien ciudades del país? Me pregunto, además, si las “más de cien ciudades” en las que se realizará la marcha se suman a partir de una definición administrativa. Es decir, ¿Guadalajara, Zapopan, Tonalá, Tlajomulco, Tlaquepaque, se cuentan como cinco ciudades en las que se marcjará o el hecho de que los habitantes de esas cinco ciudades marchen juntos por una sola de ellas ya cuenta multiplicado por la cantidad de lugares de origen? En tal caso: si hay personas de múltiples orígenes geográficos, ¿se cuenta como una ciudad u origen nacional a cada uno de los orígenes de los marchantes? De tal modo, como en los casos en que hay carreras “internacionales” que pasan por nuestra ciudad pero en las que participan kenianos, canadienses, indios, la marcha heterosexual que trata de excluir a medio mundo de nuestra sociedad es también internacional?
Yo no sé cómo hacen esos agentes para comunicarse tan bien con los dioses, o para interpretar con tan escasas ambigüdades las palabras divinas (escritas o comunicadas directamente a sus voceros de este mundo). No acabo de entender, empero, cómo una institución que basa su membresía y su moral en la existencia de seres que van más allá de la comprensión humana, que recurre a “misterios” y que señala que la palabra y los poderes de dios (o de los dioses) son indescifrables, se le ocurre decir que “siempre sí, ya hay quien le entendió”. Según se lee en Romanos 11:33: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos!”, eso de andar hablando por los dioses es cosa que no nos es dado. Lo confirma Eclesiastés 11:15: “Así como no sabes por dónde va el viento ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre, tampoco entiendes la obra de Dios, creador de todas las cosas”. Y si los simples no entienden la palabra de los dioses, ¿de qué parte de su encumbramiento sacan estos “agentes”, deleznables paladines, la soberbia para decir que así lo quiere Dios (o los dioses) y no es que a ellos se les de la gana discriminar a unos sí a otros no? ¿De dónde sacan la cara de que hay argumentos “científicos” para probar que a los hijos criados por parejas del mismo sexo los molestan en la escuela, que nadie los querrá, que son niños con baja autoestima? ¿Y de dónde sacan que dos personas del mismo sexo no pueden hacerse cargo de alimentar, amar, orientar, educar a niños y niñas? ¿Será que lo sacan de que algunos sacerdotes no han podido hacerlo, a pesar de tener hijos con personas del otro sexo? ¿o de que muchos sacerdotes varones o muchas monjas mujeres no han siso capaces de criar en sus escuelas separadas por sexos, a los niños que muchos padres con intenciones de universalidad les han confiado?
No acabo de entender a los dioses, pero tampoco parece que quienes dicen entenderlos e interpretar las escrituras consideradas sagradas y base de la moral “cristiana” hayan acabado entender la diferencia entre llamar a la autoridad (de la ciencia, por ejemplo, cuando en los medios de comunicación laicos no pueden evocar la voluntad divina) y argumentar por qué consideran que algún comportamiento es sensato o no. ¿Porque a ellos les da la gana discriminar y “fuchi” todos aquellos de los que ellos digan “fuchi”?

lunes, 6 de junio de 2016

Un largo traslado penitencial


 Penitencia es un término que suele utilizarse en contextos religiosos para denotar el castigo que pagan los devotos de determinados poderes divinos por haber cometido ciertos pecados, o para hacer referencia a los castigos que imponen las autoridades eclesiásticas a los fieles de una iglesia para expiar sus culpas. Desafortunadamente, cuando nos trasladamos por nuestras ciudades mexicanas en transporte colectivo, a pie o en vehículos particulares, todos estamos en condiciones de pagar deudas, contraidas directa o indirectamente, por nosotros mismos o por otros agentes a los que, supuestamente, les conferimos autoridad para cometer nuestros pecados. Y luego seremos nosotros quienes paguemos, con creces, sudores, lamentos, dineros y otros sufrimientos, las culpas de quienes dispusieron así las cosas en nuestras ciudades para que transitar por ellas sea un constante sufrimiento. Lo malo es que por más que paguemos por las culpas propias y ajenas, en poco se reduce el saldo de nuestras deudas.

    Cada vez que alguien espera un autobús o una combi en ciudades grandes, medias o pequeñas de nuestro país, ha de pagar con tiempo y con dinero y luego con martirios corporales por el supuesto privilegio de que un motor ayude a llevar de un lugar a otro el cuerpo que paga la penitencia. No sabemos muy bien cuáles y de qué magnitud fueron los pecados, pero si juzgáramos por la cantidad de sufrimiento, mortificaciones por la angustia de las posibles llegadas tarde al trabajo, a la escuela, al teatro, al cine, a la casa de amigos y parientes, magulladuras y zarandeos, se podría pensar que terribles y nada veniales han sido los actos que llevan a merecer expiar las culpas con esos costos. Largos minutos de espera bajo el inclemente rayo del sol que viene desde arriba, o de las lodosas salpicaduras que vienen desde abajo, largos minutos de estancamientos y rodeos esperan a quien se atreva a trasladarse en autobús por nuestras ciudades. Ruidos, brincos, sobresaltos, uno que otro accidente, nuevas palabras altisonantes por añadir a los diccionarios personales, condimentan el castigo.

    Pero no sólo en el transporte colectivo sucede que los pasajeros, convertidos en transeúntes, sufran y deban pagar por ir de un lugar a otro. Caminar no suele estar exento de costos en ciudades en donde las aceras son irregulares, disparejas, estrechas, con obstáculos. Quienes pueden sortear baches, postes, agujeros, jardineras, automóviles estacionados, puestos de vendedores ambulantes, suelen mostrar poca empatía para quienes tienen más dificultades y no tienen la agilidad, la agudeza visual o auditiva, las dimensiones o las resistencias que les ayuden a llegar de una extremo a otro de sus trayectos.
    Pedalear en una bicicleta o en un triciclo, ir sobre la silla de ruedas o empujando alguna, con personas o con carga, suelen ser acciones plagadas de castigos. No sólo hay que llevar el propio cuerpo de un lugar a otro, sino que el vehículo que debería ayudar a hacer más llevadero el trayecto se convierte en algo más por llevar en un camino poco amigable.


     Viajar en un automóvil particular, además de que contradice a la gran mayoría de los anuncios con los que se pone a la venta (pues no carece de otros vehículos estorbosos y otras personas que no suelen salir en las fotos con las que se promueve la compra de vehículos) se convierte en un constante penar por los costos a pagar: el vehículo, su combustible, los ruidos, los obstáculos, las reparacciones, los otros vehículos que hacen ruido, que no avanzan, que pretenden avanzar sobre el vehículo que se ocupa, que a veces lo abollan y que incluso se incrustan y golpean a los ocupantes.
A veces pensamos que nuestras penitencias se deben a los pecados propios, a veces echamos la culpa a los planeadores, a los constructores, a quienes dejan estorbos en el camino, a quienes transitan los mismos caminos a ritmos disitintos que el propio.

      Lo que no sabemos es cuándo podrán acabar esos castigos. Mientras tengamos que ir de un lado a otro de nuestras ciudades, seguiremos pagando por los pecados propios y ajenos. De nuestras vidas y de las generaciones que nos antecedieron y las que están por venir.


sábado, 16 de abril de 2016

Cuando llegar a un lugar es más trabajoso que trabajar ahí

¿Qué pasa en una ciudad cuando sus habitantes se estorban tanto el paso unos a otros que casi todos llegan agotados a sus actividades después del esfuerzo que les toma llegar a ellas? ¿Qué condiciones han estorbado que las personas puedan moverse de una parte de la ciudad otra sin necesidad de arriesgar su vida, de inhalar humos y polvos, de maldecirse unas a otras? En otras palabras: ¿qué acciones, políticas, omisiones e intereses han favorecido que nuestras ciudades se hayan convertido en lugares que generan temor, en las que da flojera moverse, en las que es carísimo cada traslado en términos de los riesgos, las consecuencias, los costos económicos del equipo utilizado y de las pérdidas de tiempo que conllevan?


Muchas de las acciones que han llevado a que los habitantes de las ciudades se estorben contidianamente unos a otros se deben, en buena parte, a la falta de acuerdos para actuar. Así, cuando alguien decide salir de su casa sin lograr acuerdos al menos con quienes viven en el mismo edificio, genera la posibilidad de estorbar al salir por la banqueta, ya sea con un vehículo, con las bolsas de basura o con su paso frente al paso de los demás. Y la falta de acuerdos, que en buena medida pueden considerarse omisiones, deriva en que las acciones de los miembros de la familia, de los vecinos de un barrio, de los empleados en una misma empresa u organización privada u pública, se conviertan en obstáculos para los demás. Hay quienes viajan en vehículos cuando bien podrían caminar a sus destinos; y esos estorban a quienes no tienen posibilidades de caminar por las personas que deben llevar a algún destino, como niños, enfermos, ancianos. Hay quienes estacionan sus vehículos en zonas que complican el tránsito de otros vehículos, reduciendo, en muchas ocasiones, tres carriles a uno solo. Lo que retrasa más el flujo de los vehículos por esas calles en las que incluso los vehículos que no están en movimiento atrofian la circulación de los demás.


Las políticas que han contribuido a que unos habitantes estorben a otros se relacionan con la promoción de vialidades pero no de banquetas, de comercio y producción de vehículos pero no de transporte colectivo seguro, cómodo y eficiente. O con el diseño de espacios para la circulación a pie, en silla de ruedas o con apoyos menos voluminosos y menos contaminantes. Las políticas en esas ciudades de estorbosos suelen privilegiar que la gente compre vehículos porque, se dice y justifica, ello estimula la economía. Pero no se toma en cuenta que el supuesto estímulo redunda en falta e ánimos para trabajar después de tarsladarse durante horas a los lugares de trabajo y estudio. Lo que significa que hay muchísimas horas y esfuerzos perdidos de quienes pueden y deben trabajar.


Buena parte de las omisiones se refieren a la ausencia de acciones y políticas que incentiven que la gente camine, que se construyan banquetas amplias, seguras, bien iluminadas, que faciliten la convivencia en vez del temor y el acoso. Si no se piensan las políticas públicas o de las organizaciones para promover que la gente se mueva en vez de convertirse en obstáculos para los demás con los muchos metros cuadrados y cúbicos que suelen ocupar sus vehículos que, paradójicamente, es frecuente que dejen desocupados del 60 al 80% de su capacidad, entonces no se pueden poner en práctica soluciones que no incluyan el gasto del sueldo de los trabajadores en su propio tarslado, en vez de destinarlo al espercimiento, la educación, la cultura y la convivencia. Con omisiones que derivan en que las personas viajen solas, se multiplica la cantidad de vehículos, de partículas contaminantes, de accidentes mortales o incapacitantes.


Y todas esas acciones, políticas y omisiones que afectan las vidas y la integridad de los estorbosos a su pesar están vinculadas con intereses económicos: los desarrolladores inmobiliarios que sitúan los lugares especializados en vivienda y esparcimiento lejos e los lugares de trabajo, los fabricantes de automóviles, los vendedores de accesorios, refacciones y demás aditamentos que se añaden a los automóviles (seguros, garantías, enchulamientos varios). Hay intereses económicos que se vinculan con el ejercicio del poder: si alguien estaciona su vehículo habra aguien que le saque provecho alacionas mciones y demnto lejos e los lugares de trabajo, los fabricantes de automatos de percimá alguien que le saque provecho por “cuidarlo” de los ladrones o de quienes llegarán a infraccionar si éste se encuentra fuera de tiempo en determinado lugar. Hay quienes se benefician de infraccionar y quienes se benefician de amenazar y luego retirar la amenaza, previo pago. Hay quienes se benefician de la construcción, reparación y ampliación de calles y avenidas. Auynque muchas veces los perjudicados son los árboles, las áreas verdes, los peatones, los habitantes locales y de la vecindad por la que pasan las viejas y nuevas avenidas. Hay quienes obtienen ganancias de los choques (los hospitales, las farmacias, las aseguradoras, los lamineros), las muertes (las agencias funerarias, las iglesias que venden nichos, los sepulterureros) aunque los ocupantes de los vehículos y los peatones sean los más perjudicados y nunca recuperen la capacidad de beneficiarse de nada más que no sea la gloria eterna.



Y cuando la gente llega a su trabajo se siente tan cansada por el calor que despiden las islas de calor urbanas, por la obligación de levantarse cada día más temprano para vencer el tráfico y llegar a tiempo a su empleo, que su productividad, su entusiasmo, su amor por lo que hace ya no son lo que fueron. Muchos llegan aburridos y cansados y, a menos que el trabajo a desempeñar sea especialmente estimulante, gratificante o transformador, su desencanto con el traslado a las actividades cotidianas irá en aumento, al igual que disminuirán sus energías y sus propuestas de acciones y políticas para mejorar lo que sea que hagan en esa ciudad tan llena de gente estorbosa, apática, malhumorada, malhablada y tensa.

Ya habrá quién nos saque de estas ciudades atestadas, embotelladas, contaminadas, con la promesa de llevarnos a paraisos de playa o de montaña, a los que llegaremos en vehículos de motor, para recuperar el entusiasmo perdido por un trabajo que se encuentra en una ciudad.

viernes, 8 de abril de 2016

Chocarás con tu vecino

Si no es este semana, ya será este año o el que sigue. El hecho es que la probabilidad de que choques en tu vehículo habitual con otro vehículo que transita por las mismas calles y avenidas es mucho más alta que la probabilidad de que te impactes con un vehículo que se utiliza en puntos de la geografía que no frecuentas. Una de las razones por las que todavía no has chocado con el vehículo de la casa de al lado consiste en el hecho de que normalmente manejas despacio los primeros cientos de metros. Si no lo haces, deberías. 
     Manejar despacio durante un par de cuadras no sólo te ayuda a que hacer los últimos ajustes en el asiento, los espejos retrovisores, tu peinado, el cinturón de seguridad, te da tiempo para rascarte las “patas de gallo”, sino que evita que se force demasiado el motor de tu automóvil por falta de lubricación. Al menos eso dicen algunos que se dicen expertos en mecánica. También evita que choques muy pronto en tu trayecto. Ir despacio te permitirá frenar cuando veas el vehículo del vecino loco que vive a tres cuadras de tu casa y que cruza a 60 kilómetros por hora la calle por la que avanzas.
    Quizá no chocarás con ese vecino, pues ya anticipas encontrarlo cada mañana más o menos en el mismo punto de tu recorrido. Ya sabes que si no es en la esquina de tu calle, lo encontrarás unos minutos más allá, en el primer crucero con semáforo, en el que, indefectiblemente, ambos tendrán que detenerse.
    Lo que puede pasar es que choques con un vecino que algún día tenga que cambiar su hora de salida, por alguna emergencia surgida en su trabajo, en su familia o en su propia salud. O porque seas tú quien cambie su rutina y tenga que levantarse más temprano, o reincorporarse a esa rutina después de unos días de viaje fuera de tu berrio o de unos días de descanso. Una ventaja de ese choque con el vecino (o la vecina) es que, aunque ya no alcancen a frenar ninguno de los conductores de esos vehículos, al menos el impacto será a velocidad moderada y los daños no serán tan graves como para sacar de circulación de inmediato a alguno de los vehículos.
     Una razón más para que, cuando choques, sea con un vehículo de alguien que reside cerca de tu casa, es que la mayor parte de los trayectos en vehículo, dentro de las ciudades, suelen ser de poca distancia. ¿Qué tan lejos vives de tu trabajo? ¿Cinco, diez, quince, veinte kilómetros? ¿Qué tan lejos está la escuela de tus hijos o en la que estudias?
    Desafortunadamente, entre la percepción de que el auto es la opción a elegir cuano se tiene prisa, y el hecho de que la mayor parte de la gente prefiera trasladarse sentado en un vehículo de motor que caminar o pedalear, buena parte de las decisiones de movilidad en las ciudades privilegian el uso de vehículos de motor cuando estos no son indispensables. A veces la decisión se basa en la necesidad de llevar a otras personas. 
    Aun cuando una persona joven o adulta sería capaz de caminar determinada distancia cada mañana (digamos entre uno y cinco kilómetros), el traslado se complica si hay que llevar a bebés, niños, ancianos o determinados objetos de un punto a otro de la ciudad. Lo que aumenta la probabilidad de que haya choques entre los vehículos en los que se trasladan esas personas, en especial si todas tienen prisa por llegar a sus destinos, presionados por los horarios de inicio de actividades.
   Hay ocasiones en que las personas deciden trasladarse en vehículos de motor porque los caminos por los que podrían trasladarse a pie o en bicicleta no ofrecen las mejores condiciones. O las superficies son irregulares y peligrosas (alcantarillas abiertas, zonas en las que se hacen más angostas y hay que ir por el arroyo en que transitan los vehículos, o hay terrenos baldíos y escondites posibles para potenciales ladrones o agresores), o no hay suficiente iluminación por las mañanas o por las tardes y noches, o las probabilidades de que las personas sean agredidas verbal o físicamente son también altas. Los riesgos de agresión suelen ser, al menos en buena parte de las ciudades latinoamericanas, todavía más altos para las mujeres y cuando las agresiones son en contra de hombres, los riesgos de violencia y de enfrentamiento son mayores para los hombres (con desenlaces fatales en muchos casos).
     Así que tú y muchos otros habitantes de las ciudades acaban por decidir trasladarse en automóvil, aunque el viaje sea de unas cuantas cuadras. Entre quienes deciden ese traslado en vehículo de motor, se encuentran otros vecinos tuyos. Y cada día que se mantienen esas condiciones de las superficies, de los trayectos, de ineficiencia del transporte colectivo, de diseño de vialidades, aumenta la aspiración tuya y de tus vecinos de trasladarse sentados en vez de hacerlo caminando o pedaleando. 
     Con lo que aumenta la cantidad de vecinos, ya sea en la casa de al lado o a unas cuantas cuadras más allá, que dedican buena parte de sus horas de trabajo y de sus ingresos al pago de un vehículo con el que luego irás a estampar tu vehículo. Lo atestiguan las cuadras y cuadras atestadas de vehículos de tus vecinos, con quienes no te has puesto (ni te pondrás) de acuerdo para trasladarte en determinados momentos a determinados destinos. Ya sea formalmente estacionados o inmóviles pero con los motores encendidos, tu vehículo y los de los vecinos contribuirán a la contaminación del ambiente, tomarán metros cuadrados de la ciudad, generarán retrasos y…más choques.
  


miércoles, 9 de marzo de 2016

Los Belenes, Zapopan. Un ampliado centro universitario en lento y aletargado desarrollo. Marzo de 2016.

Los Belenes, Zapopan. Un ampliado centro universitario en lento y aletargado desarrollo. Marzo de 2016.

Impresiona en el nuevo centro universitario, que se dedicará a la formación y a las discusiones de las ciencias sociales y las humanidades, el hecho de que su construcción se haya retrasado durante al menos dos lustros. 

Los funcionarios de la universidad pública de la que este centro universitario formará parte anuncian cada tantos meses que pronto se culminará su construcción y que pronto se trasladarán los habitantes, las funciones, los libros, los muebles a las nuevas instalaciones. Cada tanto dejan de anunciar las fechas previstas y callan el hecho de que las mudanzas se han postergado. No se dan avisos formales a los estudiantes ni a los trabajadores de la institución educativa más importante de Jalisco. Ni se desmienten los pronósticos de una pronta y renovada vida, con todo y tecnologías, espacios, recursos, actividades, instalaciones, nutriciones, accesos, felicidades, certidumbres, rendimientos, seguridades y competitividades.

Para llegar, en marzo de 2016, es necesario acercarse en vehículo de motor: uno colectivo con trajines a jaloneos o uno alquilado con incertidumbres marcadas por los conflictos entre distintos proveedores del servicio de traslado en coches de alquiler. O quizá en un vehículo de mantenimiento de parte de quien lo tripula y lo utiliza para llegar al suburbano “centro universitario” en ciernes. Pocos espacios, con escasas probabilidades de supervivencia o de conservar la integridad física, sirven de apoyo para el traslado de peatones, ciclistas o motociclistas. Incluso quienes se apean del vehículo motorizado tienen escasos metros cuadrados para el traslado a las instalaciones en silla de ruedas, con apoyo de un bastón o de sus propias extremidades.
Impresiona en el centro universitario en ciernes que se anuncie que pronto estará terminado, aunque no será en poco tiempo que este centro será accesible. 

Las avenidas que antes conducían a este centro-suburbano y que, en un futuro que se ve ahora más lejano que al principio del año 2014, están bloqueadas las más, mientras que la minoría que permanece abierta están taponadas de vehículos rugientes en su lento transitar. Quien transite por las avenidas Patria, Laureles, Ávila Camacho y Américas requerirá de un largo desvío por calles empedradas para desembocar en la avenida Parres Arias (nombre de personaje universitario). Quien transite por el anillo Periférico Manuel Gómez Morín (nombre de personaje del Partido Acción Nacional) también habrá de realizar algunos giros y varias esperas antes de poder acceder a las instalaciones universitarias que se ubican frente a otras edificaciones universitarias también denominadas “centros”: de ciencias económico-administrativas y cultural universitario.

Apabullantes resultan:
  • ·    La gran multitud de estudiantes que podrá ocupar este espacio, todavía vacío. La razón de que todavía no haya multitud es que no hay vía urbana para que se materialice en ese espacio;
  • ·    El gran espacio disponible, y desaprovechado, para construir aceras junto al periférico y dentro del nuevo centro universitario;
  • ·     La belleza de los diseños que no se han hecho, de las estaciones del transporte colectivo que no se han construido en anticipación a que se utilice este espacio, a pesar de que han transcurrido ya varias fechas en que se anticipaba la inauguración y ocupación de este centro;
  • ·  La gran cantidad de árboles y de metros cuadrados que podrán dedicarse a espacios verdes, cuando al fin comiencen los jardineros a trabajar en el arbolado y diseño de espacios libres de automóviles en este centro universitario;
  • ·    La enorme cantidad de metros cuadrados en las azoteas de los “módulos” (edificios) de este centro sobre los cuales podrán instalarse paneles solares y la gran cantidad de áreas de estacionamiento que podrán combinarse con generadores eólicos de energía eléctrica, para atender las necesidades tecnológicas y de iluminación nocturna de un centro de tal magnitud;
  • ·   El enorme uso que se dará a los miles de libros que hoy se encuentran aislados de la población de estudiantes y profesores y de la población jalisciense, cuando al fin se abran las bibliotecas al público y a la comunidad académica;
  • ·     Lo bien diseñadas que estarán las instalaciones de cafeterías y comedores (cuando al fin se diseñen) y que atenderán a los estudiantes y trabajadores cuando al fin se eche a andar este desolado centro universitario que compite por los recursos que no se le niegan al vecino de enfrente, el centro cultural universitario.



Lo más seguro es que más o menos como para el año 2053 el nuevo CUCSH ya esté dotado de servicios e integrado en esa parte suburbana de la mancha urbana tapatía.


Cabe el contraste con el “Santuario de los Mártires de la Guerra Cristera”, otra de las obras que muestran la modestia de los líderes del estado de Jalisco. Mientras que al santuario que servirá de homenaje a quienes se opusieron al estado laico durante la guerra civil de 1926-1929 en el occidente del país todo mundo le da recursos, en la universidad se les quitan recursos a los centros universitarios, a la atención de los estudiantes y a los sueldos de los trabajadores para encauzarlos al centro cultural que sirve de cotidiano contraste con los vecinos suburbanizados de enfrente, al otro lado del anillo periférico Manuel Gómez Morín.