sábado, 8 de marzo de 2014

Indignación por atropellamiento en una parada: ¿cuándo nos indignaremos por las paradas indignas?



Imagen de parada de autobuses frente al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Fotografía tomada desde un puente peatonal sin acceso para discapacitados y que data de mediados del siglo XX. El autor de este texto recuerda que ese puente ya existía desde que él y su hermana asistían al Jardín de Niños de la Escuela "Anexa a la Normal".

El viernes 7 de marzo de 2014, un autobús atropelló a 20 personas en la parada de la ruta 368 frente a la preparatoria 10 de la Universidad de Guadalajara. Una de las personas falleció a causa de ello, mientras que el resto quedó herido…y muchos estudiantes y habitantes de la ciudad mostraron su indignación.  Según una fuente periodística, la policía intervino para evitar que el chofer fuera linchado. Ese atropellamiento se da a pocos días de dos distintos casos de volcaduras de autobuses de transporte público en la Zona Metropolitana de Guadalajara. El saldo de esos tres incidentes: 66 personas lesionadas y al menos una persona ha fallecido a causa de las imprudencias de tres choferes que conducían a alta velocidad.

Resulta comprensible que la gente se indigne por esos hechos. Y parece relativamente sensato que los dueños de los camiones decidan que a partir de ese tercer caso se modifique el sistema de pago a los choferes: en vez de que se les pague por el volumen de pasajeros, lo que suele ocasionar que compitan entre ellos por el pasaje, ahora se les pagará un sueldo fijo. Digo que haber adoptado este cambio es “relativamente sensato” porque el hecho de que a los operarios se les pagara un porcentaje de lo recolectado en los viajes había sido ya criticado desde hace varios años e incluso los choferes señalaban que eso hacía más peligroso e incierto cada uno de los trayectos. Y los permisionarios no habían querido entrar en razón y generar medidas que hicieran más eficiente y seguro el servicio por el que cobran y del que viven bastante bien.

Es una escena frecuente ver que los autobuses en esta noble y leal ciudad tapatía circulen a velocidades y por carriles que no deberían tomar. Y la gente no hace esfuerzos por linchar, a manera de lección ejemplar, a los conductores de los camiones que imaginan que las estrechas y atestadas calles y avenidas de la Zona Metropolitana de Guadalajara son pistas de fórmula 1 en la que ponen a prueba sus potentes autobuses. ¿Por qué? ¿Será que los “apatíos” estamos tan resignados a que las cosas no cambien en cuanto a los servicios públicos, la movilidad urbana y la aplicación del reglamento de tránsito que hemos optado por no dar lecciones ni siquiera verbales? ¿Será que los habitantes de Jalisco en general somos tan escasos de miras que no alcanzamos a ver que en otras ciudades del país existen mejores condiciones de transporte urbano y que los pasajeros de las unidades colectivas pueden (y deben) ser tratados como personas con derechos? ¿De algún modo estamos aceptando que merecemos tan poco que las tarifas por el servicio son las justas y que a cambio de nuestro dinero nos dan lo que nos merecemos?

Habría que preguntarse si los estudiantes atropellados, si los estudiantes que acuden a la Preparatoria 10 o a las demás escuelas y centro universitarios de Jalisco se merecen ese servicio de transporte. ¿Merecen los usuarios del transporte público que se les maltrate y se les atropelle? ¿Merecen los peatones y ciclistas que han sido atropellados que se les culpe por los accidentes en los que han participado las unidades de transporte público en las últimas décadas? Quizá, para encontrar la respuesta, habría que mirar más allá y preguntarse si realmente merecemos que sucesivos gobiernos del estado de Jalisco y de los 125 municipios que lo conforman gasten y dilapiden el dinero en obras viales para privilegiar el uso del automóvil particular en vez de invertir en infraestructura y equipo para el transporte colectivo.

Tan sólo mirar las paradas de los autobuses es de dar vergüenza. Pero parecería que ese sentimiento no existe aquí. No sólo hay gente sin vergüenza, sino gente sin sensibilidad. ¿Por qué tantas personas deben esperar tanto tiempo y asumir tantos riesgos mientras esperan la siguiente unidad del transporte colectivo? Parecería que las paradas de autobuses en esta zona metropolitana están diseñadas para hacer pensar a cada uno de los usuarios que más les valdría gastar su dinero y su tiempo de trabajo en adquirir un automóvil particular para, al menos, disfrutar sentado de los embotellamientos que causan cerca de tres millones de automotores en esta metrópoli.

Es evidente a todas luces, e incluso a pesar de la oscuridad en que están sumidas muchas de las paradas de los autobuses, que la espera y el hecho de abordar y viajar en un autobús en esta metrópoli tiene un sentido penitencial: se trata de castigar a los habitantes de la ciudad por aspirar a moverse de un lado a otro de ella y por tener que trabajar o estudiar en algún punto distante de la urbe. Las paradas de autobuses son tan indignas y peligrosas en esta ciudad como lo son las superficies y las dimensiones de las banquetas. Pero eso no parecen entenderlo ni los funcionarios de la Universidad, que se mueven en potentes automóviles y camionetas de aire acondicionado y aisladas del ruido; ni los políticos de este estado, que se mueven como si el pueblo fuera algo tan lejano de su realidad que no vale la pena ni voltear a verlo: y peor si es éste un pueblo de estudiantes, de ancianos, de mujeres, de trabajadores y trabajadoras, de niños o de personas con discapacidad.

No sólo se corre el riesgo de ser atropellado, en cualquier momento, por un chofer de autobús, sino también por algún conductor de un automóvil particular que utiliza el vehículo como coraza y como burbuja aislante respecto a los peatones, los ciclistas, los usuarios del transporte público. Quienes compran y tripulan automóviles parecen expresar su deseo de NUNCA MÁS ser peatón o ser usuario de unidades del transporte público a las que debe esperar largos periodos a la intemperie en una serie de paradas de camiones sucias, peligrosas, expuestas, atestadas, incómodas, que se diseñan como un pegoste final que se adosa a centros comerciales, edificios públicos, parques o avenidas porque “no hay más remedio”. Estos proletarios, estudiantes, ancianos, amas de casa, profesionistas deberían, en la lógica de nuestras autoridades, mejor comprarse un automóvil y sumarse a las estadísticas de accidentes y aumentar la morbilidad y mortalidad de nuestras calles.

¿Por qué no nos hemos indignado por las paradas de autobuses que tenemos? ¿Por qué no hemos reaccionado ante los atropellamientos en esas paradas en casos anteriores sobre otras avenidas e incluso sobre la misma avenida en que ocurrió el percance del pasado viernes 7 de marzo? ¿Por qué en ellas todavía no contamos con alguna mínima idea de accesibilidad para usuarios en sillas de ruedas, niños, ancianos, embarazadas? ¿Proponen nuestras políticas públicas que esas personas mejor se queden en casa por no ser capaces de dar el brinco a los obstáculos que se les oponen a cada esquina, en cada tramo de banqueta, en el gesto de subir un escalón de un autobús que los llevará a toda velocidad a un destino incierto?

¿Merecemos las unidades de transporte que tenemos en esta metrópoli? ¿Deben ser sucias, incómodas, trastabillantes, peligrosas, caras, escasas? ¿Son las paradas de autobús de esta ciudad el mejor complemento para las carcachas contaminantes que transitan por rutas más diseñadas y que se convierten en incentivo para que la gente compre automóviles para ya no tener que volver a caminar, ni andar en bicicleta, ni esperar la muerte en una parada de autobús o a bordo de una inmensa lata de sardinas? ¿Promover la compra de automóviles es una estrategia para no arreglar las banquetas ni hacer diseños para una ciudad silenciosa, bien iluminada, que facilite la comunicación cara a cara?

Los “apatíos” hemos tardado demasiado en indignarnos por los servicios y la infraestructura urbana que padecemos en esta metrópoli.

Camión atropella a 20; una joven murió: http://www.milenio.com/policia/choque_en_prepa_10-ruta_368-muere_estudiante_en_choque-UdeG-Zapopan_0_258574216.html

Sueldos fijos: http://www.milenio.com/region/sueldo_fijo_a_choferes-ruta_368-choque_en_prepa_10_0_257974660.html
 

1 comentario:

Ma. Teresa Figueroa dijo...

¿Cuándo nos indignaremos ante tanta corrupción e impunidad?