viernes, 5 de diciembre de 2008

Transporte, ciudad y corrupción


(Una versión de este texto fue publicado como carta de opinión en el diario Público-Milenio el 5 de diciembre de 2008)


El reciente escándalo de “andares-gate”, en el que los políticos se echan la culpa unos a otros del caos vial que se ha provocado en la Avenida Patria a raíz de la apertura del centro comercial Andares, deja entrever problemas más profundos que el de los embotellamientos. El caso del nuevo centro comercial, con las torres de vivienda aledañas deja entrever que no se trata simplemente un problema de espacio en las calles, sino de falta de probidad en el manejo del ambiente y de los recursos.
Mientras que los políticos implicados no hicieron nada para evitar el caos, ni siquiera señalar la posibilidad de que éste sus suscitara, con el hecho de voltear la mirada a otra parte contribuyen a agravar una serie de problemas. Me permito enumerar los más evidentes:
Los políticos jaliscienses son reflejo directo de las políticas federales, en cuyos planes no se contemplan acciones para invertir en transporte colectivo cómodo, eficiente y limpio. Cotidianamente vemos la indignidad de las paradas de autobuses en la zona metropolitana, en las que los aspirantes a usuarios de los autobuses sufren las inclemencias del tiempo (frío en la mañana, inversión térmica, insolación en el medio día, contaminación y ruido en las tardes, riesgos de accidentes todo el día). Y eso está relacionado con que los políticos jaliscienses sólo buscan los beneficios a corto plazo derivados de conceder permisos para infringir los reglamentos de construcción y para permitir que permisionarios y choferes hagan lo que les de la gana;
El hecho de que exista un excesivo parque vehicular en nuestra ciudad es consecuencia de que para muchos habitantes de la ciudad es la única opción de transporte…o al menos la más segura, aunque sea extremadamente cara y cada vez más ineficiente. De ahí que surja la pregunta: ¿por qué gastar en automóviles particulares en vez de invertir en un tren de alcances regionales? Y la respuesta es clara: porque no existe un régimen, ayuntamiento, o siquiera un visionario al que los políticos estén dispuestos a escuchar, ya que el dinero que obtienen de las placas, de la extorsión a los automovilistas, de permisos para estacionamientos y otras prebendas son mucho más rentables en su visión individualista y a corto plazo;
El mencionado centro comercial no es el único que se enfrenta con problemas y los espacios comerciales que todavía no lo hacen pronto tendrán que hacerlo. Por una parte baste recordar el caso de la zona de Plaza del Sol y de Expo-Guadalajara en épocas de la Feria del Libro y de Navidad. Esta zona suele convertirse en una pesadilla para vecinos, transeúntes e incluso visitantes. No obstante, con los años ni las paradas de camión, ni el acceso de los peatones ha mejorado gran cosa. Lo mismo está por suceder con el caso de la tan corrupta construcción de “La Ciudadela” en terreno contaminado, en contra de la voluntad de los vecinos y de los reglamentos;
Grandes y chicos, autoridades y habitantes de la ciudad se hacen de la vista gorda ante los reglamentos. Está bien visto que los vehículos de motor ya tienen placas y los agentes de vialidad no hacen nada por controlarlos a pesar de ello. Utilizar el argumento de que “emplacar” a las bicicletas contribuirá a controlarlas en caso de que se utilicen en actividades delictivas es realmente patético: una forma de bajar el índice de los vehículos controlados y controlables. Si los inspectores del ayuntamiento no son capaces de hacer respetar los reglamentos de construcción, evitar que se instalen comercios en las aceras y asegurar que haya estaciones dignas para el transporte colectivo, tampoco los agentes de vialidad son capaces de controlar que los automovilistas se estacionen en las aceras, bloqueen el paso de los peatones y hasta se les echen encima, ¿cómo podemos esperar que el emplacado de unas cuantas bicicletas contribuirá a disminuir los índices delictivos? Mucho menos ello contribuiría a disminuir la corrupción, ni los accidentes, ni la estupidez de nuestras autoridades;
En pocas palabras, ni aunque nos emplacaran las nalgas (medida que, sugiere Diego Petersen, encantaría a las autoridades viales), el caos en el manejo del ambiente y la vialidad se va a solucionar. El cinismo del secretario de vialidad al señalar que “la pesadilla apenas comienza” en realidad se aplica a muchas de las acciones de los gobiernos locales y al estatal (por no decir a muchos personajes del gobierno federal y a los partidos de alcance nacional). ¿Por qué, por ejemplo, en vez de negociar con particulares (el caso de la UAG) que permitan el paso de nuevas avenidas por sus terrenos, no han propuesto que siembren árboles o se les apoye para abrir y mantener espacios verdes para los habitantes de esta ciudad? ¿Por qué no tenemos estaciones dignas y transporte público eficiente? A causa de ese mismo cinismo: la pesadilla lleva décadas y no tenemos muchas esperanzas de despertar de ella;
Como una pequeña muestra de los problemas anteriores anexo una fotografía en la que se muestra de qué manera una tienda que acaba de cambiar de razón social (Soriana Las Águilas) se ha apropiado durante DÉCADAS de la acera de la calle Virgen, sin que ninguna autoridad del municipio de Zapopan haga algo por recuperar ese espacio público. Los cotidianos embotellamientos en el cruce de las avenidas López Mateos y Mariano Otero, a consecuencia de que el ex – alcalde Arturo Zamora “vendió” una calle a la torre Milenio constituyen una muestra similar de caos urbano derivado de la profunda corrupción de políticos y empresarios.

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